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Valley of Love: Huppert y Depardieu en el Valle de la Muerte

Por | 21 de julio de 2016

Es complejo juzgar la trayectoria de Isabelle Huppert y Gérard Depardieu, dos de los actores más célebres y aclamados del cine francés. El trabajo actoral, que muchas veces se demerita en favor del director, es uno de los elementos cinematográficos de los que más se habla pero que se estudia poco. La actuación es una forma de creación. Durante la presentación de Valley of Love: Un lugar para decir adiós (Valley of Love, 2015) en el Festival de Cine de Morelia, Huppert, que atendió el encuentro, habló del trabajo actoral como una parte de un continente creativo. Los actores no sólo adquieren un halo de divinidad, también se ganan una reputación debido a la elección de sus proyectos. Es el caso de Depardieu y Huppert, que han hecho de sus carreras, iniciadas en los primeros años de la década de los setenta, una sucesión de roles en los que sería apropiado ahondar, no sólo por los directores con los que están asociados (Claude Chabrol, André Techiné, Marco Ferreri), sino por su resistencia y contribución a la reflexión del cine y de múltiples problemáticas. En 1980 la pareja protagonizó Lulú (Loulou, Maurice Pialat). Desde entonces no habían aparecido juntos. El francés Guillaume Nicloux, director de La religiosa (La religieuse, 2013), la nueva versión del filme de Jacques Rivette (1966), reunió a Isabelle y Gérard en Valley of Love, un drama con elementos sobrenaturales, o lyncheano, como fue descrito por la crítica internacional luego de su estreno en Cannes. En la película los actores parecen hacer de sí mismos. Dan vida a un par de intérpretes que estuvieron casados hace treinta años y que se reúnen en el Valle de la Muerte, California, a petición de su hijo, con un objetivo poco creíble que se señala en la carta que éste escribió antes de quitarse la vida, un par de meses atrás. Huppert interpreta a una mujer francesa malhumorada, racional y arrogante; la actriz juega con la percepción que el público tiene de ella. Por otro lado, Depardieu muestra su enorme figura, contraria a su imagen juvenil, de la que hace un par de divertidos comentarios, y revela una vulnerabilidad inusual que da cuenta del paso del tiempo. Isabelle y Gérard, nombres de los personajes y de sus intérpretes, muestran la complicidad de dos seres que, a pesar de haber cambiado, todavía se reconocen. El pasado es lo que los une en un escenario desértico, indiferente ante la transformación física y el discurrir del tiempo. Cuando Huppert es visitada por una extraña presencia, que podría ser un mal sueño, devela sus temores. Es un cambio de registro notable que, a lo largo de la película, fluctúa en situaciones cómicas y en otras que parecen mezclar a los personajes con los actores. Después de todo, la francesa interpreta personas y no personajes, que son parte de ella en la medida de que es ella quien reúne las partes que las componen, como dijo a la revista La Tempestad. ¿Qué es lo que ambos encontrarán en el lugar y la hora señalada en la carta? Valley of Love es un filme menor en la larga trayectoria de Gérard e Isabelle. El guión de Nicloux parece justificarse con la presencia de sus actores, sin abundar demasiado en el hecho de la pérdida del hijo o de una verdadera redención de los padres. No hay una justificación que valide la presencia del vástago después de su muerte, aunque, por otro lado, parece que no se trata de un hoyo en el guión sino de un acto deliberado. ¿Es posible que una película se apoye tan fervientemente en la capacidad de sus intérpretes? El desánimo de la crítica, que reprochó el resultado de la reunión de Huppert y Depardieu en el filme, se compensa con el retrato de dos franceses en Estados Unidos: la escena en la que una pareja en el bar del hotel que los alberga les interroga por su trabajo actoral («¿Quién es más famoso en Francia?», les preguntan, a lo que una aburrida Huppert responde un helado y cómico «No sé») y les comparte su admiración por Al Pacino y Meryl Streep. Los íconos franceses permanecen estoicos, aunque los desconocidos les profesen gran interés. «Me gustaría que leyeras algo que podría ser una muy buena película», le proponen a Gérard; «No soy productor», responde desanimado. El filme de Nicloux resulta interesante en la medida en que muestra, esconde e intercambia la máscara y el rostro de los personajes y las personas, respectivamente, validando el trabajo actoral que, por otro lado, no se basa en la nostalgia del pasado y sí en arsenal interpretativo de Huppert y Depardieu.


Carlos Rodríguez es reportero cultural. Colabora en La Tempestad y Picnic.