Fuego interior: ¿El sueño de Herzog?

Fuego interior: ¿El sueño de Herzog?

Por | 19 de marzo de 2024

«Katia y Maurice Krafft estaban haciendo una gran película sobre la creación del mundo, pero no tuvieron tiempo para editarla», dice la ya emblemática narración en off de Werner Herzog en algún punto de Fuego interior: Réquiem para Katia y Maurice Krafft, el documental más reciente del prolífico cineasta alemán, director de obras tan primordiales para la historia del cine de los últimos 50 años como Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes, 1972) y Fitzcarraldo (1982). Y no es, por cierto, la primera vez que Herzog (Múnich, 1942) muestra su fascinación por la pareja de vulcanólogos franceses. En Into the Inferno (2016), otra película sobre volcanes dirigida por él, la historia de Katia y Maurice es mencionada, y algunas de las imágenes tomadas por los Krafft en sus expediciones vulcanológicas son integradas al metraje de una cinta espiritual y marcada por digresiones filosóficas.

Probablemente no haya sido sólo una coincidencia que seis años después del lanzamiento por Netflix en la primera producción de Herzog estrenada por completo en streaming de Into the Inferno la documentalista estadounidense Sara Dosa pusiera en circulación su película Fire of Love (2022), otro documental centrado en Katia y Maurice Krafft, en donde el estilo narrativo y hasta el irónico humor del cine del realizador alemán son una influencia innegable. Una exitosa corrida por festivales internacionales, la participación (y “prestigio”) de National Geographic en la producción, la distribución de Disney a nivel global y hasta una nominación al Óscar a mejor documental en 2023 ayudaron a colocar a Fire of Love como uno de los documentales más queridos por el público en los últimos años no exagero−. Pero su éxito proviene, sobre todo, del hábil tratamiento temático con el que Dosa enmarca la vida y el trabajo de los Krafft. La deslumbrante edición de los muuuy impresionantes materiales de archivo recabados por Katia y Maurice durante más de veinte años de expediciones a los confines (literalmente) más calientes de la Tierra son hilvanados en torno a un eje narrativo conmovedor −aunque tal vez un poco efectista−: la historia de amor (love) de la pareja de vulcanólogos y su pasión inextinguible por cuerpos volcánicos convertidos en colosales bombas de tiempo (fire).

Mientras Fire of Love se centra en y da forma a la historia de amor de los Krafft a partir de un extraordinario tratamiento pop −por momentos visualmente emparentado con el cine de Wes Anderson− del material de archivo recabado por la pareja de científicos progresivamente devenidos en documentalistas, la respuesta de Werner Herzog con su propio documental dedicado a Katia y Maurice, lanzado casi al mismo tiempo pero sin el mismo alcance mediáticoy que utiliza mucho del mismo metraje que la película de Dosa, no es menos formidable. 

El encantamiento de Herzog con los fenómenos volcánicos no es algo nuevo. A Into the Inferno, su anterior película casi enteramente dedicada a los volcanes, le precede una pequeña y poco conocida pieza en su extensa filmografía: La Soufrière (1977), un mediometraje documental que registró la aventura casi suicida del director alemán y el pequeño crew que lo acompañó a adentrarse en la isla Guadalupe, un territorio francés de las Antillas, ante la inminente erupción del volcán La Soufrière en 1976. Cuando Herzog, que en esa época vivía en Múnich, leyó un artículo sobre la evacuación general de la isla y la negativa de un puñado de personas por salir pese a la inevitable catástrofe, inmediatamente decidió arriesgar su propia vida e ir a entrevistarlos junto a sus amigos cinefotógrafos Ed Lachman y Jörg Schmidt-Reitwein. Entre los densos gases volcánicos y los animales abandonados a su suerte en las calles de Guadalupe, el resultado fue una película fantasmagórica que coquetea constantemente con el vértigo de la muerte, un ejemplo radical del cine que Herzog seguiría practicando a lo largo de las décadas, y que aún hoy, a sus más de 80 años de edad, continúa haciendo de alguna manera. 

Es quizá en la experiencia de La Soufrière donde podemos encontrar el núcleo de la fascinación de Werner Herzog por las figuras de Katia y Maurice Krafft. Carismáticos vulcanólogos y posteriorme cineastas, los Krafft no sólo estudiaron y registraron la actividad de algunos de los volcanes más peligrosos del planeta a lo largo de tres décadas diferentes, sino que fueron capaces de capturar la majestuosa belleza de su destrucción/creación a través de registros audiovisuales tan hermosos como poco convencionales: ríos de lava que corren por campos humentes e incandescentes; nubes piroclásticas que crean noches artificiales; capas de ceniza que calcan los objetos sobre los que caen. Y en medio de todo, ellos: Katia, tierna y sonriente avanzando sobre pantanos de arena; y Maurice, osado y bonachón, sentado frente a un abismo de lava que borbotea desde el caldero subterráneo del mundo. Ambos son, de facto, personajes herzogianos.

Los dos títulos son bastante explícitos en la descripción de cada película: Fire of Love es una especie de filme de aventuras cuyo centro gravitacional es la tierna y sin duda idealizada historia de amor de los Krafft. Fuego interior: Réquiem para Katia y Maurice Krafft (The Fire Within: A Requiem for Katia and Maurice Krafft, 2022), en cambio, es algo más parecido a una liturgia post mortem; un recorrido misterioso por la vida de la pareja y su transformación a lo largo de los años, del turismo estudiantil de los 60 y el entusiasmo naïf de principio de los 70 a la experimentación cinematográfica y hasta performativa de los años posteriores. En la película de Herzog las atmósferas de hipnóticos paisajes volcánicos sumados a la música de coros y cuerdas del compositor Ernst Reijseger (Bussum, Países Bajos, 1954) puede conducir al trance, pero como bien muestran muchos de sus documentales −el “género” en el que el director alemán ha encontrado su mayor plasticidad narrativa−, las tramas herzogianas nunca conforman sólo un viaje trascendental o filosófico; están plagadas de humor, ternura y una curiosidad infinita por sus personajes. No hay ningún spoiler aquí: es conocido el hecho de que Katia y Maurice Krafft murieron en 1991, bajo un alud de material piroclástico arrojado por la violenta erupción del volcán monte Unzen en la isla japonesa de Kyūshū. Su muerte no es nada más que el interruptor que pone en marcha una película que va mucho más allá de la “tragedia”. Fuego interior es un estudio sobre la pasión humana, la fascinación por lo desconocido y la infinita belleza de una creación destructora. ¿El sueño de Herzog?

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Gustavo E. Ramírez Carrasco es uno de los editores de Icónica y coordina el área de publicaciones de la Cineteca Nacional. @gustavorami_