El efecto de plano secuencia en la publi

El efecto de plano secuencia en la publicidad

Por | 23 Noviembre 2015

 

En los productos audiovisuales narrativos, la imagen engloba una gama de elementos que sólo son delimitados por el encuadre. El realizador elige aquellos signos que quiere mostrar al espectador y los prioriza en función de la dinámica interna del cuadro. Después, a través del montaje, estos fragmentos de relato son orquestados y enlazados para dar la impresión de continuidad. Existe entonces la libertad de ordenar el proceso de producción de la manera que cada realizador prefiera sin afectar el resultado final, las decisiones durante el rodaje son, en cierta medida, manipulables en la sala de edición. Es por esto que el plano secuencia resulta un recurso impactante para las audiencias: representa una hazaña técnica que exige la coordinación precisa de un equipo de actores y de técnicos.

El plano secuencia está más cerca de la mirada natural del ser humano que un montaje construido a partir de planos y puntos de vista distintos. Si bien nuestro campo visual está delimitado por el alcance de nuestros ojos, percibimos la realidad de forma continua. La otra faceta de la fascinación del plano secuencia tiene que ver justamente con esto: al desdibujar la figura del montaje, la representación que vemos en pantalla se siente, de cierta forma, más cercana a la impresión de realidad. Nos queda claro que la duración de la acción completa coincide con la duración de nuestra experiencia de percepción. El traslado del punto de vista no se orquesta aparatosamente, sucede de forma orgánica.

El equilibrio entre este recurso como logro técnico y su finalidad en la experiencia del espectador detona una problemática sobre la cual valdría la pena reflexionar: si se toman en cuenta todos los atajos y ventajas tecnológicos de los que los realizadores disponen actualmente, la discusión rebasa el tema del plano secuencia para abarcar también la ilusión –el efecto– del plano secuencia. A partir de lo anterior analizamos tres anuncios publicitarios que explotan este recurso de maneras distintas:

 

Air France (Daniel Askill, 2006)

El espacio recorrido por medio del plano secuencia se construye con animación digital. El espacio que se plantea es inusualmente paradisiaco, está apartado del resto del mundo: la alberca en la que ella se sumerge está en una pequeña construcción sobre una montaña que, a su vez, está en medio de un cuerpo de agua al que no le vemos fin. Los dos personajes están visiblemente relajados –llegando a la cumbre de su relajación al momento de sentarse en los asientos de avión descontextualizados–: se trata de una especie de paréntesis en la realidad. La intención del realizador jamás es engañar al espectador para que tome el plano secuencia –o los elementos visuales– como algo real. Al contrario, se enfatiza el carácter ilusorio mientras el eslogan ancla el discurso:

«Faire du ciel le plus bel endroit de la terre»

(«Haz del cielo el lugar más bello de la tierra»)

Philips Cinema 21:9 – Carousel (Adam Berg, 2009)

Este anuncio formó parte de la campaña de Philips para promocionar su primera generación de televisores LCD con las proporciones de una pantalla de cine. La ilusión de continuidad exige un enfoque distinto: la realización puede ser considerada –paradójicamente– abismalmente lejana a la dinámica de un plano secuencia tradicional. El objetivo era recorrer un escenario con diversas acciones simultáneas detonadas por el primer cuadro –para regresar a éste al final. Vemos a los personajes interactuando y sus efectos en los objetos en cámara lenta: billetes en el aire, disparos y vidrios rompiéndose, por ejemplo. La hazaña técnica en cuanto a la organización del equipo se fue al extremo opuesto: para lograr la ilusión de continuidad ralentizada, los recursos de producción debieron multiplicarse. La hazaña técnica está enfocada en la impresión que se esperaba crear en la audiencia: el comercial no vende la experiencia del espectador de cine promedio, lo sumerge en aquello que normalmente ve desde la distancia dándole la oportunidad de detenerse a registrar las distintas acciones y sorprenderse en el proceso.

 

American Express (Wes Anderson, 2010)

Este comercial utiliza un plano secuencia tradicional para voltear a ver los elementos que conforman el cine como aparato. Inicialmente vemos a dos de los actores con los que el director suele colaborar (Waris Ahluwalia y Jason Schwartzman) recreando una escena que, como posteriormente lo descubriremos, forma parte del rodaje de un filme. Este plano secuencia emplea la ilusión de continuidad para convertir al espectador en un testigo de, justamente, todo lo contrario: aparecen varios personajes efectuando las acciones simultáneas que se llevan a cabo en un set mientras el cineasta habla sobre el quehacer cinematográfico. El anuncio se convierte entonces en una especie de juego de espejos: Wes Anderson dirige un comercial –con el mismo estilo que manifiesta en su películas– en el que él mismo aparece señalando todo lo que sucede detrás de la cámara –y que está sucediendo detrás del mecanismo ilusorio que nos entrega estas imágenes continuas. En este caso, el gran logro consiste en que el aparato se pone a sí mismo en evidencia mientras, paradójicamente, se desdibuja a través del plano secuencia.