10 filmes fundamentales de Federico Fell

10 filmes fundamentales de Federico Fellini

Por | 18 de julio de 2016

Nacido el 20 de enero de 1920 en Rímini, Italia, inició su carrera como caricaturista y periodista. Formó parte del Neorrealismo italiano que, en palabras de Giuseppe de Santis, buscaba crear filmes realistas, populares y, principalmente, de corte nacionalista. Federico Fellini fue guionista de Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, Roberto Rossellini, 1945), una de las cintas más emblemáticas de dicho movimiento. Inició su trayectoria como director con Luces de variedades (Luci del varietà, 1950), en coproducción con Alberto Lattuada. Desde entonces, su cine retrató las costumbres de la sociedad italiana, así como sus carencias y tentaciones. La estructura narrativa y la construcción de personajes son sólo algunas de las cualidades que le otorgaron el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia por Los inútiles (I vitelloni, 1953) y cinco premios Óscar. Murió el 31 de octubre de 1993 en Roma, el escenario de sus mejores historias.

 

Los inútiles (I vitelloni, 1953)

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Una historia de juventud, ocio e incertidumbre. La cinta, que fue grabada en la ciudad natal del autor, cuenta la historia de cinco amigos que disfrutan una vida sin compromisos ni responsabilidades. Su posición económica les permite vagar por las calles y perderse en vicios mundanos. Sin embargo, su actitud desprendida y despreocupada es sólo una máscara que oculta sus conflictos internos. Este primer acercamiento a la juventud burguesa de Italia le otorgó a Fellini el reconocimiento internacional.

 

La calle (La strada, 1954)

La strada

Una de las principales características del Neorrealismo es la construcción de escenarios donde el pueblo es uno de los protagonistas. Y La calle lo retrata magníficamente. Gelsomina (Giulietta Masina) debe sacrificarse para salvar a su familia de la pobreza, por lo que es vendida a Zampanò (Anthony Quinn), un vagabundo que mantiene sus vicios presentando actos circenses baratos. La relación entre ambos personajes se torna destructiva. En esta cinta, Fellini retrata las dificultades que enfrentan los sectores más marginados de Italia, como los artistas callejeros o los gitanos.

 

La dulce vida (La dolce vita, 1960)

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Este clásico de la historia del cine es una exhibición del beau monde del espectáculo, el escándalo, la aristocracia y la riqueza. A partir de la mirada del periodista Marcello Rubini (Marcello Mastroianni), Fellini muestra distintos episodios donde el lujo de una vida privilegiada desemboca en relaciones amorosas banales, placeres carnales efímeros y amistades hipócritas. La dulce vida posee algunas de las escenas más significativas de la obra del cineasta. Y fue la cinta de donde se tomó el término paparazzi para designar a los fotógrafos de sociales obsesionados con retratar la superficialidad de la vida pública. Un hito en la carrera cinematográfica de Fellini que influyó en buena medida a cineastas como David Lynch o Paul Thomas Anderson.

 

Ocho y medio ( , 1963)

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Este filme podría entenderse como un relato autobiográfico donde Fellini expone la etapa más compleja de su vida. Guido Anselmi (Marcello Mastroianni) es un director de cine que atraviesa conflictos existenciales mientras se prepara para la filmación de su próxima película. La cinta comienza con un sueño donde el protagonista golpea desesperadamente la puerta de su auto en búsqueda de oxígeno. A partir de ese instante, vive una época asfixiante llena de compromisos, aventuras y expectativas que debe cumplir. Se ha comentado que el título hace referencia a su trayectoria, la cual, para ese entonces, contaba con siete largometrajes y un par de relatos cortos. Sin duda, uno de los filmes más representativos del cineasta italiano.

 

Julieta de los espíritus (Giulietta degli spiriti, 1965)

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Julieta es una señora adinerada que debe luchar contra sus propios demonios para iniciar una nueva vida. Al mismo tiempo, una sesión de espiritismo tiene lugar en una fiesta de aniversario improvisada en su mansión de Fregene. ¿Quiénes son los espíritus más tormentosos: sus amigos, su esposo Giorgio (Mario Pisu), su soledad o el mundo sobrenatural? Los sueños, la fantasía y el psicoanálisis ponen en duda la estabilidad mental de una mujer que percibe apariciones pero también las hipocresías de su estilo de vida. Giulietta Masina, esposa y musa de Fellini, es la protagonista de esta cinta que, a través se una narrativa sorprendente, refleja la gran madurez estética del cineasta.

 

Satiricón (Fellini Satyricon, 1970)

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Esta adaptación libre de la novela homónima clásica de Petronio, situada en el siglo I, retrata la decadencia del Imperio romano a manos del emperador Nerón. Dos estudiantes –Encolpio (Martin Potter) y Ascilto (Hiram Keller)– pelean por el amor del joven Gitón (Max Born). La cinta registra los escenarios de una Roma atormentada por la gula, la lujuria, la  pereza y otros pecados capitales. Un retrato complejo de las tradiciones de los primeros pobladores de la región italiana que, además, cuestiona la relación de la Italia del siglo XX con su pasado.

 

Roma (1972)

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Roma es un compilado de distintos episodios donde la ciudad italiana es protagonista de un sinfín de acontecimientos históricos que determinan el presente de Italia. Ubicada entre 1939 y 1972 –época turbulenta por el régimen fascista, los conflictos políticos y la Segunda Guerra Mundial– esta cinta refleja el desequilibrio de esos tiempos a través de una estructura narrativa inestable y un ritmo de montaje vertiginoso. Un filme ágil que muestra una realidad contradictoria en la cual el futuro se torna incierto.

 

Amarcord (1974)

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Rímini es aquí el personaje principal de las ensoñaciones fellinianas. Titta (Bruno Zanin) es un adolescente confundido que habita un pequeño poblado plagado de personajes excéntricos, como Volpina la ninfómana, Giudizio el desequilibrado, un músico ciego, sujetos fanfarrones y familias disfuncionales. La cinta está ambientada en los años 30, cuando el fascismo en Italia había alcanzado su punto más álgido. Las discusiones, los debates y las peleas entre los personajes pueden interpretarse como una alegoría de los conflictos bélicos. Este retorno al pasado le otorgó a Fellini el Óscar por mejor película de habla no inglesa en 1974.

 

Casanova (Il Casanova, 1976)

Casanova

Ambientada en Venecia, Casanova está basada en el relato autobiográfico de Giacomo Casanova (interpretado por Donald Sutherland), famoso intelectual y aventurero del siglo XVIII que dedicó su vida a cortejar mujeres de cualquier estrato social. Cuando descubre que puede sacar provecho de ellas, sus conquistas se convierten en una puesta en escena espectacular. No obstante, su encanto se deteriora con los años y su soledad es cada vez más abrumadora. Una película que sustenta su éxito no sólo en la construcción arquetípica de un seductor, sino en la ambientación y el diseño de vestuario que reflejan las obsesiones de Fellini por los detalles.

 

Y la nave va (E la nave va, 1984)

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En 1914, un homenaje luctuoso a la cantante de ópera, Edmea Tetua, se convierte en una travesía surrealista. Admiradores, cantantes, críticos y burgueses reunidos en un transatlántico para arrojar al mar las cenizas de la artista se ven sorprendidos por una serie de sucesos extraños como el rescate de náufragos serbios, la presencia de un rinoceronte y el ataque de un acorazado austrohúngaro. La historia es un retrato sombrío de la burguesía italiana luego de la Primera Guerra Mundial. Una cinta experimental, arriesgada y sumamente estimulante para el espectador.