La academia de las musas

La academia de las musas

Por | 8 de junio de 2017

¿Qué es el deseo?, ¿de dónde surge? Para el profesor de filología Raffaele Pinto el deseo es una construcción intelectual, una afirmación de su libertad, a la que nunca renunciaría. En La academia de las musas, el español José Luis Guerín filma el trabajo, el lenguaje y el deseo de Pinto, a través del estilo documental que, poco a poco, afirma que el universo íntimo es tan vasto que es imposible registrarlo sin aludir a la imaginación, a la dramatización y el desvío.

Pinto imparte un curso de literatura en el que se analizan las musas en La Divina Comedia, de Dante Alighieri. La clase es atendida en su mayoría por mujeres. Guerín (Barcelona, 1960) registra las lecciones, en las que el profesor prefiere utilizar el italiano, su lengua materna, para hacer preguntas y dar respuestas sobre el amor, la poesía, las mujeres, etc. El profesor plantea la posibilidad de mejorar el mundo a través del arte y el conocimiento, un proyecto en el que varias de sus alumnas, seducidas intelectualmente por él, creen.

La película da un salto cuando aparece una mujer visiblemente mayor que las alumnas. Su nombre es Rosa Delor. Siempre la vemos a través de un cristal, en el que se reflejan imágenes del exterior, mientras platica con Pinto, su esposo. Su tono es muy distinto al de las otras mujeres, las musas del profesor. Habla acerca de la condena femenina en la literatura, a la que considera un producto patriarcal. Se expresa con disgusto sobre cómo las mujeres en los libros son constructos siempre condenados por los hombres.

La academia de las musas (2015) dialoga con Viaje a Italia (Viaggio in Italia1953), de Roberto Rossellini, filme en el que una pareja realiza una visita a Nápoles que agudiza su discordancia, sus reproches recíprocos e infelicidad. En ambos filmes el arte está de fondo como un testigo de esta falta de armonía, cuyas obras son un registro de las diferencias y contrariedades, que se impone conforme avanza la historia.

Como los protagonistas de Rossellini, que anticipó la angustia existencial de la obra de Michelangelo Antonioni, Pinto realiza viajes a Italia con sus musas que, hay que mencionar, no son musas en su concepto –para él las musas son las mujeres que no se dejan desear sino que desean, no son las que se dejan besar sino las que besan. Mireia, una joven decepcionada de un amorío a través de la web (eco antoniniano sobre la incomunicación y la ansiedad), se enamora de su profesor, con quien hace un recorrido por Nápoles. Pronto la cámara, que parece un espía gustoso, la descubre con la espalda desnuda, mientras le habla a Pinto, quien le confiesa, ante un cuestionamiento de la joven, que no está escribiendo para ella sino inspirándose en ella, una diferencia sustancial con respecto a la idea coloquial de una musa. Emanuela, otra de las alumnas, también viaja a la campiña italiana, donde se enamora de un pastor, hecho que hiere la vanidad de Pinto.

Guerín muestra cómo el trabajo, el lenguaje y el deseo son una amalgama en la vida de Pinto. Los tres elementos, indisociables para él, son una forma de afirmar su libertad como hombre. Considera que los celos son propios de un animal, una afirmación del terreno y la propiedad. Su esposa no está de acuerdo. El director catalán reflexiona sobre cómo el registro documental, la realidad, está teñido de dramas, dudas, contradicciones y reclamos. Lleva al espectador por un recorrido, que no evita mostrar la precariedad de la filmación, dotando a la película de una forma fragmentaria, oponiéndose a la idea de la unidad cerrada y perfecta, por las vidas de unos personajes (reales) cuya humanidad (problemática) se revela poco a poco.

La secuencia del enfrentamiento entre Mireia y Rosa sirve de colofón. La envidia, los celos, la juventud y la experiencia adquieren una intensidad muy grande, documentada y ficcionada a la vez, en el encuentro entre ambas mujeres, donde los reclamos toman un lugar preponderante, que apoyan la tesis de Guerín de que hay múltiples versiones del deseo, una de ellas, la masculina, es la que ha permeado todo el pensamiento occidental, no siempre con buenos resultados.


Carlos Rodríguez es reportero cultural. Colabora en La Tempestad e Icónica. Contribuyó a la investigación del FICUNAM 2017. Actualmente trabaja en un proyecto que revisa la obra de Claude Chabrol, cuyo sitio web es https://claude-chabrol.com.