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Por A.J. | 1 de enero de 2013
Sección: Crítica
Temas: Cine chilenoNoPablo Larraín
Antes de comenzar quiero decir que ver esta película fue como dos golpes en la memoria. Uno, a la memoria histórica, así, con “h” minúscula. Otro, a la memoria reciente. Aquella que has visto tocado y olido. En 1988 Chile tiene un plebiscito donde hay dos campañas, una apoyando la continuación de la dictadura pinochetista, la del “SÍ”; y la de la oposición, la del “NO”.
Pablo Larraín (Santiago, 1976) expone en su cuarto largometraje, cómo el problema de la contracampaña radica en la manera de exponer el mensaje a la población: la idea tiene que llevar un contenido político, con fuerza e impacto, y al mismo tiempo que pueda ser abrazado por diferentes clases sociales. Además, se tiene que luchar contra la manipulación que tiene el Estado dentro de los medios de comunicación, quienes actúan como «sistema de transmisión de mensajes y símbolos [cuya] función es divertir, entretener e informar… inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento» (Chomsky).
En México hemos tenido ejemplos de manejo de conducta y valores. En el 2006, en la campaña lanzada contra el PRD, la que tuvo como objetivo atemorizar y guiar los votos hacia otro partido. Seis años después, lo revivimos en la propaganda del candidato Peña Nieto, esta vez con un discurso diferente: creando una imagen fresca y familiar. De esta forma se tienen una asociación de él ya como presidente y no sólo como candidato. De la misma manera, en Chile actuaron los medios para tener una “buena” imagen de Pinochet. Chomsky dice que la publicidad es la fuente principal de «ingresos de los medios y de la dependencia de dichos medios hacia el gobierno, las empresas y los expertos». Dependencia vista en nuestros ejemplos nacionales (1988, 2006 y 2012).
Luchar contra de esto parece utópico, ya que no sólo es una lucha contra los medios, sino contra una red de complicidades del poder capital. De qué forma emprender una lucha que comienza desde adentro. ¿Cómo pegarle a un poder amorfo y mutable? ¿Cuál es el camino que encuentra la oposición ante un Estado fascista, si ya sabemos que Pinochet fue derrotado en ese plebiscito?
Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 3, invierno 2012-13, p. 71), y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.
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