Una película de amor y guerra
Por Israel Ruiz ArreolaWachito | 8 de octubre de 2025
Sección: Crítica
Temas: Cine mexicanoSantiago Mohar VolkowUna película de amor y guerra
«La Historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa». Una película de amor y guerra se toma al pie de la letra, y hasta parece que en forma de reto, el famoso dicho marxista para convertir varios pedazos de la Historia de México en una alucinante y desmesurada farsa que mezcla sin pudor épocas, folklor, clichés, postales, referencias historiográficas y arquetipos sociológicos del país que comparten Edmundo O’Gorman y Los Bukis. Inspirada en las figuras de los emperadores Maximiliano y Carlota de Habsburgo, la película extrapola su experiencia a un escenario contemporáneo que poco a poco se irá retorciendo en los pasillos de un laberinto cada vez más surrealista. El espíritu del aristócrata austriaco revive en Pepe Sánchez Campo, un arquitecto corrupto, patriotero y Acapulco lover, que planea construir un ambicioso desarrollo inmobiliario llamado Mictlán. Desafortunadamente para este mirrey de barba recortada, sus planes serán detenidos por un movimiento armado campesino que lo secuestra después de que su despedida de soltero se saliera trágicamente de control.
Si bien el director mexicano Santiago Mohar Volkow ya había coqueteado con la comedia del absurdo en su anterior película, Buen salvaje (2023), aquí pisa hasta el fondo el acelerador para darse de frente, varias veces, con una obra que se regodea implacablemente en su excentricidad. Una película de amor y guerra (2024) es una caricatura política, una larga y exagerada broma de sincretismo histórico que lo mismo se burla de la aristocracia mexicana del siglo XIX aún incrustada en el presente, que del moderno chairo con sueños revolucionarios de manual. Se trata de una ficción de ficciones –como lo es la historia misma de cada país–, una fiebre de mexicanidad causada, entre otras cosas, por una borrachera de mitología prehispánica adulterada, con citas a pie de página de Fernando del Paso, Nezahualcóyotl, José Gorostiza y Robert Bresson, entre otros. Mohar Volkow (Ciudad de México, 1990) comete alta traición y dirige una película de Luis Estrada en ácido; monta una puesta en escena de Roy Andersson con personajes de Jesús Helguera si en vez de pintor fuera monero de La Jornada. Efemérides de ceremonia cívica sirven para expresar los sentimientos (de la nación) de los personajes; el sistema de castas de la Nueva España es el pretexto para un pequeño chiste dentro de un flash back y la aparición de un xoloitzcuintle parlante termina por llevar la película a un paroxismo pintado de verde, blanco y rojo, cual logo del PRI tatuado para siempre en un muro mexicano cualquiera.
Una película de amor y guerra causa empacho y agruras: es salsa de la que sí pica sobre un taco de sopa Maruchan adentro de un bolillo. Es una monografía de papelería económica sin fines pedagógicos, que nos quiere perder en esa delirante farsa llamada historia mexicana, construida a base de mitos y fábulas, mentiras y algunas verdades, héroes y villanos, güeros y morenos, tragedias y glorias, risas y llantos. Estridente, visceral y socarrona, es una patriótica mentada de madre a nuestro nacionalismo disfrazada de un atronador “¡Viva México!”
Israel Ruiz Arreola, Wachito, es uno de los editores de Icónica y forma parte del equipo editorial de la Cineteca Nacional desempeñándose como investigador especializado. También es locutor del programa radiofónico Viajeros del celuloide, que se transmite por Horizonte Jazz 107.5 fm. @wachitoruiz