La demora

La demora

Por | 1 de julio de 2013

Sección: Crítica

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Desde la producción la película es franco-mexicana-uruguaya, pero es en su contexto sólo uruguaya, o más exactamente, montevideana. Es esta ciudad la que acoge el relato que da como resultado una cinta entrañable. Montevideo y ciertos barrios de clase popular aparecen inmersos bajo un frío muy especial; sus personajes de rostros ajados también son especiales.

Imposible filmar La demora (2012) en la ciudad de México, los resultados hubieran sido otros, el espacio de la intimidad está sobrepoblado, el abandono tiene otra representación, hay demasiado tráfico, los sentimientos de los defeños han sido conformados por la TV mexicana, es como si se esperara las cámaras para representar el melodrama.

Rodrigo Plá (Montevideo, 1968), el director, y su guionista de cabecera, Laura Santullo (Montevideo, 1970), nos cuentan los agobios de la humanidad a partir de una particularidad doméstica, con sus problemas económicos, la vejez y sus males, con su deterioro físico y mental, la asistencia social limitada, el trabajo honrado y exhausto, pero sobre todo la falta de tiempo para externar los sentimientos.

Acertaron al filmar en Uruguay su tercer largometraje. Sus anteriores cintas mexicanas, La zona (2007) y Desierto adentro (2008), con formidables puestas en escena, equivocaban el tono. Con La demora lo han encontrado, o mejor dicho, lo han creado. La zona se indefinía porque un thriller no puede ser coral; Desierto adentro se diluía al aislar demasiado contextualmente a la familia de un padre fanático religioso.

Plá y Santullo han demorado un poco en hacer su mejor película, se han servido para ello de los cuerpos y las voces de Carlos Vallarino (actor novel) y Roxana Blanco (actriz experimentada). En esa relación de padre e hija del argumento, los espectadores no podemos hacer más que imaginar ofrecer un té, una frazada, una llamada telefónica de solicitud de apoyo, una breve compañía, tal como hacen los personajes incidentales.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 5, verano 2013, p. 54), y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Raúl Miranda dirige el Centro de Documentación de la Cineteca Nacional.