Lazos perversos

Lazos perversos

Por | 1 de julio de 2013

Tomar una historia que no es exactamente una revelación –bien se pudo haber contado con un par de flashbacks–, usando un reparto con actores del momento y haciendo alardes de producción, hubiera sido fácil, pero si algo se distingue en el cine de Park Chan-wook es que nada es tan sencillo como parece. Todo lo que rodea a la película es una conjunción de partes acopladas de buena manera: la producción que corre a cargo de la compañía Scott Free –productora creada por los hermanos Ridley y, el ahora occiso, Tony Scott–, un guión escrito por Wentworth Miller (Chipping North, Reino Unido, 1972; mejor conocido como Michael Scofield, personaje de Prison Break [Fox, 2005-09/2017]) y un buen reparto hacen de esta cinta algo interesante. Pero lo más destacable, lo verdaderamente destacable, es la concepción tan particular, la ejecución impecable y la congruencia visual indiscutible que Park (Seúl, 1963) le impregna a todos sus trabajos cinematográficos.

La historia versa sobre el intrínseco sentido de maldad que habita dentro de todos nosotros, pero que en el caso de los Stoker se eleva exponencialmente en dos miembros de la familia. Una de ellas es India (Mia Wasikowska), joven pálida que se sabe ajena a las inquietudes y preocupaciones propias de su edad y en cuyo interior se encuentra implantada una semilla que pronto germinará en una bella pero letal “flor”. El otro miembro de la familia es el desaparecido tío Charlie (Matthew Goode) que desde muy joven descubrió su afinidad por lastimar a los demás, comenzando por sus allegados.

Sin duda los elementos que Park ha venido afinando película tras película están presentes: los acertijos que nos va dando a manera de memorama conforme avanza la cinta para que uno mismo arme la película, los regalos (con caja y listón) que regularmente guardan más secretos, los objetos fetiche (que en este caso son unos zapatos que pronto madurarán, al igual que el personaje de India –a su manera– en unas zapatillas), unas tijeras e insectos caseros (arañas y hormigas)…

Las transiciones al pasado (del cabello al pastizal) y al futuro (caminando por la carretera) apoyadas por un buen manejo de los efectos especiales, la música sin la que sería imposible la erótica escena del piano donde participan India y su tío o el dolly-in en donde India se sienta para revisar su pie en una especie de efecto reflejo (frente a ella hay una estatua de una joven que justamente lleva a cabo la misma acción duplicando circunstancialmente a India en un cuadro verde azul en donde ella resalta por el blanco de su vestimenta) se le agradecen enormemente al director, pero también a su compañero Chung Chung-hoon (Seúl, 1970), director de fotografía que lo ha acompañado en otros emblemáticos trabajos como Cinco días para vengarse (Oldboy, 2003), Señora venganza (Chinjeolhan geumjassi, 2005) y Sed (Bakjwi, 2009).

Es verdad que la película no se escapa de clichés estadounidenses, pero es entendible por razones obvias: la historia del psicópata americano en principio es un cliché. Por otra parte, es probable que para algunos, en la superficie, Lazos perversos (Stoker, 2013) parezca la película vendida del director, aunque en realidad los problemas aparentes tengan que ver más con una cuestión cultural (el estilo dramatúrgico no es comparable con la dramaturgia asiática) y el hecho de que esté hablada en un idioma ajeno por completo al realizador (a pesar de esto podemos apreciar la comodidad de Park dirigiendo a Mia Wasikowska y Matthew Goode). Lo único verdaderamente lamentable es la indiferencia mediática con la que se exhibió la película. Tal vez, le tocará su momento en alguna retrospectiva o en la intimidad del hogar.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 5, verano 2013, p. 52), y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Jorge Antonio Gutiérrez Flores es el coordinador de eventos especiales y tráfico de películas de la Cineteca Nacional.