Medianoche en París

Medianoche en París

Por | 1 de mayo de 2012

Sección: Crítica

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Hay una trama: Gil (Owen Wilson) y su prometida Inez (Rachel McAdams) llegan a París para acompañar a los papás de ella en un viaje de negocios. Gil es guionista de cine en Hollywood, pero está a punto de terminar su primera novela y piensa en mudarse a la capital francesa para dedicarse por completo a la literatura. También hay un elemento de carácter fantático: por las noches el personaje principal se traslada a los inicios del siglo XX y conoce a Gertrude Stein, Cole Porter, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, T.S. Eliot…

Se enamora y eventualmente pide opinión sobre su novela a los integrantes de la vanguardia parisina. A la receta cinematográfica podemos añadir una historia escondida: el presente es la suma del pasado. Un tiempo indeterminado y aparentemente carente de sentido. Por lo demás, el amor es un sentimiento complejo al que conviene apresar en la actualidady no en la nostalgia. Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011) ofrece excelentes actuaciones, un guión perfectamente estructurado y secuencias humorísticas extraordinarias (como aquella en la que el protagonista conoce a Man Ray, Luis Buñuel y Salvador Dalí; el mejor Woody Allen sigue siendo el de las ocurrencias).

Asimismo, expone la tensión que existe entre dos épocas respecto a la idealización de las relaciones amorosas burguesas. Mientras Gil procura conceptos vinculados con el pasado como la sobriedad, la paciencia y la moderación, su prometida prefiere la inmediatez, la celeridad y al arrebato que caracterizan los tiempos modernos. No obstante, un secreto devela la efectividad de Allen(Nueva York, 1935). Medianoche en París utiliza los mismos recursos que el director ha usado desde hace más de 30 años, la mayoría de ellos circunscritos a las intrigas que despiertan las relaciones amorosas. Digámoslo ya: las películas del autor estadounidense arriesgan poco en el plano formal. A tal grado que los guiones publicados de sus filmes brindan lo mismo que sus cintas. El trabajo más reciente del director es una pieza entretenida que, sin embargo, deja una sensación incómoda. Luego de Match Point (2005) —su relato más ambicioso de los últimos años— Allen ha realizado filmes amenos y agraciados, pero también repetitivos y complacientes.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 0, primavera 2012, p. 54) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Abel Cervantes es coeditor de La Tempestad. Además es profesor de Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México.