Jersey Boys: Persiguiendo la música
Por José Antonio Valdés Peña | 1 de octubre de 2014
Sección: Crítica
Temas: Clint EastwoodJersey BoysJersey Boys: Persiguiedo la música
Clint Eastwood aparece en una secuencia de su más reciente, Jersey Boys: Persiguiendo la música. Lo hace en la fugaz imagen que aparece en un televisor. Fue en sus años mozos, cuando participaba en un serial televisivo sobre el viejo oeste, Látigo (Rawhide, CBS, 1959-65). Gracias a ello, Eastwood (San Francisco, 1930) recibió el llamado por parte del cineasta italiano Sergio Leone para un primer spaghetti-western, Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964).
Cuento esta historia porque Jersey Boys es una oda a esa soñada oportunidad de oro que toca a la puerta una sola vez en la vida. Para Eastwood, fue Leone. Para los protagonistas del filme, Frankie Valli y sus camaradas de New Jersey, siempre a un paso de ser carne de presidio, el mundo del espectáculo se vuelve una válvula de escape para ser alguien. Pero, ¿hay posibilidad de escapar del entorno original, de escapar del destino manifiesto? Eastwood responde, cobijado en el desencanto y con hechos, que esto resulta imposible.
Con una mirada crítica a un mundo que conoce desde hace más de seis décadas, Eastwood presenta en Jersey Boys los entretelones más oscuros del oropel y la fama. No importa que te llames Frankie Valli y que tu grupo The Four Seasons arrase en el hit-parade. Eres quien eres y no hay forma de escapar de tu origen. La violencia termina por volver a la superestrella en rehén de sus propios prejuicios, de su machismo, de un código de lealtad aprendido en las calles y que ningún Grammy puede cambiar. Sólo queda perseguir sin descanso lo sublime sin alcanzarlo.
Jersey Boys es también el retrato de una nación que en los años cincuenta se encontraba tan triunfante como enfrascada en una Guerra Fría, que vivió y vive aún obsesionada con el éxito, cuyo rostro más artificioso queda siempre oculto como si se tratara de una fiera voraz esperando nuevas víctimas que caigan en la trampa. Y dentro de ella, la vida es siempre como un musical. Eastwood se asoma al vientre mismo de la bestia porque él mismo forma parte de ella; de ahí su aparición en la cinta. Sólo alguien con la capacidad autocrítica del cineasta puede retratar a un monstruo al cual, como dice el gran éxito de Frankie Vallie, no se le puede quitar los ojos de encima.
Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 10, otoño 2014, p. 46) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.
José Antonio Valdés Peña es subdirector de Información y vocero de la Cineteca Nacional. Conduce la sección “Miradas al cine” del noticiero matutino de Canal Once e imparte clases en el Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación.
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