Cómprame un revólver

Cómprame un revólver

Por | 23 de mayo de 2019

Un México sin tiempo, donde el narco se quedó con todo, donde las mujeres están en peligro de extinción y donde los niños “juegan” a sobrevivir. El escenario postapocalíptico que Julio Hernández Cordón concibe para Cómprame un revólver (2018) es desolador y, sin embargo, aún hay espacio para una inocencia que termina por otorgarle un inesperado tono luminoso, mas no del todo esperanzador. El comentario social es evidente y está enraizado en una realidad aún más triste, pero lo que más sobresale del reciente largometraje de Hernández Cordón (Raleigh, 1975) es una extraña pero orgánica combinación de elementos regionales, influencias cinematográficas y digresiones lúdicas que me hacen querer etiquetar ciertos momentos de cine Mi Alegría (y no lo digo como una burla, si no como todo un elogio). Si en su anterior filme mexicano, Te prometo anarquía (2015), había logrado integrar de forma verosímil un amorío entre dos skaters-monosos-traficantes de sangre, en esta ocasión consigue hacer convivir en armonía el beisbol, la música banda, El señor de las moscas, Mad Max, actuaciones que se saben impostadas pero que logran asumirse como parte del “juego” cinematográfico y momentos donde el realismo se interrumpe para dar paso a representaciones donde el artificio luce por su extravagancia.

Se trata de una narración autoconsciente (se sabe a sí misma película), que desata una serie de sucesos que la pequeña protagonista va contándonos y que deberá transitar para permanecer cerca de su padre. El antecedente fue el deseo de Hernández Cordón de adaptar Las aventuras de Huckleberry Finn en un contexto mexicano. Su intención se preserva en el relato cinematográfico, sólo que el Huck de Mark Twain viajando a través de río Misisipi junto con un esclavo, ahora es una niña que viaja en una balsa en compañía de un sicario que se siente bien siendo hombre y mujer.[1] De igual forma que el libro hizo con la sociedad sureña estadounidense, las “aventuras” de Huck (interpretada por la verdadera hija del cineasta) son el pretexto para adentrarse en una hipérbole de la actual crisis social mexicana, imaginando los radicales resultados de las olas de feminicidios, de la cultura del machismo y del cáncer incurable del narcotráfico.

Son varias las comparaciones que se antojan hacer con otras películas, desde la comprensión del mundo adulto a partir de la perspectiva infantil de El proyecto Florida (The Florida Project, Sean Baker, 2017), hasta la relación padre-hija de Logan (Marvel, 2017), pero Cómprame un revólver asume con orgullo su idioma y su historia vernácula. Los malos son hijos de la Shingada (el acento con que es pronunciada la palabra nos deja adivinar que la trama ocurre en la región norte de México); los niños pueden ser tanto víctimas inocentes como “ingenuos” vengadores, y el cariño no conoce de prejuicios por más adicto a la piedra que sea el ser amado.

La indeterminación temporal y los puntos suspensivos con los que concluye hacen que Cómprame un revólver parezca el capítulo de una historia más larga. El final puede ser la invitación al espectador para imaginar las futuras aventuras de Huck y sus amigos, pero también significa la preservación de esa inocencia que no sabe que lucha por sobrevivir, que está más preocupada por rescatar al ser amado, que desconoce que su acto de valentía es la única defensa contra ese escenario tan desesperanzador. Todo parece un juego, y ojalá así fuera.


Israel Ruiz Arreola forma parte del equipo editorial de la Cineteca Nacional desempeñándose como investigador especializado.


[1] En este parte de la película, el jefe sicario hasta parece benevolente. Sus facciones indias, su cabello largo y su dulce voz no lo hacen lucir tan malo. La breve conexión con Huck parece sincera, pero a un nivel moral, sabemos que no puede ser. Además, el hecho de depositar en esta figura una ambivalencia de lo masculino y lo femenino la hace más desconcertante, no por lo que significa esta dualidad en un individuo, si no por el tipo de personaje de donde proviene. ¿Esto puede significar algo?