The Last Showgirl: El final de una fantasía
Por María Fernanda González García | 23 de junio de 2025
Sección: Crítica
Pasar de ser reconocida en el mundo del espectáculo como un símbolo sexual a una actriz cuya carrera resurge al interpretar un drama, es lo que Pamela Anderson ha logrado en su regreso a la actuación. Gia Coppola en The Last Showgirl (2024) le ofrece a Anderson la posibilidad de demostrarnos que, detrás de las polémicas y la explotación de su imagen, hay una mujer que defiende su dignidad y que logra conmover a los espectadores sin recurrir a la victimización. The Last Showgirl es la adaptación de la obra de teatro A Body of Work escrita por Kate Gersten, quien en su juventud se interesó por la vida de las coristas y visitó frecuentemente el espectáculo Jubilee! de Las Vegas, show que cerró su telón en el 2016 después de treinta y cinco años de presentaciones.
En este largometraje de Coppola presenciamos lo que ocurre detrás de las bambalinas de Le Razzle Dazzle, un espectáculo tipo cabaret de Las Vegas, en donde Shelly Gardner, interpretada por Pamela Anderson, ha trabajado durante los últimos treinta años de su vida. Ante el brillo de las lentejuelas, el maquillaje excesivo y el aplauso del público, Shelly ha vivido en una burbuja que pronto estalla. Cuando se notifica el cierre del show, el mundo de esta corista colapsa progresivamente y, debido a esto, tendrá que enfrentarse a todo aquello que dejó por entregarse a su trabajo.
Esta obra expone dos caras de la moneda: la vejez y la juventud en el mundo del espectáculo. La mayoría de los personajes son femeninos, integrando un grupo mixto de generaciones que demuestran cómo se enfrentan a la vida en Las Vegas. Esa vida que en las noches es un artificio entre luces y cócteles, y que en las mañanas, cuando el show termina, debe exponerse ante la crudeza de la luz natural del sol. Por ejemplo, tenemos el caso de Annette, la mejor amiga de Shelley, interpretada por Jamie Lee Curtis. Annette es una ex corista que ha encontrado trabajo como camarera en un casino y demuestra una personalidad extrovertida con una actitud despreocupada. Sin embargo, al final revela su bancarrota y pide ayuda para no vivir en la miseria, admitiendo su vulnerabilidad y la necesidad de seguir siendo vista como una artista. Este personaje es la representación de cómo en la sociedad del espectáculo se prescinde fácilmente de una persona que haya cumplido determinada edad, sin importar su desempeño o pasión por su trabajo.
Por otra parte, tenemos a Jodie la corista más joven, interpretada por Kiernan Shipka. Jodie demuestra una personalidad ingenua que, frente a la novedad, busca adaptarse reflejando cierta madurez. No obstante, ve una figura materna en Shelly, al perder el apoyo de su madre después de abandonar la casa. Al recibir el rechazo de Shelly, se comporta de manera hostil e indiferente ante las peticiones de su compañera cuando necesita ayuda con su vestuario (acción necesaria entre las bailarinas por la prisa con la que deben cambiar de números), pero más adelante al reconocer la vulnerabilidad de su compañera brindará su solidaridad y cariño, tratándola como una igual.
El mundo referencial de Shelly es Le Razzle Dazzle y esto lo confirmamos por la manera en que ella defiende el show, describiéndolo glamoroso e importante sin tener en cuenta que ha perdido su vigencia y gracia. Cuando asiste a una audición, su rostro refleja nerviosismo porque un poco más de la mitad de su vida estuvo bajo la seguridad de su único trabajo como corista. A pesar de ello, dentro del imaginario de este personaje, aún siente que hay oportunidad para continuar con su carrera sin la necesidad de caer en el exhibicionismo. Lastimosamente, recibe un no como respuesta en esta audición al ser interrumpido su número y de la forma más cruel se percata que sus cualidades ya no cumplen con las nuevas tendencias del mundo del entretenimiento.
Es curioso cómo entre las prisas, las luces y el inevitable declive Shelly justifica su sacrificio. Esto lo corroboramos cuando su hija Hannah (Billie Lourd) cuestiona si valió la pena el haber dejado su papel como madre a un lado, por entregarse a un show que a su parecer es desagradable y también cuando Eddie (Dave Bautista), su compañero de trabajo, le pregunta por qué no cambió de trabajo para poder cuidar de su hija. Shelly, ante estos reclamos, sostiene que tomó la mejor decisión para su vida ya que su carrera la hizo sentir plena y admirada bajo unas luces que demostraban su belleza y talento.
Lo que nos ofrece The Last Showgirl (2024) es el otro lado de Las Vegas. Detrás de las estatuas e iluminaciones: la experiencia de una corista. Shelly es una leyenda que a pesar de estar en caída entrega en su último espectáculo una sonrisa con la frente en alto ante un escaso público que pronto la olvidará en el nuevo número.
María Fernanda González García estudia Literatura en la Universidad del Valle. Realizó sus prácticas profesionales como parte de la redacción de Icónica. Ha colaborado en el espacio Cinéfagos de El Colombiano y la revista de cine colombiano Canaguaro.
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