10 momentos clave en el cine mexicano de

10 momentos clave en el cine mexicano de 1980 y 1990

Por | 19 de septiembre de 2016

Las décadas de 1980 y 1990 no fueron las más afortunadas para el cine mexicano ni en términos de producción ni en términos de calidad. Sin embargo, hubo un cineasta de talla descomunal, Arturo Ripstein, que mantuvo vivo el cine de autor mexicano, y que en el periodo, tras comenzar su colaboración con Paz Alicia Garciadiego, realizó gran parte de sus trabajos más destacados. Y eso que en los setenta ya se había convertido en una figura mayor. Su influencia fue tan grande que se convirtió en la referencia de los cineastas más jóvenes que buscaban una carrera en el circuito de festivales. Algo similar a lo que ha pasado con Carlos Reygadas después de 2000.

Pero en medio de sus limitanciones este periodo fue uno de inicios y tentativas, algunas de ellas de gran trascendencia para el cine mexicano o hecho por mexicanos, y otras que podrían plantear ideas para estéticas y temas que no han sido explorados lo suficiente. Aquí un panorama.

 

Veneno para las hadas (Carlos Enrique Taboada, 1984)

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Uno de los mejores filmes de terror que se han realizado en el país. Una niña llamada Verónica (Ana Patricia Rojo) convence a su amiga Flavia (Elsa María Gutiérrez) de que es una bruja y, después de pedirle varias diligencias, logra que le ayude en la preparación de un veneno para matar hadas. Lo que comienza como un juego motivado por la curiosidad provoca sucesos violentos y perturbadores. El manejo del punto de vista de la cámara es muy interesante: excepto por dos momentos decisivos, no vemos el rostro de ningún adulto. La decisión de mantener el relato dentro de un mundo infantil vuelve especialmente inquietante el resultado.

 

Rojo amanecer (Jorge Fons, 1989)

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Al ocuparse de lo sucedido el 2 de octubre de 1968, la película rompió con la narrativa oficial del régimen priista y abrió la posibilidad de reflexionar sobre los puntos silenciados de la historia mexicana del siglo XX. Rojo amanecer fue realizada con un presupuesto muy bajo en un único espacio: el interior del departamento en el conjunto habitacional de Tlatelolco. Rojo amanecer se vale de recursos sonoros y actuaciones estremecedoras para transmitir el terror vivido en esas horas. A través de la experiencia de estos personajes, este filme es una escenificación cruda e impactante de una herida que sigue latente en la memoria de los mexicanos.

 

Cabeza de Vaca (Nicolás Echevarría, 1991)

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Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el tesorero de Carlos I de España, se une a la expedición de Pánfilo de Narváez a Florida, en 1527. Cuando esta expedición naufraga, es capturado y puesto al servicio de un chamán. Totalmente ficcionalizada al grado de representar comunidades indígenas sin rigor histórico, aunque basada en las memorias, Naufragios (1542), que Cabeza de Vaca redactó años después, esta película presenta el choque entre culturas y la transformación (hibridación) subsecuente, mientras critica la postura imperialista europea. Nicolás Echevarría reabre una ruta muy poco explorada en el arte mexicano: las historias de los periodos de conquistas y consolidación del Virreinato de la Nueva España.

 

Sólo con tu pareja (Alfonso y Carlos Cuarón, 1991)

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La opera prima de los hermanos Cuarón es una simple comedia de enredos: Tomás Tomás (Daniel Giménez Cacho) es un publicista que vive un sinfín de aventuras sexuales hasta que una de sus conquistas decide vengarse de él y altera los resultados de sus exámenes de sangre. Lo interesante de Sólo con tu pareja, más allá de la historia, es que retrata por primera vez las problemáticas, costumbres y relaciones de la clase media de principios de los noventa, en particular el sector que algunos académicos han denominado “clase creativa”. Forma parte de la selección de Criterion Collection.

 

Cronos (Guillermo del Toro, 1992)

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Inusual en todos los sentidos, la opera prima de Guillermo del Toro es una declaración de principios, entre los que se encuentran la muerte, lo sobrenatural, las máquinas y la infancia. Un alquimista del siglo XIV inventa un mecanismo que contiene el poder de otorgarle vida eterna a quien lo posea. Llega a manos de Jesús Gris (Federico Luppi), que enfrenta la decadencia que viene con la inmortalidad vampírica. Los brotes fantásticos en el universo de Guillermo del Toro plantean una reflexión sobre el tiempo, clave develada desde el inicio, cuando el alquimista moribundo exclama «Suo tempore».

 

Dos crímenes (Roberto Sneider, 1995)

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Basado en la novela de Jorge Ibargüengoitia, este filme sigue la historia de Marcos (Damián Alcázar), un joven que, huyendo de la policía, debe irse a un pueblo donde se encuentra con una serie de líos familiares. El protagonista descubre que el lugar en donde pretendía refugiarse puede ser mucho más oscuro y peligroso que la ciudad de donde viene. Con su primer largometraje Roberto Sneider inauguró una carrera conformada por adaptaciones de textos literarios. En esta cinta logra trasladar rasgos de la prosa de Ibargüengoitia, como el sutil humor negro del relato, a las imágenes en movimiento.

 

Bajo California: El límite del tiempo (Carlos Bolado, 1998)

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En el primer largometraje de Carlos Bolado, Damián (Damián Alcázar), un artista plástico chicano, viaja de Los Ángeles hacia Baja California Sur en búsqueda de las pinturas rupestres. Además, su trayecto está marcado por el recuerdo de haber atropellado a una mujer embarazada, al mismo tiempo que su pareja y él esperan un hijo.  Bolado realizó una película sobre la belleza, el camino, la culpa, la creación, el tiempo, la familia y la migración… Apoyado por la imaginación artística de Abraham Cruzvillegas y de la magnífica fotografía de Claudio Rocha, Bajo California es uno de los puntos más altos en la historia del cine mexicano.

 

La ley de Herodes (Luis Estrada, 1999)

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Esta película, que llamó la atención de grandes públicos al convertir un intento de censura por parte del gobierno priista en la mejor campaña publicitaria, es una crítica ágil y efectiva a la corrupción en México, que además estaba alineada con el sentir popular el contexto político de 1999, cuando hastiada de las prácticas del partido en el gobierno la sociedad mexicana optó masivamente por votar por una alternativa política. La ley de Herodes tiene lugar en un pueblo mexicano durante el sexenio de Miguel Alemán: el alcalde es linchado por los habitantes y el gobernador, que teme un escándalo político, designa un nuevo alcalde. El carácter humorístico del relato homenajea la Época de Oro del cine mexicano mientras ejerce un juicio implacable sobre el ridículo descaro del abuso de poder priista. La línea estilística de crítica fársica inaugurada por Estrada en este punto ha sido muy exitosa durante el resto de su carrera y desaprovechada por la mayor parte de los creadores del país.

 

Segundo siglo (Jorge Bolado, 1999)

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Segundo siglo es una película única. En ella Jorge Bolado hace un homenaje al cine, que poco antes, en 1995, había cumplido su primer centenario y entonces iniciaba el segundo. Su planteamiento es poético, reflexivo e irónico desde la primera secuencia, donde una cruz arde y una voz en off dice «Al principio Dios creó la luz. Entonces Dios fue el primero en hacer cine». Obra de gran complejidad, Segundo siglo, pasa del relato de un viaje del equipo de producción de la película por Escocia, Estados Unidos y México, a argumentos y citas diversas de la historia del cine y algunos recuerdos de Bolado, por ejemplo, el relato de la muerte heroica de un amigo suyo que salvó a varios otros pasajeros de un avión que se desplomó. Además hay un experimento con el sonido: donde en vez de recurrir a grabaciones se imitaban ruidos con la boca.

 

Las colaboraciones entre Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego

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Esta pareja ha sido responsable de algunos de los momentos más relevantes en la historia del cine mexicano. La primera vez que Ripstein dirigió un guión de Garciadiego fue en 1985, con El imperio de la fortuna (1986), adaptación de El gallo de oro, de Juan Rulfo. A partir de este momento comenzaron a construir una sólida trayectoria en conjunto. En el periodo del que nos ocupamos destacan Mentiras piadosas (1987), Principio y fin (1993), La reina de la noche (1994) y Profundo carmesí (1996). La colaboración artística entre Ripstein y Garciadiego no sólo condensó el gusto por lo sórdido y kitsch del director, sino que se convirtió en el paradigma del cine de festival mexicano de las dos décadas. La figura y estética Ripstein/Garciadiego domina en un panorama con películas como El callejón de los milagros (Jorge Fons, 1995), Lolo (Francisco Athié, 1992) o La mujer de Benjamín (Carlos Carrera, 1991). Su influencia podría llegar incluso a Amores perros (Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga, 2000), donde empieza otra historia.

 

Agradecemos a José Luis Ortega Torres y Fernando Mino por su asesoría y colaboración en esta serie.