DC y Marvel: Coincidencias entre dos uni

DC y Marvel: Coincidencias entre dos universos

Por | 10 de mayo de 2016

War Machine: Estamos hablando de las Naciones Unidas, no es el Consejo de Seguridad, ni es S.H.I.E.L.D ni Hydra.

Capitán América: Pero la dirige gente con planes ocultos y esos planes cambian.

 

En un principio fueron las películas sobre un solo superhéroe, después vinieron aquellas donde se unían contra alguna amenaza superior; ahora, la pelea es entre ellos. El aparente cansancio creativo en sus líneas argumentales parece nutrirse, como lo hizo Christopher Nolan con su trilogía de Batman, de la explotación de temas sociopolíticos y económicos lo mismo que del sentimentalismo más primitivo.

Las recientes entregas de DC, Batman vs Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016), y Marvel, Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War, 2016), parecen virar hacia el mismo lado pero con pretensiones estéticas algo disímiles. En ambas cintas los títulos apuntan a deseos colectivos y miedos gubernamentales contemporáneos. Si bien estos títulos tienen sus orígenes en los cómics, la referencia a un surgimiento de la justicia parece sintomática ante el anhelo perpetuo hacia esta –no hace falta ser doctor en sociología para saber que sociedades como la nuestra esperan la aparición no de la ley sino de su cumplimiento. Por otro lado, los conflictos armados en distintos países del orbe pretenden ser desdibujados y nunca ser nombrados como guerras civiles, acaso por la desestabilización del término en sí mismo.

En una comparación estructural las coincidencias resultan evidentes. El móvil tanto de Batman como de Iron Man es la culpa. Ambos hipersensibles y millonarios sufren al saber que gente inocente muere en medio de las batallas que libran los superhéroes. Estas pérdidas generan en ambas cintas la búsqueda de venganza nacida del resentimiento, con alcances colosales en ambos filmes. Lo anterior da pie a que los humanos exploren formas de certidumbre frente a ellos, frente a un semidiós en DC y frente a un grupo de seres extraordinarios en Marvel.

Mientras que Batman planea terminar con Supermán al verlo como una amenaza que sólo él puede detener, Iron Man no tiene más opción que detener al bando del Capitán América por medio del enfrentamiento. Esta coincidencia se enfatiza al descubrir que tanto Supermán como el Capitán América parecen tener apenas un ápice de sentido común y criterio. El enfrentamiento en esta ocasión no es maniqueo, sino dialéctico: los buenos contra los buenos.

Aunque formalmente dispares –DC conserva el tono sobrio y oscuro venido de Batman, pero que entorpece a Supermán; Marvel no desdeña el colorido ni el humor en sus diálogos– las cintas centran su discurso en la autocrítica–basada en el caos ocasionado– y la autojustificación–los superhéroes tratan de salvar al mayor número de personas, pero en ocasiones no pueden salvar a todos– lo que convierte a las dos entregas en una alegoría moral de las decisiones gubernamentales y militares de naciones como Estados Unidos. Por eso las dos cintas funcionan alrededor de valores y acciones como: la libertad, el deber, la venganza, el intervencionismo y, por momentos, la paranoia.

En ambos trabajos las contradicciones y los discursos con matices filosóficos burdamente planteados caminan en paralelo. Con Marvel es curioso ver que el soldado que naturalmente se sometería a la estructura jerárquica se rebela contra el control y la vigilancia, mientras que el irreverente Tony Stark prefiere las resoluciones políticas. Por otro lado, es Batman quien pretende acabar con la anarquía que representa un semidiós cuando él siempre ha actuado fuera de la ley. La idea del libre albedrío por parte de los superhéroes y su rechazo a la supervisión así como la renuencia a presentarse frente a la autoridades es crucial en los dos universos: el hombre normal, incapaz de tomar decisiones y de gobernarse, no debe vigilar a los “superhombres” que todo lo saben y todo lo pueden, aunque en su intento por salvar al mundo destruyan la mitad de él.

No es la defensa del individuo por su libertad, es la lucha por no ser vigilados ni rendir cuentas por parte de unos, y el miedo a coexistir con una figura con un poder tan grande–la sociedad como metáfora– que no sea capaz de ser gobernada, por parte de otros. Batman y el Capitán América desean hacer el bien, pero bajo sus reglas. El primero quiere ser el único y el segundo cree que sólo él puede mantener todo a salvo y desea que se legitime su libertad de actuar. Como reflejo de los tiempos que corren, los conflictos de los superhéroes al hablar de libertades y seguridad sólo generan más conflictos, las respuestas no son fáciles, menos imparciales.

Lo anterior, aunque abordado de manera descompuesta es lo más valioso en las dos entregas, aunque es difícil hablar del presente al tiempo que se desea satisfacer la niñez prolongada del consumidor asiduo de este tipo de cintas.


Daniel Ángeles es comunicólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha colaborado en Código y ha sido profesor adjunto de la UNAM. Fue parte del Jurado Joven de MICGénero 2015.