Las dos Irenes
Por Mauricio García García | 25 de enero de 2019
Sección: Crítica
Directores: As Duas Irenes Fabio Meira Las dos Irenes
…un individuo adquiere un verdadero nombre propio
como consecuencia del más severo ejercicio de despersonalización,
cuando se abre a las multiplicidades que le atraviesan de parte a parte,
a las intensidades que le recorren.
Deleuze y Guattari, Mil mesetas
Un nombre propio es solamente una conjunción, un fragmento sin bordes del hilado del tiempo. Adquiere sentido cuando un sujeto es interpelado a partir del mismo, en la puesta en práctica de la serie de significados que anteceden a quien lo porta. Es pues el nombre propio el principio de la persona.
El nombre propio se emancipa y participa plenamente de la interacción de significados hasta la inserción en la vida pública de quien lo porta. Irene, entrada en la adolescencia, ha descubierto que hay otra Irene. A mitad de la celebración del cumpleaños del padre, ella lo confiesa con sorna: «¿Sabían que hay otra Irene?».
La otra Irene vive del otro lado de un intemporal poblado. Y desde cierto día que la conoció afuera del cine, la otra Irene se acompaña por las tardes de la tímida y curiosa Madalena. Entre dichas reuniones el proceso mimético de las adolescentes se vuelve inevitable. Al volver a casa después de una de aquellas tardes, Irene, en medio del fervor y el regocijo, le confiesa a su nana Madalena que ha dado ya su primer beso, aunque dicho acto haya sido realizado por la otra Irene.
A las dos Irenes las atraviesa un nombre y no sólo el padre que comparten. A ninguna le pertenece el nombre ni el padre. La historia de las dos jóvenes que relata la película de Fabio Meira (Goiânia, 1979), además de los evidentes conflictos éticos que desenvuelve a partir de las dos familias del padre, se construye a partir de una interesante inmersión en las disputas que la adolescencia supone para la construcción de las identidades, en la formas de los cuerpos y las posibilidades que emergen de los primeros contactos con los espacios públicos y las pulsiones que en el mismo se desenvuelven.
Irene, al saber que hay otra Irene, encuentra un espacio para rehacerse en otra parte. Aunque parezca inalcanzable es el deseo de muchos que de eso trate la idea de ficción.
Mauricio García García es maestro en Estudios Culturales por la Universidad Veracruzana.
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