Show Me the Money 1: Inteligencia artificial y cine
Por Abel Muñoz Hénonin | 8 de abril de 2026
Sección: Opinión
Género: Inteligencia ArtificialVideos en línea
Temas: Cine y tecnologíaDarren AronofskyIAInteligencia artificialOn this Day… 1776
Hace mucho que Darren Aronofsky es un director desigual, tanto que vista a la distancia toda su carrera luce dispar. Por eso, no es novedad que si alguien explora los capítulos de On this Day… 1776 (2026) encuentre al director que ha sido siempre: banalidad anecdótica, cortes rápidos más expresivos que narrativos, movimientos de cámara acelerados, abigarramiento, espectacularidad visual…
Uno de los rasgos permanentes de su filmografía es la innovación. Ahí están la cámara ansiosa de Pi (π, 1998) o la macrofotografía de cultivos bacterianos para crear una especie de universo espiritual en La fuente de la vida (The Fountain, 2006). Ahora, ese interés se manifiesta en imágenes producidas por inteligencia artificial, en la totalidad de las imágenes programada utilizando inteligencia artificial: figuras históricas con ojos sin expresión encontradas con la construcción de lo que terminaría siendo el pueblo estadounidense.
A la par del problema de la pobreza estética del resultado está el problema de la I.A. Al menos el problema implícito desde la lógica del capital: que a fin de cuentas esta herramienta tiene como fin último la acumulación monetaria cada vez en menos manos, en ciertos sectores económicos, porque se diseñó para que haya menos trabajadores y más máquinas que ocupen su lugar. Algo tan claro que hasta Elon Musk ha hablado en repetidas ocasiones de la inevitabilidad de una renta básica universal.
Hasta aquí todo puede caber dentro de un marco teórico marxista. Y en ese sentido es difícil aportar a la discusión, incluso abordando la paradoja de que los capitalistas a menudo entran en un ciclo complejo y contradictorio donde el acumular riqueza y reducir la fuerza de trabajo provoca que amplios sectores sociales comiencen a carecer de los medios para transferir su dinero a los empresarios.[1] Apenas están apareciendo especialistas críticos con las herramientas intelectuales para comprender un fenómeno que va a gran velocidad, como Helen Edwards, quien, por ejemplo, afirma que la I.A. apenas puede impactar un sector muy pequeño de la economía (un 2%), porque ése es su tamaño (en Estados Unidos), y las economías siempre van al ritmo de sus sectores más lentos, irremplazables (como los mudanceros).[2]
La discusión sólo puede ampliarse si consideramos que la tecnología y la acumulación de capital son parte de la ideología del progreso, donde las nuevas herramientas se consideran necesariamente provechosas, llevando a un estadio social evolutivamente superior y, por lo tanto, implícita, teleológicamente, “mejor”. La ciencia económica dominante tiene ese mismo fundamento, una idea de desarrollo perenne que implica aprovechamiento –o sea, explotación– de recursos, reducción de costos, acumulación de cada vez más dinero y crecimiento ilimitado –el crecimiento del que se habla automáticamente cuando se formulan y promueven acríticamente políticas públicas. Esto explica, superficialmente, el problema implícito en las declaraciones de Musk que comenté arriba.
Evidentemente Aronofsky (Nueva York, 1969) y sus socios están conscientes del problema. Por eso insisten en utilizar los superprocesadores de información sólo como herramientas al servicio de la creatividad, e insisten en la necesidad de apoyarse en talento de carne y hueso. Tienen dos argumentos: que no se puede sustituir el oficio con tecnología, pero sí ampliar sus posibilidades,[3] y que darles acceso a las tecnologías de punta a creadores-programadores permite concebir y contar historias antes inimaginables.[4]
Desde esta perspectiva el problema se vuelve una contradicción: por un lado se busca aprovechar el desarrollo técnico, lo que implica cierta reducción de personal, y por el otro, se reconocen sus límites y la necesidad de mantener viva la chispa de actores (de voz, en este caso), músicos y guionistas. En cierto modo es como hacer cine de animación sustituyendo sus procesos lentos y largos por prompts, a sabiendas de que alguien tiene que programarlos, revisarlos, evaluar los resultados, y si es necesario, editar o corregir el proceso en todo o en parte.
Se trata de un problema cíclico, visible ya, en cierto modo en los luditas de principios del siglo XIX. Esos obreros y artesanos textiles ingleses que destruían máquinas por miedo a que su trabajo desapareciera, tuvieron hasta cierto punto razón, hasta el punto en que las industrias automatizadas transformaron los sistemas de producción a los que estaban habituados. Sólo que el trabajo no desapareció sino que se redefinió, y el avance tecnológico llevó a la creación de nuevas necesidades de empleo. Eso mismo está pasando.
En todo caso, más allá del impacto que podría implicar este cambio en muchas de nuestras vidas, la pregunta clave es qué tanto impacto podrían tener estas nuevas herramientas en el cine o lo audiovisual como totalidad. Lo primero que hay que tomar en cuenta es que en el cine hay una distorsión discursiva que a menudo hace pasar lo que sucede en Estados Unidos por lo que pasa en todos lados. Con esta salvedad se puede tener un mejor panorama. Es poco probable que afecte a los sectores más artísticos, más centrados en la expresión personal y la fotografía, que en las producciones más industriales. Pero si los resultados no gustan o cansan, como cansó Marvel y como están cansando a mucha gente las imágenes creadas por inteligencia artificial, no habrá promesa tecnológica que importe más que las cuentas de banco de las grandes empresas y sus accionistas.
On this Day… 1776 es una promesa fallida, mucho progreso para poco. Otro producto con poca vitalidad, como los que abundan más en cines que en plataformas de streaming, pero que abundan. Y es que la industria audiovisual estadounidense está en crisis desde hace décadas. Obviamente los modelos de programación no pueden resolver el problema: cuando trabajan solos simplemente remezclan datos. Pero tampoco va a lograrse mucho si los programadores siguen recurriendo a paradigmas de producción en los que se insiste e insiste, como si esa insistencia fuera a resolver el problema por acumulación. El problema de la industria audiovisual estadounidense de más grande comercio es la falta de riesgo, el control de los resultados por empresarios que quieren asegurar ingresos como si distribuyeran salsa BBQ, de esa deliciosamente artificial. Lo que falta es creatividad, que es lenta, tan lenta que a menudo está fuera de la economía.
Probablemente se está perdiendo menos de lo que los propagandistas de la inteligencia artificial aseguran. A fin de cuentas, a ellos les importa asegurarles a sus inversores que su proyecto funciona.[5] Y bajo la ideología del progreso es necesario hacer pasar el cambio por algo inevitable, hasta necesario.
En realidad, todo está en veremos.
Abel Muñoz Hénonin dirige Icónica y es uno de los editores de Senses of Cinema. Imparte clases en la Escuela Superior de Cine, la Universidad Iberoamericana y el Centro de Capacitación Cinematográfica. Acaba de doctorarse en Filosofía, Arte y Pensamiento Social por la Escuela Europea de Postgraduados. Su libro más reciente es Márta Mészáros frente a la Historia, editado por la Cineteca Nacional (2024).
Le debo la idea sobre el cambio en las relaciones de trabajo a mi papá, Abel Muñoz de Luna, y la de que las imágenes creadas con inteligencia artificial comienzan a cansar a Regina Verduzco.
[1] Stephanie Flanders da una explicación excelente al respecto en Masters of Money, tercer episodio, “Karl Marx”, serie dirigida por Trsitan Quinn y Martin Small, BBC, Londres, 2012, aprox. 26:34-29:02.
[2] Helen Edwards, “Weak Links: AI and Your Job #3”, página de Instagram del Artificiality Institute, 20 de febrero de 2026, https://www.instagram.com/reel/DU_iSJCkoSq/?igsh=MW43bnhidWR3dGY0dg==
[3] Todd Spangler, “Darren Aronofsky’s AI Studio Used Artificial Intelligence Tools for Revolutionary War Animated Series — but Hired Human Actors to Voice Founding Fathers”, Variety, Los Ángeles, 29 de enero de 2026, https://variety.com/2026/digital/news/darren-aronofsky-ai-revolutionary-war-series-human-voice-actors-1236644402/
[4] Primordial Soup, “About,” página web oficial, Nueva York, sin fecha https://www.primordialsoup.ai/about
[5] Edwards, cit.
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