Cine estadounidense de los 70 (2/3): Gra

Cine estadounidense de los 70 (2/3): Grandes películas

Por | 21 de abril de 2017

Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Miloš Forman, 1975) 

Si bien la década de 1970 fue prodigiosa en el cine estadounidense con intenciones autorales, no todos los autores alcanzaron la grandeza indiscutible de los que presentamos en la primera parte de este recuento. Pero como hay muchísimas películas relevantes de autores destacados, decidimos hacer una selección de películas concretas, todas sustentadas en visiones personales, todas merecedoras de atención, incluso en los casos en que han sido olvidadas por un tiempo o son poco conocidas. Creemos que son un buen menú introductorio a uno de los momentos intelectual, artística y políticamente más provocadores de una de las tradiciones fílmicas más relevantes de la historia.

Como es costumbre nuestro recuento no coincide con una década real. Siguiendo a Eric Hobsbawm buscamos procesos históricos que delimiten el periodo. En este caso nos parece que el eje está, por un lado, en un desencanto militante frente a Estados Unidos como potencia militar y sociedad capitalista, y, por otro, en un amor por el cine manifiesto en el mismo séptimo arte. Coincidimos con lo que Peter Biskind plantea en Easy Riders, Raging Bulls (Simon & Schuster, Nueva York 1998): que Busco mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper, 1969) es la pieza que abre el periodo. Quizá las transgresiones morales de los 60 terminen, en cambio, con una película de culto: Zabriskie Point (Michelangelo Antonioni, 1970). En otro momento nos ocuparemos de ello.

 

1. Busco mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper, 1969)

En su debut como director, Dennis Hopper logró una de las películas más icónicas de la historia del cine estadounidense. Protagonizada por él mismo y Peter Fonda (también productor), cuenta la historia de Billy y Wyatt, dos amigos que emprenden un viaje en motocicleta para cruzar el país, pero Busco mi destino es mucho más que una road movie. Abiertamente situada en contra del mainstream, esta película está hecha bajo condiciones similares a las de la Nouvelle Vague: bajos presupuestos, filmaciones en exteriores, fuera de los grandes estudios, un montaje poco convencional, libertades actorales y, en general, una producción bastante improvisada. La fotografía de László Kovács llevó estas exploraciones al plano visual con una propuesta tan fresca –casi todo lo que sucede en exteriores tiene iluminación natural– como experimental ­–basta ver la secuencia de su viaje psicotrópico. Los escenarios por los que transitan y los personajes que conocen adquieren dimensiones simbólicas al representar a una estructura y sus outsiders. La secuencia en donde el abogado que conocen en la cárcel, interpretado por Jack Nicholson, fuma marihuana con ellos y reflexiona sobre la libertad y la sociedad podría condensar la postura del filme: es una crítica implacable al sistema que, como toda propuesta contracultural, termina incorporándose al mainstream o muriendo.

 

2. Perdidos en la noche (Midnight Cowboy, John Schlesinger, 1969)

Nueva York como ciudad de sueños y, por lo tanto, de pesadillas. Joe Buck (John Voight) viaja de Texas para dedicarse a la prostitución en la Gran Manzana, donde consigue muy poco, por ejemplo, ser estafado por Ratso (Dustin Huffman) y perder todas sus pertenencias. Poco después se topa con el estafador y termina viviendo en su casa, de modo que se hacen amigos. Mientras las cosas comienzan a mejorar un poco para Joe nos enteramos de que Ratso tiene como ciudad utópica Miami y que siempre ha tenido problemas serios de salud. Tras una buena noche de trabajo, Joe vuelve a casa, encuentra a su amigo en pésimo estado y decide llevarlo a Miami. El final es desolador, como nos enteramos por medio de flashbacks que han sido las vidas de estos dos marginados. Nueva York y sus luces o Los Ángeles con las suyas suelen ser los mejores escenarios para ocuparse de las fisuras del Sueño Americano.

 

3. Baile de ilusiones (They Shoot Horses, Don’t They?, Sydney Pollack, 1969)

La desesperación estadounidense es presentada de una manera inquietante en esta película basada en la novela homónima: enmarcada en la Gran Depresión, todo sucede en un salón donde se realizan maratones de baile, los que convocaban a participantes que bailaban sin dormir durante semanas enteras con la esperanza de ganar tanto el dinero del premio y como a una audiencia que pagaba por verlos. La música contrasta con los rostros francamente desolados de los personajes: mientras el concurso avanza, el deterioro de los que permanecen y su creciente angustia se vuelven cada vez más perturbadores. El relato se centra en Gloria (Jane Fonda) y su pareja de baile Robert (Michael Sarrazin), mientras él parece estar ahí meramente por casualidad, ella entra al concurso impulsada por el enojo y el desamparo. Sydney Pollack muestra en pantalla la decadencia de sus personajes y su entorno como símbolo de una nación sin esperanzas.

 

4. Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971)

Perros de paja plantea un problema del que no nos hemos ocupado aún, pero que resulta hiperrelevante en el cine del presente: no se puede definir si es una película británica o estadounidense. En todo caso es un retrato muy estadounidense de los pueblos o aldeas muy pequeños situado en Cornualles, adonde migra David Summer (Dustin Huffman) debido a que su esposa Amy (Susan George) es originaria de la región. Summer contrata al ex novio de su mujer y a otros locales para realizar unas reparaciones en la casa donde viven y los problemas del matrimonio se hacen manifiestos cuando Amy aparece topless por la ventana. En ese momento comienza una espiral de violencia que termina cuando el matemático se convierte en una especie de pistolero de wéstern defendiendo su tierra de quienes ya estaban ahí desde antes pero resultan un peligro para él, sin embargo esta obra de Sam Peckinpah también tiene gran profundidad psicológica. Ahora, la cabaña y los invasores emparentan, de manera muy extraña, esta película con La noche de los muertos vivientes (The Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968)…

 

5. La última película (The Last Picture Show, Peter Bogdanovich, 1971)

Nostálgico relato situado en un pueblo del Norte de Texas, a comienzos de la década de los 50, que narra las historias de amor, pérdida y maduración de dos amigos, Sonny Crawford (Timothy Bottoms) y Duane Jackson (Jeff Bridges), justo en el momento en que el pueblo está por cambiar radicalmente por la muerte del capitalista local. Pero lo más interesante de esta cinta es el homenaje que hace, no sólo a la década, sino a la mirada fílmica de ese tiempo: la manera en que se desarrollan el arco narrativo, la construcción de diálogos y personajes, la musicalización, el uso del blanco y negro y, en general, toda la puesta en escena, rinde honores al cine clásico hollywoodense –lo cual tiene sentido, ya que Peter Bogdanovich fue crítico antes de ser director. Casi al final de la película la sala de cine local cierra y Sonny y Duane asisten a la última función. ¿Se tratará de un acto estétito-político de Bogdanovich, un homenaje al cine que dio origen a toda una nueva concepción de las imágenes en movimiento pero para el que ya no había más lugar que la nostalgia?

 

6. Barrio chino (Chinatown, Roman Polański, 1975) 

Otra gran interpretación de Jack Nicholson: un detective privado que, tras comenzar averiguando una supuesta infidelidad, se sumerge en una investigación de corrupción y negocios turbios. Este relato se desarrolla usando los recursos de suspenso y descubrimiento de pistas del cine negro, pero haciéndolos pasar por el humor ácido e inteligente de Roman Polański. El personaje de Nicholson se convirtió en un ícono del género, con detalles como la herida en su nariz y una actuación sólida que casi no requiere del diálogo. El relato se va desentrañando de manera que la expectativa del público crece hasta llegar a un gran final: un ejemplo de dirección actoral y uso del lenguaje cinematográfico.

 

7. Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Miloš Forman, 1975) 

Adaptación de la novela de Ken Kesey, en esta cinta un manicomio funciona como espacio de representación de los males de la sociedad. Con otra potente actuación de Jack Nicholson, Atrapado sin salida coloca frente al lente las represiones de una sociedad que pretende homogeneizar a sus integrantes. El criminal Randle Patrick McMurphy finge estar loco para ser internado y así evadir la prisión, y se convierte en un agente de disrupción para el microuniverso del manicomio, entrando en un juego de poder con la enfermera Ratched (Louise Fletcher). Un poco al modo de Busco mi destino, este filme manifiesta la necesidad de subversión contra una autoridad y sociedad opresoras, intentando comprender al individuo y su búsqueda de libertad. Esta es la segunda película que Miloš Forman, emigrado de Checoslovaquia, hizo en Estados Unidos, ¿era una alegoría del comunismo, del capitalismo, de todas las instituciones?

 

8. Lenny (Bob Fosse, 1975)

Es curioso que a veces actuaciones notables de algunos histriones sean parcialmente olvidadas, como fue el caso de la personificación de Dustin Hoffman hizo del comediante Lenny Bruce en esta biopic dirigida por Bob Fosse. Bruce fue una personalidad del stand-up neoyorkino que pasó del éxito a la amargura, realizando rutinas cada vez más autorreferenciales y arriesgadas, mientras se iba alejando del contexto familiar aceptado y esperado al involucrarse con una desnudista. Si bien esta película de Fosse, fragmentada en saltos temporales, está centrada en un personaje judío y aborda el camino del éxito a la destrucción que tantos grandes resultados ha dado en el cine de Estados Unidos, escapa de estas coordenadas para mostrar lo poco tolerante que es esa sociedad con la excepcionalidad fuera de la idea de familia y carrera establecida.

 

9. Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, Alan J. Pakula, 1976)

Esta película sigue de cerca el proceso de investigación periodística previo al escándalo de Watergate que desembocó en la renuncia de Nixon en 1974. A través del punto de vista de los periodistas Carl Bernstein (Dustin Hoffman) y Bob Woodward (Robert Redford) –quienes, en la vida real, plasmaron sus propias experiencias en el libro en que se basa la cinta–, los datos se develan gradualmente hasta llegar a una conclusión que, aun siendo conocida desde el principio por el espectador, alcanza a satisfacer la anticipación construida por grandes actuaciones y un guión contundente. Es un retrato fiel del rigor, las dudas y los dilemas morales propios del periodismo en búsqueda de la verdad, por lo tanto un relato mitificador del trabajo periodístico, un mito que vale la pena.

 

10. ¡Alambrista! (Robert M. Young, 1977)

¡Alambrista! es una rareza que nunca consiguió entrar a cartelera en Estados Unidos aunque tuvo una exposición mundial notable. Este primer largometraje sobre los ilegales mexicanos que piscan jitomate en California estuvo a punto de perderse y se recuperó casi milagrosamente a principios del siglo XXI, gracias a una iniciativa académica. ¡Alambrista! cuenta una historia muy conocida: la de los indocumentados que migran en busca de mejores condiciones de vida, en este caso Roberto Ramírez (Domingo Ambriz). Con un reparto mayormente poco conocido o no profesional, la película es una ficción sustentada en las técnicas que Robert M. Young había desarrollado unos años antes, cuando realizó el documental Children of the Fields (1973), con el mismo tema. Carlos Ramírez Berg, por ejemplo, destaca el uso de la profundidad de campo que permite tener al mismo tiempo un close-up de una cara y un plano general de un plantío durante una persecución de la Migra. Si bien la película es una pieza digna de salir del olvido por sus propios méritos, parece urgente recordarla en el contexto político del presente.

 

11. Cabeza borradora (Eraserhead, David Lynch, 1977)

Desde su primer largometraje, David Lynch demostró que ocupaba un lugar totalmente único en el panorama del cine mundial. Cabeza borradora, película macabra e industrial en blanco y negro donde un hombre tiene un hijo monstruoso salido casi exactamente de un cuadro de Francis Bacon y que sueña con una mujer deforme que canta sobre una vida mejor desde un radiador, mientras un zumbido grave y casi perenne enturbia la experiencia del espectador, alegoriza la experiencia de la paternidad y la vida familiar desde lo ominoso. Resulta una reflexión profunda sobre la condición del hombre industrial, su rutina y sus anhelos. Además, es formalmente excepcional.

 

12. El francotirador (Deer Hunter, Michael Cimino, 1978)

Aunque se trata de una película con tres actos y un epílogo perfectamente delimitados, El francotirador es una película complejísima, que en la superficie lidia con la guerra de Vietnam, pero en realidad es un retrato del militarismo estadounidense y del modo en que apela directamente a los más desfavorecidos para conseguir reclutas, que claramente son carne de cañón. Los personajes de la película son obreros siderúrgicos, Mike Vronsky (Robert De Niro), Steven Pushkov (John Savage) y Nick Chevotarevich (Christopher Walken), que en una boda deciden alistarse para combatir, caen presos y cargan con el peso de la violencia por el resto de su vida. Christopher Walken destaca por su interpretación de Nick, adicto a la ruleta rusa. El francotirador es una pieza clave en el cine que cuestiona y muestra las consecuencias del militarismo de Washington.

 

Agradecemos a César Albarrán Torres su asesoría y colaboración en esta serie.