Para Sama: La heroicidad de quienes cura

Para Sama: La heroicidad de quienes curan

Por | 6 de mayo de 2021

«Es hermoso tener la palabra libertad pintada en la frente». La frase es de Ghaith, un estudiante de medicina que se ha ofrecido como voluntario en un hospital clandestino en Alepo, la ciudad más grande de Siria. El año es 2012, y el país árabe atraviesa la fase inicial de la versión más mortífera y dolorosa de lo que se conoció en Occidente como la Primavera Árabe.

La palabra libertad se la ha pintado, en árabe, Hamza al-Kateab, doctor y administrador de este hospital que ha decidido abrir, junto con otros voluntarios, para atender a los cientos de heridos que dejan los ataques del gobierno de Bashar al-Assad contra las protestas que buscaban acabar con su tiranía. Quien graba esta escena es Waad al-Kateab, estudiante de economía, periodista y directora del documental Para Sama. Al-Kateab también es voluntaria en el hospital.

Ghaith, poco después de haber tenido pintada la libertad en la frente, murió en un ataque aéreo del gobierno sirio. El  lúgubre plano que marca la partida de su cuerpo desde el hospital hacia su entierro cierra el primero de los muchos recorridos trágicos que marca el documental. Con cámara en mano, Al-Kateab registra el descenso en el horror de la parte este de Alepo, donde los rebeldes en contra del régimen habían asentado su bastión. Sus más de 500 horas de video registradas encontraron un hilo narrativo común en el momento en que la directora y Hamza se casan, y ella queda embarazada de quien será Sama. Es por ella que la historia cobra un recorrido dramático definido, y es el eje que se convierte en testimonio audiovisual de la heroicidad humana en medio de uno de los peores conflictos que ha vivido el Medio Oriente.

Después de la muerte de Ghaith, arreciaron aún con más ferocidad los ataques del gobierno de Al-Assad. Los horrores y crímenes del tirano aparecen en cámara representados en el bombardeo indiscriminado de civiles. Imágenes de niños muertos y heridos después de bombardeos hielan la sangre del espectador, y la directora guía, con una voice-off ubicua, la mirada ante lo que parece un conflicto confuso. La incansable labor heroica de su esposo y del personal médico le da luz a toda esta habitación humana que parece consumirse en sus sombras.

La alianza entre el régimen de Al-Assad y el gobierno ruso desplegó sus primeras tintas de sangre en septiembre de 2015, y es desde allí donde el documental se arroja más profundamente al encuentro con los horrores de esta guerra. El nivel de ferocidad que el régimen y su aliado ruso son capaces de alcanzar llega de noche, y queda registrado en videos de cámaras de seguridad que registran el bombardeo del hospital donde la directora y su esposo trabajaban. Esa noche, en una coincidencia de esas que escapa a la razón, ninguno de los dos estaba presente. En los videos de esas cámaras de seguridad los dos ven cómo los cuerpos de muchos de sus amigos y compañeros se despedazan ante la fuerza devastadora del misil teledirigido. La directora no obvia responsabilidades: «Los rusos mataron a 53 personas».

Aunque toda la historia de esta guerra supone un hundimiento en un dolor inacabable, el montaje del documental consigue hilvanar los sucesos con tal balance emotivo que estas imágenes de la muerte y la destrucción se mueven al vaivén del embarazo de la directora y nacimiento de Sama. La sonrisa de una bebé que ignora la podredumbre en que han convertido el lugar en que nació logra sujetar al espectador a la esperanza. Hay constantes detonaciones cuyo impacto se escucha en el fondo del cuarto del hospital donde Sama y sus padres malviven, y ante ellos Sama busca con curiosidad el origen de ese ruído. En otros muchos momentos es el doctor al-Kateab quien enardece de brío esperanzador escenas que parecen polutas con aire de muerte. Es él quien lidera al equipo médico de voluntarios y el que, por un visible amor a una Siria libre, se empeña en quedarse para ayudar a los más de seis mil heridos en los 20 días más oscuros del sitio al que Alepo se vio sometida.

La historia varía en la medida del va y viene de la guerra. También sus protagonistas. Las sonrisas del doctor al-Kateab, cuya jovialidad es notable en las primeras escenas en cámara, se borran ante lágrimas de desesperación dado lo que parece ser el fin en forma de misil. Su esposa, quien se muestra activa y frentera en el manejo de cámara durante las protestas contra el régimen, sucumbe ante el miedo y permanece resguardada por días en la habitación del hospital, cuidando a Sama. Una pareja amiga de la familia, y que en los momentos más crudos de los bombardeos matiza con chistes una realidad negra, se quiebra al final con el inevitable exilio. Sama, la bebé que lleva en sus pocos meses de vida los horrores de una guerra, crece rápidamente, como queriendo poder salir de allí por sí misma.

Ante la presencia numerosa de documentales intimistas, Para Sama (For Sama, Waad al-Kateab y Edward Watts, 2019) logra adaptar con certeza y sin cautela esta mirada narrativa de no ficción al contexto bélico. Waad al-Kateab ha afirmado que decidió empezar a registrar lo que sucedía en las calles de Alepo ante la nula información entregada por los medios masivos. Ahora exiliada con su familia en Inglaterra, Al-Kateab organiza asociaciones que llaman a boicotear cualquier ataque violento a hospitales en Siria y en otros países en conflicto.

La guerra en Siria aún es un conflicto sin fin, y la atención médica a las víctimas se ha agravado notoriamente con la llegada de la pandemia del COVID-19. Es por esto que Para Sama es también un contundente asomo a la fatigante, inacabable y poco remunerada labor del personal médico en tiempos de crisis. Las imágenes del horror son rutina para el personal médico, y el tratamiento que este documental hace de ellas consigue incomodar la mirada y atraer la atención sobre los que custodian la vida humana cuando la muerte acecha, los verdaderos héroes de las sociedades.


Juan Merchán es periodista cultural y docente. Estudia la maestría en Periodismo de la Universidad de Columbia Británica. Ha escrito columnas sobre cine para periódicos como El Pueblo de Cali y el Nuevo Liberal de Popayán, y ha colaborado con medios como El Narratorio, El Espectador, La Caída y Sinestesia. Participó en la compilación Like a Rolling Stone: Historias y perfiles sobre estrellas de rock (2017) con una crónica sobre Jimi Hendrix.