Loco fin de semana 2: El economista atac

Loco fin de semana 2: El economista ataca al encuerado y al vulcanólogo

Por | 8 de agosto de 2019

Sección: Opinión

Temas:

No se aceptan devoluciones (Eugenio Derbez, 2013).

En cuenta de aparente “denuncia” sobre temas cinematográficos, el administrador de la misma acusa a este “parvulito” colaborador de una vez más meter la pata en temas que desconoce, como apoyar al “dipustripper” (sic.). ¡Qué divertido! Respondo [entre corchetes] a quien dicen se ostenta como economista y cineasta. Y por ello me quito el sombrero.

»Neófito en temas de economía, administración y mercadotecnia; o sea, en nociones elementales de industria y comercio [se agradece el autorretrato de cuerpo entero; ‘cho gusto], el opinólogo [epíteto para descalificar a quien dice algo que no gusta a las corrientes fascistas de pensamiento único] Coria justifica lo defendido por el diputado Mayer en cuanto a que la situación de baja afluencia a ver películas mexicanas es debida a una cuestión de gustos y, por tanto, de demanda [lo que es un hecho, según cifras declaradas por la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica]. Que en nada beneficiaría obligar al dupolio a que dedique una mayor cuota mínima de exhibición a las películas nacionales [lo sostengo: cuando hubo monopolio, la Compañía Operadora de Teatros, nunca en nada benefició la cuota obligada al cine nacional, menos entre los 1960-1990; el tema está documentado con estadísticas que nuestro aritmético amigo desconoce]…

»Coria demuestra su ignorancia en temas elementales [más bien nuestro improvisado premionobel, puesto que confunde un bien intangible con mercancía tangible]. El precio de los productos es uno de los principales factores que favorecen o limitan la decisión de compra de un producto o servicio [no aplica a cine, porque el precio del boleto es igual para una película nacional que para una extranjera]. Cuando hay dumping [re-sic.: anglicismo aceptado que manejan correctamente los economistas con conocimiento; los esnobs lo esgrimen para ocultar su ignorancia sobre el mismo] y el precio de ciertos productos (películas gringas de importación) se ofrece a la cuarta parte promedio de la dada en su país de origen [qué disparate equiparar economías disparejas: el PIB en México es de 1.5; en EU, de 19.39; pero aquí ver Avengers-Endgame (Marvel, 2019) o Solteras (Luis Javier M. Henaine, 2019), cuesta lo mismo, 4 dólares por cráneo; a su vez, cuando No se aceptan devoluciones (2013) se estrenó en Estados Unidos, el público pagó el mismo precio que cualquier producción local –que los resentidos llaman “gringas”-, o sea, el boleto costó alrededor de 12 dólares, por esto el señor Derbez, productor, regresó a México con 44,467,206 dólares, sólo de exhibir en E.U. y hasta donde mi ignorancia lo permite, no hubo denuncias de dumping], entonces la demanda se altera [falso: la gente ve sólo las películas que le interesan], deja de ser libre [curioso: el espectador en México siempre ha sido libre de elegir qué ve; es una política mediocre y chovinista buscar imponer cómo, cuándo y con qué divertirse], se vuelve objeto de manipulación y control [en la mente de febriles economistas de Academia Pato –ahora Ganso], violando los derechos que tienen los productores locales a desarrollarse sana, equilibrada y legítimamente [la cursi frase tendenciosa supuestamente se sostiene en lo que significa dumping, competencia desleal, inimputable a una película pero sí a unos huaraches: hechos de piel en México costarían 350 pesos, hechos en plástico en China, mismo modelo, costarían 70 pesos; aquí sí se afecta al productor nacional que hace mejores huaraches pero que compite contra unos de baja calidad y baratos. Tal argumento, pues, no se puede achacar a un bien, como una película o un libro, porque, sean de autores nacionales o extranjeros, el consumidor paga el mismo precio; de hecho al ser menos costosas las producciones nacionales que las internacionales, las primeras se benefician más. De nuevo el ejemplo del señor Derbez es ilustrativo: su película costó 5 millones de dólares; recaudó mundialmente 99,067, 206 dólares: un negociazo. Hay más ejemplos como éste de éxito en taquilla, pero los economistas de cantina no lo ven porque se rompe la cuadratura de su círculo, así que mejor ignorarlo y lanzarse a ladrarle al primer coche que pase, en este caso mi “opinión”]…

»Esa clase de “demanda” no debe ser defendida, señor don Coria [gracias por la instrucción pero declino acatarla, herr kommissar]. Es lamentable que un académico [“¡académico Hayek no contradiga al académico Keynes!”…. ‘sea payaso] se transforme en corista iletrado [el burro hablando de orejas] de un stripper [ganas de desacreditar al malo designado de la película aunque tenga razón] que ha vendido sus facultades legislativas al mejor postor [¡ah dió!, ¿no el pleno del Senado aprobó con 114 votos a favor, cuatro en contra y tres abstenciones, el T-MEC, el 18 de junio por órdenes de YSQ, como lo confirma su publicación el 29 de julio? Lo que es atacar con la rapidez de los pulgares pero no del cerebro. De nada]».


José Felipe Coria colabora en El Universal y es maestro del INBA. Es autor de los libros El señor de Sombras (1995), Cae la luna: La invasión de Marte (2002), Iluminaciones del cine mexicano (2005), Taller de cinefilia (2006) y El vago de los cines (2007). Ha colaborado en medios como ReformaRevista de la UniversidadEl País y El Financiero.