Ucronía y multiversos: Presentes de la

Ucronía y multiversos: Presentes de la ciencia ficción 2

Por | 13 de marzo de 2019

El hombre en el  castillo (The Man in the High Castle, Frank Spotnitz, 2015 a la fecha)

Henry Tandey tuvo en la mira, no sólo la vida de un agotado soldado en retirada, sino la de más de 20 millones de personas. En un atisbo de piedad y empatía, Tandey bajó su rifle y dejó ir al soldado austriaco que, años mas tarde, encabezaría el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y desataría la guerra más cruenta y atroz en la historia de la humanidad.

Si el soldado inglés, cumpliendo su deber, hubiera puesto la bala en el entrecejo de Hitler, ¿la historia de la humanidad a partir del siglo XX hubiera cambiado? ¿Cuántos millones de vidas hubieran continuado su curso? O, ¿a pesar de que el soldado en retirada hubiera caído fulminado en batalla, la Segunda Guerra Mundial habría ocurrido?

¿Es posible que un evento pueda cambiar el curso de la historia o no importa la alteración de eventos, el destino está escrito y no hay manera de cambiarlo? Los dados caerán tarde o temprano con la combinación indicada para enfrentar la fortuna o la desgracia que nos espera.

Isaac Asimov, en su estupenda novela El fin de la eternidad, describe un evento que denomina “El cambio mínimo necesario” (CMN), en el que propone que, para alterar la historia, el evento de cambio debe ser de cierta magnitud, de lo contrario, la historia no se modificará. Es un planteamiento opuesto al llamado “Efecto mariposa”, el cual propone que el mínimo aleteo de un artrópodo puede tener consecuencias en destinos apartados y distantes. Por ejemplo, si Hitler hubiera entrado a la Academia de Artes de Viena, el cambio no hubiera sido drástico, como su muerte en batalla, por lo que, aún con una sucesión de hechos diferente, finalmente habría llegado a liderar el partido nazi con las funestas consecuencias conocidas. La historia no se habría alterado.

Existe un grupo de obras en la literatura y el cine que imaginan una historia alterna a la conocida, si determinados eventos hubieran sido distintos; a este grupo de historias se les llama ucronías, término acuñado por el filósofo francés Charles Renouvier en el siglo XIX, formado a partir de las raíces griegas οὐ [], que significa no, y xpóvoς [chrónos], que significa tiempo: un tiempo que no existe, en clara alusión al término utopía, creado por Tomás Moro en 1516. Así, Karine Gobled y Bertrand Campeis definen a la ucronía como «una reescritura de la historia a partir de un punto de divergencia preciso».[1] Otros términos también utilizados son: “historias alternas”, “historia contrafactual”, “historia ficticia” y “utopía histórica”. Las ucronías pertenecen al género de la ciencia ficción porque pretenden dislocar una historia conocida e introducir un hecho divergente sobre un contexto conocido, como definía Darko Suvin: «Lo extraño conocido».

Entre los temas más recurrentes en el cada vez más amplio catálogo de historias alternas está cómo sería el mundo si los nazis hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. Uno de los trabajos más destacados sobre este hecho histórico surge de la mente de Philip K. Dick, en su novela El hombre en el castillo. Y la plataforma Amazon Prime ha tenido el acierto de producir una serie basada en ella.

No se trata de una historia fácil de contar debido a que no hay espectáculo evidente, como suele ocurrir en la ciencia ficción. La historia no versa sobre estrategias militares, ni recrea escenas en el campo de batalla: son el misterio y el suspenso los que enmarcan el momento en que Alemania y Japón se han repartido Estados Unidos –el primero la costa este y el segundo la costa oeste–, dejando un territorio libre en las montañas Rocallosas llamado “la Zona Neutral”. La serie tiene tres pistones narrativos que se alternan para impulsar la historia. El primero nos presenta el mundo cotidiano en el que vive el pueblo estadounidense bajo los régimenes japonés o nazi, según el territorio, las costumbres que han adoptado, las reglas de convivencia entre opresor y oprimido, en fin, el sincretismo cultural que se ha ido formando después de más de quince años de ocupación de dos de las potencias del Eje. El segundo es la tensión entre Alemania y Japón por liderar la hegemonía del mundo, una guerra fría en territorio estadounidense en la que ambas potencias protagonizan la carrera por desarrollar la bomba H, la cual será el fiel de la balanza que decidirá quién manda en el planeta. La diplomacia entre las dos potencias avanza sobre hielo muy delgado, que se quebrará en cuanto una de las dos logre la terminar la bomba. El perdedor de la carrera, otrora aliado, se convertirá, instantáneamente, en recuerdos y cenizas. Los nazis llevan la delantera, pero el cuerpo de inteligencia japonés es hábil y no se dejará superar fácilmente. Al mismo tiempo se nos presenta la relación de dos culturas históricamente poderosas, de recia personalidad, carácter firme y determinado, ambas practicantes de la disciplina extrema, implacables ante los errores de su propia gente. La política y la diplomacia entre las dos naciones se esgrimen de manera elegante y precisa, cualquier paso en falso, cualquier sobrerreacción, pondría en alerta al enemigo. Alemania y Japón se observan día y noche atentos ante cualquier acto o dicho que altere la tensión del aire que comparten, al tiempo que apagan cualquier intento de rebelión por parte de sus respectivos súbditos norteamericanos.

El tercer pistón es el que da potencia a la historia: la introducción de un objeto conocido y extraño: conocido, porque son carretes con películas cinematográficas, extraño porque su contenido muestra una realidad alterna a la vivida por los conquistados, películas que podrían ser sólo recreaciones actuadas, se convierten en el objeto del deseo, tanto de los nazis, como de los japonenses y los guerrilleros insurgentes: opresores y oprimidos buscan la posesión de las cintas e indagan los orígenes de su contenido, que a unos conviene y a otros perjudica. Las cintas son el cofre de misterios que alimenta la serie, primero por su contenido, segundo por su origen: ¿quién y cómo las filma? Los escenarios y personajes son conocidos, pero nadie está enterado del momento en que se realizaron. ¿Cómo es que se filtran esas películas?, ¿quién las pone a disposición de la resistencia?, ¿cuántas hay?, ¿cuál es su fin? Las cintas contienen material subversivo porque muestran una realidad inversa en la que Alemania y Japón perdieron la guerra, mientras que Estados Unidos se alza libre, poderoso y hegemónico. Ante este hecho las cintas deben ser destruidas para no inspirar a los rebeldes.

Además, El hombre en el castillo (The Man in the High Castle, Frank Spotnitz, 2015 a la fecha) introduce otro enigma de naturaleza mística y metafísica: el I Ching, ese legendario oráculo chino cuyos practicantes utilizan para conocer, al menos, por dónde sopla el viento del destino. El ministro de comercio japonés es un viejo experto en la técnica de consulta del I Ching, pero los designios de las varillas que arroja para leer el oráculo son cada día más desconcertantes. Como si el I Ching diera pistas del destino, pero no de la realidad a la que corresponde.

Guerra fría, múltiples realidades filtradas a través de filmes clandestinos y destinos discordantes insinuados por el I Ching se alternan para propulsar la serie, que avanza sobre una trama central en la que un grupo insurgente busca derrocar a sus dictadores, brutal tarea cuando se trata de rebelarse ante espíritus inquebrantables como el japonés y el alemán, ambos despiadados e implacables ante cualquier acto de insurrección. La historia está a cargo de una heroína de arrogancia y belleza irritantes, quien añade algunos clichés de traición y desamor siempre útiles en tramas de suspenso. La sospecha de que puede existir otra realidad en otra dimensión ya sea una imaginada o plasmada, a saber cómo, en celuloide, empieza a incrementarse en diferentes círculos, tanto de la inteligencia nazi, como japonesa, como en la de los rebeldes. En especial cuando el ministro de comercio japonés descubre cierto poder para abstraerse de su realidad y visitar mentalmente otra, que más que un sueño nebuloso, parece un recuerdo tangible.

Las ucronías parecen cercanas a la fantasía, en esa categoría podemos apreciar una historia ucrónica como un ejercicio imaginario, que además de entretener, aporta elementos para entender eventos que marcaron la historia del mundo, la realidad que vivimos y el posible porvenir. Los autores Karine Gobled y Bertrand Campais comentan que los historiadores la utilizan para mostrar que la historia no es necesariamente fija y que puede tomar otros derroteros positivos o negativos. Muchas veces es la casualidad la que determina la historia y no la sabiduría o la ineptitud de los actores involucrados. Por otro lado, continúan los autores, también puede usarse para los fines que el autor desea, por ejemplo, para denunciar alguna injusticia histórica; para acercarse al ámbito de la utopía, donde se busca un mundo mejor o donde se plantea una advertencia que pone en perspectiva lo cerca que estuvimos de habitar otra realidad o lo cerca que estamos de llegar aún a otra, a la que no tenemos planeado dirigirnos.

El tema de las ucronías transita de lo interesante a lo perturbador, cuando nos enteramos de que más allá de los ejercicios históricos, utópicos y sociológicos que nos proponen, los científicos ya formulan teorías sobre la posibilidad inminente de los universos paralelos.

Las teorías sobre universos paralelos incluso parecen más factibles que las de los viajes en el tiempo. «Living in a Parallel Universe», episodio de la serie documental Naked Science (Malcolm Clark, 2011) trata de explicar cómo a través de la mecánica cuántica es posible que una partícula está en dos lugares a la vez. Como los humanos, la tierra y el universo, están hechos de partículas, los científicos se preguntan si nosotros también podríamos estar en dos lugares a la vez, y por tanto protagonizar dos o más realidades, de manera paralela y, cada una con una explosión de futuros probables que, igualmente, crearán más racimos de realidades posibles, laberintos inextricables de mundos y realidades paralelas para perderse en la eternidad. La doctora Laura Mersini-Houghton explica mediante la teoría de la “inflamación eterna” cómo el fenómeno del Big Bang no es único, sino que ocurre una y otra vez creando múltiples universos, pero además afirma que, mediante una radiografía térmica tomada por la NASA se puede observar una “grieta” en nuestro universo que muestra la huella de la explosión de otro Bing Bang. De manera que posiblemente, en el universo vecino, hay otro tú que tal vez sea quien escribe este texto, mientras el que escribe, tal vez, esté mandando a la hoguera a un científico loco que afirma la existencia de universos paralelos, al tiempo que el científico huye para formar un partido político a través del cual dominará primero su realidad y luego una paralela, donde apresará al escritor inquisidor que pretendió censurar su teoría sobre universos paralelos.

Es así como saltamos del mundo de la imaginación histórica, al universo de la física cuántica, –parafraseando a Borges– el de los destinos que se bifurcan y se multiplican. Y es justo con este tema donde El hombre en el castillo, ofrece la vuelta de tuerca más osada: una donde los nazis ya no tienen la mediocre y limitada idea de conquistar el mundo, sino de conquistar, todos los mundos.


Mario Todd es autor de la novela Hipermnesia (2013). Estudió la maestría en Estudios de Ciencia Ficción en la Universidad de Liverpool. Ha colaborado en revistas como Conozca Más, Replicante e Indie Rocks!


[1] Karine Gobled y Bertrand Campeis, Le guide de l’uchronie, ActuSF, París, p. 22.