El Eternauta: Apuntes sobre la marcha

El Eternauta: Apuntes sobre la marcha

Por | 7 de julio de 2025

Horacio González decía que en El Eternauta de Héctor G. Oesterheld[1] los héroes no preexisten a las dificultades que deben superar para sobrevivir, sino que se hacen sobre la marcha. Eso está también presente en la serie de Bruno Stagnaro, que reversiona la historieta original, en muchos de los personajes principales, pero no, en principio, en Juan Salvo, quien cuando empieza la historia ya es un héroe, o lo fue, más bien, hace ya bastante, y lo suyo es entonces un camino de redescubrimiento. En la serie (El Eternauta, 2025…), Juan Salvo (Ricardo Darín) más que hacerse, se rehace y se deshace, recupera sus habilidades poco a poco pero también de repente se extravía, y el extravío es al mismo tiempo su potencia y su debilidad. De manera que una nueva guerra contra el enemigo invasor (otro enemigo esta vez, otro invasor) lo pone de nuevo en acción. Pero la acción ya estaba en la historia del personaje, del excombatiente.

Dicho sea de paso, uno de los elementos más interesantes de la serie es el modo en que se presenta la figura del excombatiente de Malvinas, un hombre al que no le fue tan mal como a otros después de todo, pero que por eso mismo debe luchar contra su ideología pequeñoburguesa, contra su mezquindad, para reincorporarse y hacerse uno más en la lucha. Es en todo caso en este sentido, contra sus propias limitaciones ideológicas, que el héroe Juan Salvo se hace en la serie sobre la marcha.

Según Juan Sasturain, el Juan Salvo de la serie está mucho más cerca del protagonista de la parte II de El Eternauta de Oesterheld, en el sentido en que se trata de un personaje que, a diferencia de lo que ocurre en la primera parte, ya tiene un saber, ya es portador de una memoria que lo singulariza. Y que lo vuelve, si se quiere, más responsable respecto de las vías de la resistencia. Digo de la resistencia, y no de la revolución, palabra más bien sustancializada con el paradigma de la izquierda setentista, pero virtualmente desactivada en la actualidad latinoamericana. Aunque, de nuevo, es un saber que, sobre la marcha, Juan Salvo tiene que recuperar, tiene que redescubrir, en una encrucijada que, como no es raro que ocurra en la narrativa de ciencia ficción, borra de un plumazo las formas de la vida cotidiana de la faz de la tierra. ¿Qué quieren los personajes de la serie? ¿Qué quiere este héroe colectivo en su reversión actual? Es obvio que no puede querer volver a esa normalidad perdida porque ahí cada uno funcionaba como individuo atomizado. El paso a la resistencia los modifica, los colectiviza, y por eso la cosa no puede quedar en mera resistencia, en mero espíritu de conservación. Pero, ¿están dispuestos a una revolución? Y en tal caso, ¿a qué clase de revolución?

Horacio González decía también que conviene pensar El Eternauta junto con Operación Masacre[2] porque las dos historias tienen como punto de partida la irrupción de un suceso inesperado que altera radicalmente la vida cotidiana y porque se trata de dos monumentos culturales muy próximos en el tiempo y en el espacio en que fueron producidos. Cabe preguntar entonces en relación con qué habría que pensar la serie de Bruno Stagnaro (Buenos Aires, 1973). Por lo pronto, digamos que, por el impacto que tuvo la serie en la escena pública argentina, casi no se la puede pensar sino en relación con el contexto en el que aparece como apuesta estética y como intervención política. «La oposición, los obreros de paro, los curas villeros encontraron en El Eternauta, artefacto cultural de la resistencia peronista, un contradiscurso para oponerle a la narrativa oficial de la motosierra», dice Martín Gambarotta. La frase es interesante porque remite al mismo tiempo a la historieta y a la serie, a la primera como artefacto de la resistencia peronista y a la segunda como contradiscurso de la narrativa oficial actual, y a la primera como fuerza histórica que reactiva el espesor político de la segunda.

Ahora bien, opositores, obreros de paro, curas villeros: que tantos sujetos en estado de resistencia precaria hayamos encontrado en la serie un discurso contra la narrativa oficial habla de la eficacia de la serie como artefacto cultural, o de las debilidades del discurso de la política actual en cuanto a sus capacidades para expresar demandas sociales y para reconfigurar la escena pública, o sobre las dos cosas a la vez. Con todo, pensar la serie, junto con su contexto de aparición, en términos de contradiscurso, es una hipótesis a la que suscribo. Las máscaras antigases de los que logran no morir ni ser capturados por el enemigo, contra la motosierra y los gases lacrimógenos de la ultraderecha neoliberal, los cuerpos que sobreviven contra o a pesar de la violencia oficial.

Recapitulemos: Juan Salvo se integra y se hace uno más en la lucha, incluso si tiene un saber previo que lo singulariza. Tiene que recuperar sus habilidades y convertirse en combatiente una vez más. Mientras que, quienes lo rodean, adquieren matices heroicos sobre la marcha. Ahora bien, a casi todos, a Juan Salvo y su pandilla, les pasa más o menos lo mismo: sólo se vuelven héroes, sólo se integran en la resistencia, en la medida en que logran superar el individualismo que los atraviesa y sobre el que, antes de la invasión, no se cuestionaban aparentemente demasiado. El primer enemigo del héroe colectivo no es el enemigo externo, sino la ideología de cada uno de sus integrantes como individuo. Es quizás en este sentido que la serie, en tanto que reactivación de la potencia contradiscursiva de la historieta, se vuelve incisiva.


Mariano Carreras es Profesor y Licenciado en Letras, graduado de la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente cursa  la Maestría en Literaturas Española y Latinoamericana. Es docente de Literatura y Prácticas del Lenguaje en escuelas secundarias de la Provincia de Buenos Aires. En el 2022 publicó de manera independiente el libro de cuentos Dragón. Escribe crítica literaria y cinematográfica y es colaborador en distintos medios.


[1] Héctor G. Oesterheld, El Eternauta: Memorias de un navegante del porvenir, serie publicada de tres en tres páginas en la historieta colectiva semanal Hora Cero, números 1 a 106, Editorial Frontera, Buenos Aires, 1957-59.

[2] Rodolfo Walsh, Operación Masacre, Ediciones Sigla, Buenos Aires, 1957.