El lobo detrás de la puerta

El lobo detrás de la puerta

Por | 1 de julio de 2014

El lobo detrás de la puerta (O Lobo Atrás da Porta, 2014), el primer largometraje de Fernando Coimbra parte de la reconstrucción testimonial de dos trayectos trazados sobre las líneas de un triángulo amoroso. Un preámbulo policiaco conecta los tres puntos de la intersección después de que se ha cometido un crimen en la periferia de Río de Janeiro. La hija de Sylvia (Fabíula Nascimento) y Bernardo (Milhem Cortaz) fue secuestrada y la principal sospechosa es Rosa (Leandra Leal), amante del segundo.

A partir de los interrogatorios, la película va develando las versiones de los involucrados. La de Bernardo es la más corta, la que en una línea recta transitó motivado por el calor de una pasión que en su matrimonio permanecía apagada. Y la de Rosa, que siguió un camino más complejo, pues en su desorientado deambular terminó por perderse a sí misma, y, además, unir los dos puntos restantes. Desde la representación visual de este enredo sentimental, el director Fernando Coimbra (Ribeirão Preto, Brasil, 1976) coloca a los personajes en escenas que enfatizan los juicios de cercanía y lejanía que conforman su relación: una mirada estática y próxima a sus rostros durante el acto sexual; una mirada que persigue las acciones de ambos cuando ella lo llama por teléfono mientras él la observa a la distancia; y la elección de privilegiar la posición de cada uno ante la cámara, según evoluciona el relato. La cámara llega y se va, acompaña y se desprende de los protagonistas con movimientos naturales que permiten dar soltura al desarrollo de la historia.

El personaje de Rosa termina por conducir la mayor y más interesante parte de la película. Un personaje complejo que camina entre la frontera de víctima y victimario. Una mujer seducida por una engañosa ilusión que, poco a poco, fue avivando dentro de sí; sin embargo, y en sentido opuesto a sus deseos, su aparición terminó por revivir el fuego muerto del matrimonio. Este lobo entró por dos puertas: por un lado, la satisfacción carnal de Bernardo, iniciada con su encuentro casual en la estación de trenes; y por el otro, la intrusión dentro de la vida de Sylvia, que escondía detrás la intención de sustituirla como esposa de Bernardo.

Un guiño de lo que representa el personaje de Rosa lo podemos encontrar en forma de corazón que porta durante la película; un símbolo que podríamos clasificar de demasiado trillado pero colocado en la historia muy sutilmente. Rosa es una mujer enamorada, pero sus emociones se encuentran acorraladas por su condición de amante. Al verse imposibilitada para disfrutar de su enamoramiento busca una fuga, pues la pasión encuentra la forma de escapar a través de formas siempre inesperadas. Y así como no da miedo admitir que se está enamorada, por qué sentirse arrepentida de reconocer los sentimientos que le fueron negados y después arrebatados por el propio Bernardo, ese otro lobo que, en un intento cobarde y desesperado le arrancó del vientre al hijo que concibieron. ¿Será que el crimen de Rosa es más bien un reclamo de esos sentimientos robados? Ella acepta su culpabilidad, no para ser juzgada por su delito, sino para validar sus sentimientos frente a sus acciones.

El director se inspiró en una nota periodística sobre un crimen pasional. Un hecho que, aislado de la ficción, no deja mucho para señalar a otros culpables que no sean los corazones rotos (con mente rota) transformados en asesinos. Pero en la película, ¿quién es el lobo? Rosa es culpable, pero también lo es Bernardo. Sin embargo, éste también pasa desapercibido en la resolución final –aunque no exento de su “kármico” castigo. Él también es ese monstruo escondido detrás de la puerta, sin embargo, se empeña en mantenerlo encerrado, ocultarlo e incluso eliminar cualquier señal de su existencia.

Con Rosa, la puerta se abre para sustraer de la oscuridad al humano detrás del lobo. Esa oscuridad que no da atisbo de su presencia, que se esconde en las fauces de la infidelidad y el amor, de la pasión, y la muerte, del miedo y la venganza, de cosas humanas, pues, y que sólo necesita de una conveniente preposición para salir a la luz.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 9, verano 2014, p. 44) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional. En la versión original, la película apareció como Un lobo en la puerta, su título de exhibición en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2014.

Este texto fue actualizado el 24 de agosto de 2017.


Israel Ruiz Arreola es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México. Actualmente forma parte del equipo editorial de la Cineteca Nacional desempeñándose como investigador especializado.