Niños contra verosimilitud o Gracias a

Niños contra verosimilitud o Gracias a la familia Kelly

Por | 22 de Marzo de 2017

Quiero agradecer la confusión de Robert Kelly cuando sus hijos entraron a echar a perder su comentario sobre Corea en la BBC y nos recordaron la vida real. Al igual que todos o casi todos ustedes me reí y me apiadé del hombre y del conductor que no supieron manejar una situación que hubiera podido resolverse con un muy británico «Hello, darling! Daddy is on the telly. Will you let me/him work?» y quizá sentando a la pequeña Marion en las piernas mientras seguía la entrevista. Sólo que lo más seguro es que ni ustedes ni yo hubiéramos resuelto el problemita con mayor soltura. Y esa es la belleza del asunto.

El video de la familia Kelly se hizo viral como miles de otros videos que se han desprendido de la televisión o que han sido cargados directamente en redes sociales. Su particularidad está en que la confusión de Kelly, de su esposa Kim Jun-a y del presentador de la BBC muestra un hueco enorme en el sistema televisivo, y en términos más amplios, en los mensajes transmitidos en los medios de comunicación.

El formato televisivo por excelencia es el noticiero, donde todo está perfectamente calculado en tiempos (porque cuesta) y donde se hacen cortes constantes en la cámara, de modo que se pueda escapar a los errores o a las pequeñas irrupciones de lo cotidiano. (Los noticieros se ocupan de la “actualidad”, no de lo cotidiano.) Parte de la imagen de seriedad de los noticieros está en el control de todos y cada uno de los detalles abarcables. Y de repente había dos escuinclitos en la BBC: una niñita payaseando y un bebé persiguiendo a su emocionante hermana mayor.

A nadie se le escapa que este pequeño “error”, engrandecido por azar y simpatía, se ve más grande por haber ocurrido en la BBC, que es probablemente la última televisora con crédito, además de ser muy seria. No hay nada que agregar, así que volvamos al hilo principal: el video de la familia Kelly evidencia un hueco en el aparato mediático.

Decía que ese socavón supera lo televisivo. Pongamos el énfasis en las imágenes subidas a las redes sociales. Ni cuando son feas se trata de imágenes descuidadas. Hay una preselección (una edición) de lo que se fotografía o filma antes de subirse y hay una producción posterior, aunque esté delimitada por las posibilidades de los programas a los que ahora llamamos aplicaciones. Hay quien toma grandes cantidades de fotos hasta conseguir algo parecido a lo que busca, por dar un solo ejemplo. Ese cuidado de la “calidad” es un reflejo aprendido de los medios del siglo XX: todo tiene que estar bajo control para verse profesional y así ser verosímil.

Lo verosímil, lo similar a lo verdadero, es más real que lo real porque refuerza la ilusión existencialista y voluntarista de que podemos tener el sartén por el mango, es decir, refuerza el mito más potente de la humanidad: que el mundo puede ser dominado, o domado, porque no sobrepasa las posibilidades del hombre. Esta ilusión es el alfiler sobre el que se sostienen los mensajes testimoniales y documentales con los que nos relacionamos día con día. Y, bueno, los niños siempre irrumpen el espacio adulto cuando abren la puerta e imponen su autenticidad corpórea y telúrica, más contingente que los miles de mensajes que compartimos y que nos parecen tan relevantes. Juegan mejores juegos que los nuestros. Creo que por eso nos reímos tanto hace unos días. Marion y James Kelly, sin saberlo, son los héroes del año: dinamitaron media docena de mitos y unos cien años de ideas hechas sobre los medios en diez segundos.

Gracias por leerme. Voy a ver cómo va la tarea y a preparar la cena.


Abel Muñoz Hénonin edita Icónica e imparte clases en la Universidad Iberoamericana y en la Escuela Superior de Cine. Coordinó junto con Claudia Curiel los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014). @eltalabel