Te prometo anarquía

Te prometo anarquía

Por | 4 de agosto de 2016

Te prometo anarquía cuenta la relación amorosa entre Miguel (Diego Calva) y Johnny (Eduardo Martínez), dos skaters de la ciudad de México que trabajan traficando con sangre humana. El complicado idilio homosexual entre estos jóvenes transcurre en un permanente ir y venir por calles, plazas públicas, avenidas, puentes vehiculares, hoteles, mercados, etc. Sus patinetas terminan siendo una extensión de ellos mismos, con las cuales transitan como células por las gruesas venas de asfalto de la capital. Además del íntimo mundo del skate, sobre este par de vampíricos amantes también sobrevuelan vagoneros, pasajeros del transporte público, empleados de un salón nocturno y hasta narcos. Por último, hay en la película un lenguaje que brilla por su soltura y naturalidad, dando rienda suelta a la lengua defeña, mexiqueña, o como sea que ahora se le llame. Parte de ese logro se debe al casting que llevó a cabo el director vía Facebook para encontrar a sus dos protagonistas, quienes aun sin ser profesionales consiguen entregarnos a un par de personajes que se sienten tan reales como las calles sobre las que ruedan. En resumidas cuentas, Te prometo anarquía (2015) sabe, huele y se escucha fielmente a la Ciudad de México.

El tema de la venta de sangre es más un vehículo argumental que el núcleo de la película. Y lo que será el punto de tensión más alto terminará por fracturar la relación de los jóvenes y, de paso, la película entera: Miguel y Johnny harán negocios con el crimen organizado. El trato: conseguir 50 “ordeñados” a cambio del triple de paga. Pasado ese momento, la historia se desarma para mostrar el devenir de cada uno según su propia naturaleza: Johnny, mona en mano, es el escurridizo y valemadrista que escapará sin despedirse rodando por la autopista hacia quién sabe dónde; Miguel, el mesurado, negociador y más enamorado de los dos cargará, literalmente, con el recuerdo de su amor una vez instalado en Estados Unidos. Es precisamente este epílogo el que se siente demasiado alejado de lo que hasta ese momento había sido la construcción narrativa. Sin embargo, eso no significa que esté completamente fuera de lugar. Te prometo anarquía es, en realidad, la historia del triángulo amoroso entre Miguel, Johnny y la ciudad que abandonan. Una vez separados, las distancias entre ellos son tan súbitas y tan palpables, que uno quisiera reclamarle a Julio Hernández Cordón (Raleigh, 1975) el no haber sido más meticuloso en la confección del desenlace. Pero lejos de menospreciar sus decisiones, lo que más sorprende del quinto largometraje del director es su capacidad para retratar ese aire apestoso de la Ciudad de México, sus rincones más oscuros, mugrosos y, sin embargo, aún bellos.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.

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