Spring Breakers: Viviendo al límite

Spring Breakers: Viviendo al límite

Por | 1 de julio de 2013

Rayos solares bañando a una multitud de torsos desnudos; arcoíris de bikinis bailando sobre la dorada arena; cascadas de alcohol refrescando rostros llenos de júbilo; y vibrantes glúteos que se mueven al compás de pesados beats dubstep conforman el orgásmico cuadro que sirve de introducción a Spring Breakers.

La visión que Harmony Korine (Bolinas, 1973) tiene sobre Estados Unidos nos ha llevado por decadentes y morbosos capítulos de la sociedad norteamericana, ya sea en los suburbios con los deplorables especímenes de Julien Donkey-Boy (1999) y Trash Humpers (2009) o en la conformación de identidades a partir de figuras de la cultura pop en Mister Lonely (2007). A diferencia de sus anteriores trabajos, donde la empatía jugaba un papel fundamental en la presentación de los personajes y permeaba una estética de lo bizarro, en Spring Breakers el director observa desde el exterior a una generación que gira sobre sí misma, ajena a todo tipo de aspiración trascendental y abanderada por cierto nihilismo cultural y social.

Faith, Candy, Brit y Cotty (Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Ashley Benson y Rachel Korine), cuatro universitarias atrapadas en el tedio y la insatisfacción, reúnen el dinero para escapar a la playa y unirse a la celebración de las vacaciones de primavera. El capricho las lleva incluso a asaltar un comedor para cumplir su meta. Una vez dentro de la fiesta y sus vertiginosos excesos, las chicas serán rescatadas de la policía por Alien (James Franco), un rapero y narcotraficante que las insertará en una vida de lujos y violencia. A medida que se adentran en las noches neón de su nuevo mesías, conocerán el verdadero propósito de su viaje en este paraíso artificial, donde el cielo y el infierno convergen en el mismo plano.

El primer ángel caído es Faith, para quien la vacación tiene un significado más profundo, casi espiritual. Tomando literalmente su nombre (fe en español), Korine pone en evidencia la devoción hacia un estado de satisfacción eterna. Al no identificarse con la religión y sus doctrinas, Faith encuentra en compañía de sus amigas un edén a orillas del mar. Sin embargo, el diablo es humano y siente atracción por ella.

¿Qué sueñan los estadounidenses hoy en día? Los valores, la superación y la felicidad se diluyeron en un pasado que las nuevas generaciones desconocen. El hedonismo y el poder son el nuevo estandarte del sueño americano. El mismo Alien lo afirma cuando presume a sus discípulas sus posesiones y tesoros materiales: «Este es mi sueño, lo hice realidad. ¡Este es el maldito sueño americano!». El dinero y la violencia son los motores que dan sentido a la existencia, o mejor dicho, dan placer a la existencia. Nietos del capitalismo y el consumismo, los ídolos pop ocupan un lugar clave en su concepción de la realidad. Basta recordar la escena con las chicas –cubiertas por pasamontañas rosas y armas en mano– bailando angelicalmente una canción de Britney Spears.

El hecho de que dos estrellas infantiles de Disney (Gomez y Hudgens) ilustren este espejismo de lo superficial, refuerza la visión del director sobre el estado de la actual juventud americana, el cual podemos decir que se extiende a otras que han copiado su modelo en diversas latitudes. La vida de estas frenéticas adolescentes está entregada a desbordantes pasiones, y lo confiesan en las llamadas telefónicas que sostienen con sus invisibles familias. No son explícitas pero sí sinceras con lo que sienten. El recurrente sonido de corte de cartucho entre escenas es un indicio del destino que espera a este grupo de explosivos personajes.

«Spring break por siempre» es el rezo que Alien repite constantemente para mantener viva la falsa ilusión de gozo y libertad. «Spring break por siempre» es el anhelo por brincar los límites, vivir sin restricciones y disfrutar nada más porque se puede. «Spring break por siempre» es la filosofía de una generación sumida en el vacío, y un último esfuerzo por revivir el onírico paisaje del principio.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 5, verano 2013, p. 51) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Israel Ruiz Arreola es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México. Actualmente forma parte del equipo editorial de la Cineteca Nacional desempeñándose como investigador especializado.