Sobre las películas de superhéroes

Sobre las películas de superhéroes

Por | 2 de marzo de 2016

En una entrevista del 2008, Guillermo del Toro dijo que el mundo necesita una nueva mitología fresca y aceptable, y ésa es la de los superhéroes. Para el director «éste es un periodo política y humanamente muy desconcertante, en el que se ha producido un serio retroceso en la línea ética de la humanidad como especie y se requiere de un replanteamiento de la existencia en términos heroicos». Concluye diciendo que «el hecho de que aparezcan cada vez más películas de superhéroes no se debe a una falta de imaginación, sino a la necesidad de crear ficción en un mundo que se olvida del aspecto espiritual, que no cree en la magia ni en las cosas abstractas y sólo en lo material y en lo inmediato».

Ocho años después, las palabras del director de Hellboy (2004) resuenan aun con más fuerza. Al parecer, somos un mundo que necesita fervientemente recuperar la fe en los mitos y los héroes y sólo en los cómics hemos encontrado ese refugio espiritual. Desde el año 2000, con el inicio de la saga de los X-Men, se han producido un aproximado de seis películas de superhéroes por año. Y no tenemos de qué preocuparnos por un buen rato, pues la cuota está cubierta hasta el año 2020 cuando DC lance sus adaptaciones de Cyborg y Green Lantern Corps. Basta echarle un ojo a la lista de películas de superhéroes americanos de Wikipedia para darnos cuenta de la cantidad de películas que han desfilado por las salas y las que se encuentran en proceso de hacerlo.

La figura del superhéroe ha cambiado a lo largo de la historia del cómic: de defensor de los oprimidos en sus orígenes, a policía del status quo durante de la Segunda Guerra Mundial; hasta convertirse en la combinación de ciertas aspiraciones de las sociedades actuales en términos de libertad y poder. Hay que puntualizar, sin embargo, que en esta última etapa la representación el cine ha fungido como la nueva plataforma de difusión masiva de las aventuras de estos superhombres. La relación cine-cómic no se limita a que las imágenes en movimiento se nutran de la materia prima de las imágenes del cómic. En los últimos años, los estudios han adaptado también el modelo seriado en el que se lanzan las historias de los cómics, lo cual les ha asegurado un futuro bastante redituable. Una estrategia inteligente y poco sorprendente en la industria, pues a final de cuentas esto también es negocio.

Este tipo de producciones transita por una delgada línea: satisfacer al gran público que desconoce las obras originales y rendirle cuentas a una base de fanáticos que cuestionará todo detalle del cómic que aparezca y no aparezca en la película. El universo fílmico Marvel es el más claro ejemplo de este modelo. Inició en 2008 con la primera entrega de Iron Man y actualmente se encuentra en su tercera etapa que comenzará con el lanzamiento de Captain America: Civil War (2016).

Para salir bien librados de estos dos tipos de público, la mayoría de estas franquicias sigue una fórmula bastante identificable:

1.- Génesis: se dan a conocer los antecedentes del futuro héroe (historia familiar, descripción de su personalidad y la adquisición de sus superpoderes).

2.- Conflicto: es la aventura que tendrá que atravesar durante el curso de la película (vencer a un villano, rescatar al ser amado, salvar al mundo o alguna ciudad de Estados Unidos).

3.- Confirmación: el superhombre asume su nueva condición de héroe, y el público ve nacer a la primera parte de una trilogía, tetralogía, etc.

4.- El pilón: se da una señal de la próxima entrega de la saga o algún guiño a otra parte del universo del cómic.

Estas películas son lanzadas en forma de capítulos que culminarán en una cinta final donde todos esos mundos converjan simultáneamente. Ya tenemos los ejemplos de Los Vengadores y próximamente tendremos a la Liga de la Justicia reunida en la pantalla grande. Las ventajas son muchas, pues a diferencia de otras sagas como La guerra de las galaxias (1977 a la fecha) o Harry Potter (2001-2011), por mencionar las más populares en nuestros días, los personajes de los cómics se pueden cruzar unos con otros (dependiendo de la casa productora que tenga los derechos) expandiendo el universo y ampliando enormemente sus posibilidades.

Por otro lado, se ha pronosticado un eventual ocaso del género de superhéroes muy similar al que atravesó el western. La comparación es recurrente ya que desde los cincuenta y sesenta, cuando los vaqueros inundaban las pantallas, ningún otro género había ocupado ese reinado entre la audiencia. Steven Spielberg espera, tarde o temprano, un fin de este género en una cultura popular que se mueve a partir de ciclos; y a la experiencia a lo largo de la historia de los blockbusters parece predecir un final seguro para los superhombres. Si bien los vaqueros y superhéroes son similares (los dos se concentran en el heroísmo, conflictos violentos), en realidad las circunstancias actuales determinan otro tipo de fenómeno. La estrategia de lanzamiento de los estudios va dirigida hacia público ya no sólo estadounidense, sino mundial y una base de fanáticos que esperan con ansia esas películas.

Somos un público acostumbrado a consumir precuelas, secuelas, trilogías… y el cómic ha dejado de ser visto como una forma de entretenimiento intrascendente, exigiendo su derecho a ser considerada una forma de arte más. Entonces, tal vez por eso resulta natural que en el presente su relación se haya estrechado y esté marcando la pauta de la industria cinematográfica. Los amantes del cómic también son amantes del cine: no es casual que en los eventos como la Convención Internacional de Cómics de San Diego (Comic Con) lo más esperado sea el anuncio de la siguiente película, serie de televisión o videojuego basado en una historieta.

Si el género de superhéroes va a desaparecer o ser sustituido por otro en un futuro cercano, no lo sabemos. Por el momento, lo único evidente es que el olimpo de estos nuevos dioses mitológicos está en las salas de cine y aún les resta un buen tiempo de vida. Los espectadores, por nuestra parte, nos acercamos a ellos escéptica y/o devotamente, resultado de un proceso de maduración entre dos medios que han crecido juntos y han aprendido el uno del otro.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.