Rick y Morty

Rick y Morty

Por | 28 de noviembre de 2016

Hagamos un breve resumen de lo más destacado en la tradición de series animadas de corte sci-fi. Tendríamos que iniciar, entonces, con Los Supersónicos (The Jetsons, William Hanna y Joseph Barbera, 1962-87), aquella versión futurista de Los Picapiedra (The Flintstones, 1960-66) en la que se retrataba a una familia de típicos valores estadunidenses en un escenario con casas en el cielo y autos voladores. Saltemos a los noventa, cuando El laboratorio de Dexter (Dexter’s Laboratory,  Genndy Tartakovsky, 1996-2003) ponía a Cartoon Network en el mapa con las ingeniosas creaciones de un pelirrojo niño genio siendo destrozadas siempre por su inquieta hermana. Más adelante, a principios de la década del 2000, Futurama (Matt Groening, 1999-2013) llevó el estilo de comedia simpsoniana a otros planetas junto a Fry y compañía. Finalmente, desde el 2013, las aventuras de un científico alcohólico y su pusilánime nieto retomaron el género y le dieron un giro irreverente lleno de humor ácido y tramas disparatadas en Rick y Morty (Rick and Morty, 2013 a la fecha). Por supuesto, ésta es una selección arbitraria que deja de lado muchas series inolvidables tanto televisivas como de la web, incluyendo toda la animación japonesa que a lo largo de su historia ha alcanzado logros remarcables en el terreno de la ciencia ficción. El objetivo es observar a grandes rasgos la evolución que ha tenido el género desde la comedia. De las “caricaturas para niños” en forma de comedia familiar a programas dirigidos al público adulto, la ciencia ficción en las series animadas ha ido sumando poco a poco sus elementos característicos (ciencia, tecnología, viajes en el tiempo, etc.) a esta fusión de formatos. El caso de Rick y Morty es una amalgama de todo lo anterior.

Creada por Justin Roiland (Stockton, 1980), quien presta su voz a los dos protagonistas, y Dan Harmon (Milwaukee, 1973), creador de la serie Community (2009-15), para Adult Swim, la ecuación de Rick y Morty es la siguiente: ciencia ficción + comedia de situación familiar + tramas absurdas + humor subversivo. La mayoría de los episodios está estructurada en dos partes, por un lado las aventuras por el tiempo y el espacio de Rick y Morty, y por el otro una trama paralela que sigue al resto de los integrantes de la familia conformada por un padre fracasado, una madre insatisfecha y una hija adolescente. Dice Film Crit Hulk que si alguien pregunta de qué trata Rick y Morty, la respuesta sería engañosamente simple: «es una versión retorcida de Volver al futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985-90), donde nuestro genio, el científico alcohólico Rick, lleva a su nieto de 14 años Morty por todo tipo de alocadas aventuras sci-fi. Pero lo que suena a mero pretexto para unos cuantos chistes es llevado mucho, mucho más allá». Y efectivamente, Rick y Morty es una de las opciones animadas más complejamente sencillas que se transmiten actualmente. Bajo su premisa transcurren una serie de dinámicas que episodio a episodio trascienden a base de humor los cánones de las “caricaturas para adultos” con narraciones y temas pocas veces vistos en este tipo de producciones.

En el videoensayo “The Philosophy of Rick and Morty”, de Wisecrack, disecciona las corrientes de pensamiento que fluyen por debajo de las tramas disparatadas de la serie: horror cósmico, nihilismo, existencialismo, H. P. Lovecraft, Friedrich Nietzsche, Albert Camus, Arthur Schopenhauer, etc. Por el lado científico, la serie también ha sido centro de interesantes reflexiones en torno a la figura de Rick, quien según Idea Channel, representa al científico ideal. Análisis sobre la profundidad de Rick y Morty abundan por la red, resaltando el hecho de detrás de los eructos de Rick se encuentra algo más sustancial. Uno de los episodios más memorables y comentados es aquel donde Rick y Morty, después de transformar a la población mundial en monstruos al estilo David Cronenberg, viajan a una realidad alterna donde mueren por una explosión. Ambos toman sus cadáveres ensangrentados para enterrarlos en el patio trasero de su casa y así tomar el lugar de sí mismos en esa realidad. Un final gracioso, sí; pero también un final que incomoda y deja un amargo sabor de boca. Por debajo de todo ese cinismo en cada situación, referencia y frase, se esconde un humanismo desconcertante. Pongamos un ejemplo sencillo: en oposición contrastante al grito de júbilo de Pedro Picapiedra, «Yabba dabba doo!», la catchphrase de Rick, «Wubba lubba dub dub», significa: «Tengo mucho dolor, por favor ayúdenme». En el transcurso de las dos temporadas de la serie aún no sabemos el origen de su sufrimiento, pero no es que haya prisa por saberlo. El desarrollo de la trama no es lineal ni sigue una narración en específico; de hecho, el capítulo arriba mencionado ejemplifica la burla y, al mismo tiempo, la ruptura que hacen de las convenciones del formato televisivo. Al no tomarse demasiado en serio las reglas, dejan abiertas las posibilidades para teletransportarse al universo, dimensión y tiempo que quieran, libres de toda represalia.

A propósito de la muerte de los dos protagonistas descrita, hay una frase que por su crudeza y precisión es de las más recordadas por los seguidores de la serie. Señalando el montón de tierra bajo la cual yace su cuerpo, Morty le dice a su hermana: «Nadie existe a propósito, nadie pertenece a ninguna parte, todo el mundo va a morir. Ven a ver la televisión». Jean-Paul Sartre no podría estar más orgulloso de que una caricatura nos diera una cachetada de filosofía así. Cada episodio podría ser analizado detenidamente para sacar a la luz su entramada red de complejidades que van más allá del bien y el mal, de Dios, del amor y la tecnología (todos temas de la serie); pero en un plano general, podemos decir que lo mejor que ha conseguido Rick y Morty, siguiendo la tradición de dibujos animados sci-fi, es hacernos reír del chiste que es nuestra existencia.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.