El lugar más pequeño

El lugar más pequeño

Por | 1 de junio de 2012

Enfrentarse a los horrores de un conflicto armado y padecer en carne propia el dolor que produce la muerte de los seres amados a manos del enemigo es una experiencia que deja una profunda marca en los corazones de los pueblos oprimidos por las armas. Quien desconoce las atrocidades y el pánico que inspira una guerrilla no puede sino dejarse conmover por el relato de los sobrevivientes quienes, no sin un penoso esfuerzo, reviven sus días de sufrimiento. Es así como Tatiana Huezo (San Salvador, 1972) –directora egresada del CCC– comparte en su opera prima, El lugar más pequeño (2011), la historia de Cinquera, comunidad sumergida en las verdes montañas salvadoreñas que sufrió los embates de una guerra civil en los años 80 y que obligó a algunos de sus habitantes a abandonar el pueblo y a otros a defenderlo con la vida.

La directora se mantiene alejada de investigaciones concienzudas que delaten la causa-efecto de la guerra y permite que sean los propios habitantes quienes nos relaten los terribles episodios a los que debieron enfrentarse durante el conflicto armado. El documental transcurre a lo largo de tres días en los que somos íntimos testigos de imágenes de la cotidianidad de los pobladores, mientras escuchamos las desgarradoras crónicas fuera de cuadro de padres, madres e hijos.

El estilo narrativo de la directora yuxtapone las voces en off de los protagonistas sobre imágenes de la frondosa y verde selva salvadoreña, las cuales se conjugan en un poético cuadro cinematográfico donde la naturaleza es una fiel redentora de su desgracia. Sería un error no destacar la sorprendente fotografía de Ernesto Pardo, el pulcro diseño sonoro a cargo de Lena Esquenazi y un buen manejo de la edición (Paulina del Paso y Tatiana Huezo) que refuerzan la intención reflexiva de la cinta.

El documental es un sincero acercamiento a la vida de quienes aprendieron a sobrevivir un sangriento pasado. La memoria no les permite olvidar el doloroso recuerdo del ser querido caído, ese mismo recuerdo que iluminó el camino de regreso a su tierra.

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 1, verano 2012, p. 60) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.

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