Lo mejor de 2015, según Icónica

Lo mejor de 2015, según Icónica

Por | 28 de diciembre de 2015

Sección: Listas

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Estamos en épocas de listas: las mejores películas del año o la mejor literatura, etc. También nuestros muros están llenos de ellas. ¿Cómo orientarse entre los 15 mejores superalimentos y los muertos más conocidos del Everest? En Icónica queremos hacer un recuento de lo más relevante del año; pero, reconociendo que es imposible tener un criterio real para determinar la mejor película, asistir a todos los festivales y ver todos los estrenos, optamos porque nuestro equipo eligiera las cintas que más les gustaron en el año, partiendo de la oferta disponible en México durante 2015. Quizá desde este punto pueden iniciarse discusiones más abiertas con ustedes, nuestros lectores.

 

Abel Cervantes

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La cartelera mexicana no le pide nada a la de otras nacionalidades. Este año me quedo con Jauja(2014), de Lisandro Alonso, un autor que lejos de acomodarse en un estilo sigue haciendo búsquedas estéticas; Adiós al lenguaje (Adieu au langage, 2014), de Godard, que demuestra que los hombres más viejos son los que están haciendo las películas más radicales e interesantes; Hermosa juventud (2014), de Jaime Rosales, español que ha construido una obra sólida; El clan (2015), de Pablo Trapero, cinta que cuenta la historia real de una familia que durante la dictadura argentina secuestraba y mataba a sus víctimas solapada por el gobierno; Relatos salvajes, (2014) filme agudo de Damián Szifrón que refleja con astucia algunos de los vicios no sólo argentinos sino latinoamericanos; El club (2015), de Pablo Larraín, cineasta que se ha convertido en un referente de Latinoamérica; Carmín Tropical (2014), de Rigoberto Perezcano, director que ha ido abriéndose camino en el panorama nacional; Caballo dinero, de Pedro Costa (Cavalo Dinheiro, 2015); Qué difícil es ser un dios de Alekséi Guerman (Trudno byt’ bógom, 2013), que tardó dos años en llegar a nuestro país; Sicario (2015), de Denis Villeneuve, un relato estremecedor que usa recursos sonoros de una forma sorprendente para crear una atmósfera opresiva y Narcos (2015), original de Netflix y dirigida por José Padilha, que, a pesar del habla de los personajes, retrata de una forma deslumbrante la vertiginosa historia de Pablo Escobar. 2015 ha sido un año de consolidación para varios festivales (Ambulante, FICUNAM y Riviera Maya Film Festival, principalmente) y espacios dedicados a proyectar cintas poco comerciales, como el Cine Tonalá. Celebremos ese acontecimiento, y continuemos haciendo lo necesario para que la oferta cinematográfica en México siga creciendo.

 

Abel Muñoz Hénonin

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Me encuentro en un momento de la vida en el que la mayor parte de las películas que veo (acompañado) califican en las categorías “infantil” o “familiar” y lamento decir que, con la excepción indicada en la lista que sigue, no vi ninguna película de esas dos categorías en la que me parezca que valga la pena detenerme. Una vez hechas las aclaraciones, éstos son los trabajos que me marcaron este año:

1.- Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, Jim Jarmusch, 2013). La vi por segunda vez este año, gracias a que entró a la cartelera de la ciudad de México. Lo notable es que me conmovió tanto o más que la primera vez. Jim Jarmusch plantea un descolocamiento, como ha hecho en lo mejor de su carrera: hace una película que es sólo aparentemente de vampiros, pero que en realidad es una especie de poema sentimental dedicado al tiempo y a la belleza.

2.- Las series Binocular y The Animates (2010-13), de Leslie Thronton. Ambulante programó algunos de estos breves videos en Injerto, pero yo vi varios más en línea. La premisa es simple: Thornton filma un animal o un ser inanimado (brea, por ejemplo), y proyecta el fragmento, enmarcado por un círculo, a cuya derecha hay otro círculo donde la imagen se vuelve caleidoscópica. La relación entre la imagen “objetual” y la imagen geométrica, además de ser formalmente potente, abre preguntas.

3.- Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road, George Miller, 2015). La vi en un avión pensando que sería una película simple y me resultó una gran sorpresa. Hay algo de fábula en la cuarta entrega de Mad Max que va más allá de la acción y la violencia. Más que la carencia de diálogos y la fotografía, que el papel primordial de las mujeres bonitas de algún modo desexualizadas (una manca, una embarazada; todas guerreras), la renuencia a la narración y la presencia de personajes caricaturizados imprimen una sensación fantástica a la película. Es como una renovación de la tradición del cine mudo.

4.- Somos Mari Pepa (Samuel Kishi, Sofía Gómez Córdova y Kenji Kishi, 2013). Un relato nostálgico de la adolescencia. Álex, guitarrista y líder de una banda punk, compone canciones y toma fotos y videos todo el día, mientras se regodea en su melancolía, y convive con su abuela, quien cuida de él, en Zapopan, Jalisco. Es un retrato de lo cotidiano sensible y con muchos registros estéticos y narrativos.

5.- Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens, Disney, 2015). Aunque el episodio VII es una buena película, Star Wars tiene mucho de extrafílmico. Se trata de un fenómeno pop único, seguramente central para entender la segunda mitad del siglo XX y los inicios del XXI. El verdadero logro de Disney es reinsertar esta serie-de-cintas/mitología en su propio imaginario, haciendo irrelevante el fiasco que George Lucas hizo con los episodios I, II y III (1999-2005). Star Wars volvió a convertirse en un discurso abierto. (Todo esto independientemente de la máquina comercial que es, algo tan obvio como para ir en un paréntesis.)

 

Ana Laura Pérez Flores

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Considero que este año surgieron varias propuestas interesantes –como todos los años, vaya–, en los lugares acostumbrados. Sin embargo, en esta ocasión me parece pertinente detenerme también en tres productos más inclinados hacia lo pop; tanto por sus valores de realización como por los fenómenos sociales desatados alrededor –y a partir– de ellos. Finalmente, el cine también incluye los rituales.

1.- Mustang: Belleza salvaje (Mustang, Denise Ergüven, 2015): La diversificación de miradas sobre la femineidad tomó un giro interesante este año. A través de la historia de cinco hermanas y sus esfuerzos por desprenderse de sus destinos, se señala incisivamente el peso que sigue conllevando el género. Las protagonistas –de por sí encantadoras– son retratadas con un nivel estético admirable en una puesta en escena ágil y conmovedora.

2.- Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, Jim Jarmusch, 2013): Me aventuraré a decir que ésta es la mejor película que vi en el año. En tiempos donde abundan las interpretaciones de la figura del vampiro, se agradece una propuesta como la de Jarmusch: sin caer en los lugares comunes, logra representar el tedio de la existencia eterna y convierte a estos dos grandes personajes (Tilda Swinton y Tom Hiddleston) en portadores de una metáfora tremenda sobre el amor y la muerte. El soundtrack merece una mención especial al matizar el relato de forma exquisita.

3.- Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014): Este roadtrip se dedica a observar la indiferencia, la apatía, el aburrimiento, una impotencia resignada. A través de personajes entrañables y diálogos con los que los chilangos bien nos podemos identificar, esta mirada sobre la ciudad y la clase media resulta actual e inmediata. También hay que mencionar los aciertos formales –como el silencio cada que diegéticamente se reproduce la música de Epigmenio Cruz y el diseño sonoro en general.

4.- Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens, Disney, 2015):  Fui a verla con ciertas reservas y salí compartiendo la emoción de tantos espectadores alrededor del mundo. La sensación de colectividad propia de los rituales alrededor de este nuevo lanzamiento deja claro que Star Wars, como fenómeno cultural, sigue haciendo historia. Visualmente, considero que la película logra una reconciliación entre evocaciones nostálgicas setenteras y ochenteras y las oportunidades que otorga la tecnología actual. El relato logra conectarse con una amplia gama de públicos que van desde el fan que identificará la gran serie de guiños de los realizadores –fans también, a final de cuentas– hasta generaciones en su primer acercamiento a este universo.

5.- Intensa-mente (Inside Out, Pixar, 2015): La propuesta de esta película infantil era, en principio, considerablemente ambiciosa. Creo que uno de los grandes logros alcanzados consiste en un anclaje visual exitoso de temas tan inasibles y, a la vez, tan universales como son las emociones. A partir de la historia de Riley, una niña de doce años, y su mundo interior, esta película no sólo logra cristalizar el surgimiento de la nostalgia propia de crecer, también la defiende. Me parece valiosísimo que una película para niños se aventure, sin subestimar a su espectador, a explorar territorios tan arriesgados.

6.- Jessica Jones (Melissa Rosenberg, 2015): La construcción de esta superheroína moderada encontró su lugar en la mirada de audiencias más diversas. La historia es accesible y terrenal: constituye un puente sólido entre el universo de Marvel y nuestra realidad inmediata.