Gravity Falls

Gravity Falls

Por | 26 de mayo de 2016

La caída es inevitable. Tal vez por eso la frustración de Holden Caulfield era mayúscula. No poder salvar a los niños que juegan en el campo de centeno de caer en el profundo precipicio significaba que la inocencia infantil se esfumaría para dar paso a la falsedad de la adultez. El protagonista de El guardián entre el centeno reconocía que tal misión, compartida por muchos otros, era una locura, una tarea inútil.

Si alguien se ha empeñado en mantener vivo ese espíritu infantil entre su público son los Estudios Disney. A lo largo de las décadas han educado a miles de generaciones con coloridos productos de fantasía, muchas veces bastante empalagosos. Los esfuerzos que han hecho por desprenderse de esa etiqueta no son muy comentados, pero los hay. En 2012 lanzaron a través de su cadena televisiva, Disney Channel, la serie animada Gravity Falls (2012-16) que sigue las aventuras de Dipper y Mabel, dos gemelos que pasan el verano con su tío abuelo Stan en un misterioso pueblo de Oregón. A lo largo de los episodios vemos cómo los hermanos se enfrentan a monstruos, criaturas paranormales y hasta el gobierno de Estados Unidos, mientras investigan y descubren los secretos de Gravity Falls. Si algo la distingue de otras caricaturas recientes es un tono oscuro e irreverente, fuera de la línea “amigable” de otras producciones Disney.

Creada y producida por Alex Hirsch (Piedmont, 1985), la serie ha sido un éxito televisivo. Tan sólo en Estados Unidos rompió récords de audiencia: el episodio final fue visto por 2.9 millones de espectadores. Pero ¿a qué se debe tanto interés por una caricatura? En primer lugar, podríamos decir que se trata de una serie infantil dirigida a un público multigeneracional. Niños, adolescentes, jóvenes-adultos y adultos se encuentran entre la base de fanáticos. Y si uno le da un vistazo a alguno de sus capítulos podrá verificar por qué. El sentido del humor, el desarrollo de la historia, el diseño de arte y el subtexto de algunos de sus temas parecen estar dirigidos a un público adulto. El New York Times dice que Gravity Falls es algo así como si echaran a la licuadora a Los Simpson, Twin Peaks, Calvin y Hobbes, y Los expedientes secretos X. Además, ¿en qué otra serie de dibujos animados para niños hay una cita directa a Jean-Paul Sartre?

En lo que podríamos denominar como una “caricatura de autor”, la serie también es una de las obras más maduras de su tipo. El hecho de concluirla a tiempo (con tan sólo 2 temporadas de 20 capítulos cada una) es poco frecuente en la televisión. El mismo Hirsch ya explicó sus razones, y son bastantes coherentes con respecto a lo que la misma serie trata de transmitir. Hirsch ha declarado que cada personaje de la serie está inspirado en alguien que conoce (tiene una hermana gemela, un tío llamado Stan, un amigo similar a Soos, etc.) y que la serie tenía como propósito despedirse de una etapa importante de su vida: la infancia.

Revisando el progreso de la serie nos damos cuenta de ello. Más allá de los misterios a resolver, Dipper y Mabel tienen sus propias batallas con respecto a sus vidas como preadolescentes. Por un lado tenemos la urgencia de Dipper de ser un adulto con responsabilidades y compromisos; del otro, Mabel con su negación a crecer refugiándose en su mundo de fantasía. Repartidas a lo largo de los episodios hay señales del fin de su infancia: ahí está, por ejemplo, el capítulo que presenta el que tal vez sea su último Halloween pidiendo dulces; o el otro en el que Dipper, en busca de hacerse hombre, se entrena con un grupo de minotauros. En la parte final de la serie este hecho se hace más ineludible. Si pensamos en el pueblo de Gravity Falls como una representación de esa etapa infantil en donde es posible conocer a gnomos vomitando arcoíris, cíclopes de arcilla al estilo Ray Harryhausen, videojuegos que cobran vida y hasta óperas de marionetas hechas de calcetines, podemos imaginar entonces que salir de ahí significa el fin de concebir esas posibilidades: el fin de la infancia. Pero antes de que el verano termine y que regresen a su casa en California, el mayor peligro al que se enfrentan este par de hermanos (dos pares en realidad, pues la relación de los hermanos Stan y Ford Pines es igual de importante) es Bill Cipher, una especie de Ojo de la providencia parlante, que sume a todo Gravity Falls en un apocalipsis de locura. Este villano es el que guarda mayor número de secretos por descifrar dentro y fuera de la serie, y el hecho es interesante si pensamos que en sus manos el pueblo ha caído en un precipicio de demencia. ¿Y qué es la adultez sino un constante sucesión de catástrofes llena de monstruos por doquier? Pero estamos hablando de televisión para niños y al final las cosas salen bien. Sin entrar en detalles de cómo se resuelve el conflicto, podemos decir que Mabel y Dipper fueron el factor determinante.

Al final de la novela de J.D. Salinger, Holden visita a su pequeña hermana y, por primera vez en la historia, experimenta felicidad al verla girar arriba de un carrusel. Momento sorpresivo después del amargo sabor de boca que le han dejado sus situaciones anteriores. Al final de Gravity Falls, Dipper y Mabel celebran su cumpleaños número trece, convirtiéndose “oficialmente” en adolescentes y regresan a California, dejando atrás buenos recuerdos en Gravity Falls. Momento agridulce después de muchas situaciones cargadas de emoción, diversión y misterio. La caída es inevitable, es verdad, pero tal vez se pueda ver de otro modo. Tal vez los niños no son los que tengan que ser rescatados de caer en el demente precipicio de la adultez, sino los que nos rescaten de él.

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Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.

 

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