Fractales sobre la fragmentación fílmi

Fractales sobre la fragmentación fílmica 2

Por | 14 de agosto de 2017

Last Week Tonight with John Oliver. Foto: © HBO

La época de la fragmentación es enciclopédica. El lazo tenue que hila un video sobre el contrapunto en “Videotape” de Radiohead con la antigua tradición japonesa de buceo para extraer perlas con algún reportaje de tres minutos sobre el mercado del arte con una animación sobre el proceso creativo de Stephen King con otro que habla de las mejores opciones de la dietas ayurveda para cada cuerpo con otro que califica al veganismo de ser una marca para hacer negocio con otro que se ocupa de las secuelas de la radiación vertida en el Pacífico tras el desastre de Fukushima con imágenes de la última frontera galáctica cruzada por una sonda espacial con… es la información. Ni Marshall McLuhan ni Manuel Castells, por poner sólo dos ejemplos superdestacados y bastante distantes en el tiempo, podían alcanzar a ver el desborde de datos de verdadero interés al que estamos expuestos, video tras video, día tras día u hora tras hora, dependiendo de las costumbres de consumo de cada persona.

Si bien en la era de las redes sociales y su segmentación se potencia la lectura alfabética, también se trata de una era de lectura audiovisual interminable. Y en este último ámbito, el reportaje (animado, escenificado, silente y con intertítulos…[1]) ocupa un lugar prominente.

Hacer una breve arqueología del reportaje resulta urgente en este sentido.[2]

Las primeras vistas cinematográficas ya anunciaban este modo informativo, afinado con las actualidades de la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa proyectadas antes de las funciones, y que alcanzó su punto más alto en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El formato ya maduro cambió de medio y entró a los noticieros, que probablemente hayan sido el género más importante de la televisión y la forma documental clave durante el siglo XX. Recientemente –como ya vimos– han entrado de manera azarosa y constante a los flujos de información digitales. Y si el reportaje informativo breve ha podido pasar de una plataforma a otra con tanta naturalidad ha sido porque responde a una necesidad, que de manera muy sencilla podríamos denominar la necesidad de estar al tanto. Es decir, de tener información sobre el discurrir del presente, sobre nuestros asuntos de interés y sobre temas que desconocemos o conocemos poco y nos llaman la atención por curiosidad.

Pero la necesidad de estar al tanto no necesariamente conlleva reflexión. Tener datos es un fin en sí mismo y da satisfacción. Interpretarlos es un asunto aparte. Lo enciclopédico se caracteriza por ofrecer información objetiva, aunque nunca neutra –siempre se informa desde una postura personal y probablemente del medio de origen, ahora desdibujado. La era de la información no es una era deliberativa, en parte porque no todos los receptores quieren tomar un papel activo frente a la información. Nunca lo han querido. Quizá no lo necesitan, aunque la utopía de la democracia ilustrada desee o exija que así sea.

Con todo, en medio del flujo informativo nos llegan fragmentos audiovisuales donde se reflexiona y se hace crítica. Y los mejores ejemplos vienen de los talk shows nocturnos de Estados Unidos, que como todos los formatos informativos derivados del noticiero están basados en reportajes y entrevistas. Segmentos, que desmembrados de su soporte, recorren con fluidez las pantallas, actuando a la vez como piezas cerradas y como anuncios de sus fuentes originarias. No puede dejar de notarse que estos reportajes son divertidos e irreverentes. Pudiera ser que, por el momento, sean atractivos en contraposición con la seriedad impostada de los presentadores de noticias –que, además, en el mundo anglosajón hablan como si ser profesional significara regañar a la audiencia…

La fragmentación es azarosa y permite que videos informativos e incluso reflexivos se diseminen. No es obligatoriamente banal.


[1] No sé bien con qué palabra referirme a los títulos que aparecen en los videítos y gifs que usan texto sobre una serie de imágenes en movimiento. Pero como mientras escribía esto noté su similitud con el primer cine recurrí a esta palabra en desuso fuera de la historia y la teoría del cine. Estos videos son silentes de manera coincidente con las primeras películas: usan música y texto. ¿Habrá alguna actualización o pervivencia del cine primigenio en ellos?

[2] Uso la palabra arquelogía en el modo que se utiliza para la tendencia académica reciente de la arqueología de los medios y que consiste en trazar genealogías de las prácticas de uso alrededor de las tecnologías. La idea es que la práctica tiene una vida mayor que la tecnología y que la tecnología siempre es instrumental, es decir que se trata de una herramienta que se desarrolla y sirve para algo, que no necesariamente es transparente mediante un aparato o un sistema de aparatos pero siempre es observable e interpretable mediante sus usos.


Abel Muñoz Hénonin edita Icónica e imparte clases en la Escuela Superior de Cine y en la Universidad Iberoamericana. Coordinó junto con Claudia Curiel los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014). @eltalabel