El estilo de Xavier Dolan en “Hello”

El estilo de Xavier Dolan en “Hello”

Por | 17 de noviembre de 2015

Sección: Ensayo

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La cantante británica Adele (Londres, 1988) contactó al cineasta Xavier Dolan (Montreal, 1989) para realizar el video musical de su sencillo “Hello”. El resultado está plagado de algunos de los motivos estéticos preferidos del cineasta quebequense.

Empecemos por los espacios: ahí está la casa de campo que en Yo maté a mi madre (J’ai tué ma mère, 2009) sirvió como escenario de la reconciliación –¿o resignación? – del protagonista con su progenitora; y que en Los amores imaginarios (Les amours imaginaires, 2010) funcionó como hervidero pasional de aquel triángulo de amor adolescente. En el caso del videoclip –también filmado en Canadá– la casa de campo representa las ruinas de una relación amorosa que Adele visita después de algún tiempo: tres casas diferentes y al mismo tiempo la misma.

Siguiendo la descripción que Carlos Bonfil hace del estilo audiovisual de Dolan, el video entero bien podría ser una secuencia musical de alguna de sus películas: «Dolan opone un orden estético propio, un cuidado por colocar toda disonancia e irregularidad en un lugar preciso y definitivo. El reacomodo artístico incluye una pista musical que combina la balada pop y la música clásica, el decorado de una habitación con una encendida gama cromática, la combinación perfecta de las vestimentas y coquetería de un look vintage en algunos protagonistas femeninos…».  En este caso, el tono sepia del video se ubica en una posición intermedia entre el uso rimbombante de los colores en Los amores imaginarios –sobre todo en las escenas de los encuentros sexuales y la fotografía más inclinada hacia el naturalismo de Mommy (2014). Aquí, la permanencia del sepia resta grandilocuencia al color pero preserva su intencionalidad; de esa manera juega con la luz haciendo resaltar los detalles –las moscas muertas tras la ventana, el vapor del té recién hecho.

Hay breves interrupciones en blanco y negro que evocan el recuerdo del ex amante de Adele. En este punto podemos hacer otra comparación con la obra de Dolan, sobre todo con sus primeros dos largometrajes en los que la presencia de una cámara funciona a modo de confesionario. En Yo maté a mi madre el protagonista se grababa a sí mismo hablando de su frustraciones y en Los amores imaginarios están insertadas entrevistas de varias personas que hablan de sus relaciones amorosas. Como el ejemplo que mencioné al principio, aunque el recurso puede parecer el mismo tiene distintos grados de intencionalidad. En los primeros, la presencia de la cámara es evidente y tiene un fin testimonial; en el video de Adele funciona como exteriorización de sus recuerdos, vistos –aquí la diferencia– en primera persona. Sin embargo, mantiene su relación con las películas: de otra forma no conoceríamos más de su historia salvo por la letra de la canción.

Para finalizar el estudio a partir de la descripción citada, la Adele de Dolan es una especie de diva en trance que, tanto en el peinado, el maquillaje corrido por las lágrimas, el abrigo que usa y hasta el “celular vintage” –nótese la ironía– tienen reminiscencias de muchos de sus personajes femeninos. Adele es una diva que, al igual que sus predecesoras, brilla desde su sufrimiento.

A la descripción de Bonfil yo agregaría la importancia que Dolan le da a los objetos cotidianos. «Lo importante es… despertarse con alguien. Compartir la cuchara. Eso es lo importante, la cuchara», repite uno de los personajes de Los amores imaginarios. La emotividad que sustrae de los objetos cotidianos es una de las principales características de su cine. Por poner un ejemplo, tenemos aquella escena de Yo maté a mi madre en la que el adolescente Hubert (Xavier Dolan), se imagina a sí mismo estrellando una pila de platos contra el suelo, descargando así el desprecio que siente por su madre.

En “Hello” vemos a Adele removiendo las sábanas que protegen los muebles del polvo, haciendo evidente su intención por escarbar en el pasado. Ambas son escenas en las que el fin de las acciones está relacionado con los objetos, metaforizando así el sentir de los personajes –romper en una, develar en la otra. Por otro lado, Dolan también le otorga a los objetos cualidades oníricas que sirven para exaltar estados de ánimo en escenas donde la fantasía tiene un lugar predominante. Ejemplos: los bombones cayendo sobre el personaje de Nico (Niels Schneider) en Los amores imaginarios, la lluvia de ropa en Laurence Anyways (2012), y en este caso una cabina telefónica inglesa abandonada en medio del campo, que tal vez representa la llamada de Adele al fantasma de su amante y, de paso, es un guiño a la nacionalidad de la cantante.

El encuentro entre ambos artistas no es un hecho que tengamos que tomar a la ligera. Dolan es un artista que no rehúye de sus influencias pop, sino que las integra a su discurso de una forma estilizada y comprometida, siendo este video un claro ejemplo de ello. Su gusto por las frustraciones sentimentales llamó la atención de la cantante para invitarlo a colaborar con ella y eso mismo nos invita a nosotros seguir escribiendo sobre su obra.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.