El estado de la crítica de cine en Méx

El estado de la crítica de cine en México

Por | 15 de Diciembre de 2015

Hace algunos años escribí en la revista La Tempestad sobre el estado de la crítica de cine en México. Tomando como base las tres formas de abordar un filme que menciona Alain Badiou en “¿Se puede hablar de un film?” (la indistinta, que se reduce a mencionar si nos gustó o no una película; la diacrítica, donde se expone la historia y las obsesiones estéticas de un director; y la axiomática, que parte de los recursos técnicos para analizar cómo se proyecta una idea trascendental), ensayo incluido en Imágenes y palabras: Escritos sobre cine y teatro (Manantial, 2005), comenté lo obvio: la crítica de cine en México sufre una crisis aguda en la que alcanza con serias dificultades el juicio diacrítico, histórico, sin reflexionar sobre las ideas políticas, estéticas, sociales, económicas, culturales, etc., que un filme proyecta usando cierto movimiento de cámara o fusionando las imágenes en movimiento con el sonido.

Por desgracia, el panorama no ha cambiado. Y peor aún: se ha empobrecido. Por principio, las publicaciones que estudian el cine con seriedad son escasas. Lo hace la revista La Tempestad(aunque con poca frecuencia: es una revista bimestral que contiene a lo mucho 5 contenidos de cine y no se ha interesado por llevar sus reflexiones audiovisuales a su página web), a veces Nexos,Letras Libres o La Jornada. No más. Proceso, por ejemplo, dedica semanalmente un espacio al cine concentrándose en las historias políticas, sin tomar en cuenta su construcción formal.

Por su parte, los periódicos viven un momento delicado. Para ellos el cine se reduce a lo que se produce en Hollywood, dedicando la mayoría de los contenidos cinematográficos a la sección de espectáculos; es decir, a los chismes. Y los intentos de suplementos como Primera Fila son poco interesantes.

En una entrevista reciente en la página web de La Tempestad, Carlos Bonfil menciona que

[el] crítico, conocedor de su oficio y cinéfilo muy profesional, debe ajustarse a criterios editoriales que ahora le impiden una expresión verdaderamente libre. No se trata ya de una censura ideológica, sino de la tácita aceptación, por parte de crítico y editores, de imperativos meramente comerciales. Para sobrevivir, la publicación debe recortar los textos, y para conservar su empleo el crítico debe renunciar, a su vez, a los espacios que antes favorecían un análisis detallado y serio de las cintas. Un buen crítico consigue, sin embargo, sortear esas dificultades consignando, en pocas líneas, su punto de vista y comentarios acertados, aunque siempre queda en el tintero el trabajo realmente analítico que alguna vez definió su oficio.¹

Sin embargo, si los medios impresos son escasos y las páginas web que analizan el cine con profundidad prácticamente nulas, ¿dónde puede ampararse el crítico?

Los libros son otro problema. En México existen pocas editoriales que dan a conocer libros dedicados al cine. Y son menos las que lo hacen con sensatez. En ciencias sociales y humanidades, nuestros académicos producen insuficientes investigaciones de importancia para la sociedad. Así, en el ámbito cinematográfico se pueden mencionar pocos nombres que hayan producido títulos relevantes. Y cuando uno de ellos despunta, la mayoría de las veces lo hace por abordar un tema desde un punto de vista histórico, estadístico, difícilmente crítico, casi nunca teórico.

Evidentemente, el problema es más profundo. Existe escasa cultura cinematográfica. Se dice que México es uno de los países cuya sociedad asiste con mayor frecuencia al cine. No obstante lo anterior, ¿cuánto de este público está interesado por llevar sus obsesiones más allá de las butacas y profundizar sobre el cine a través de la lectura? Una pregunta final: ¿se necesita de una crítica, suficientemente informada, que aborde el cine con seriedad, para impulsar una mejor producción de cine en nuestro país?


¹  Entrevista realizada por Nicolás Cabral y Carlos Rodríguez, La Tempestad (en línea), México, 28 de agosto de 2015, disponible aquí.


Abel Cervantes es comunicólogo y editor. Colaboró en los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014) con un ensayo sobre Carlos Reygadas y otro sobre Juan Carlos Rulfo, respectivamente. Es profesor en la UNAM.