Desde allá

Desde allá

Por | 31 de marzo de 2016

Sección: Crítica

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La primera escena en Desde allá (2015) inicia con la toma de la espalda de Armando (Alfredo Castro), quien mira desde lejos a un punto indeterminado. No sabemos lo que observa pues el fondo está en fuera de foco, lo que provoca que nuestra atención se quede con él. Después nos enteramos de que Armando es un técnico dental que ofrece dinero a jóvenes para llevarlos a su casa y observarlos desde una estricta distancia mientras se desvisten para él. El fuera de foco y la sensación de distanciamiento son una constante en la opera prima de Lorenzo Vigas (Mérida, Venezuela, 1967), primera película latinoamericana en recibir el León de Oro en la Muestra de Venecia. Pero no sólo visualmente nos deja saber poco, también lo hace narrativamente. Apenas conocemos lo necesario sobre la trama principal: Armando inicia una íntima relación con Elder (Luis Silva), un joven pandillero de los barrios bajos de Caracas, Venezuela. Al mismo tiempo, Armando sigue los pasos de su padre, quien ha regresado de no sabemos dónde y al que vigila, de igual manera, desde la distancia.

La homosexualidad y la diferencia de clases son los temas más superficiales en Desde allá, sin embargo, para Vigas el eje principal de su historia es la ausencia del padre. En este sentido, el tema se desenvuelve sobre diferentes capas en la vida de los protagonistas. En primer lugar, ambos comparten un profundo resentimiento hacia sus progenitores masculinos: en el caso de Elder por la violencia que ejerció en él cuando era niño; en Armando –fuera de foco argumental– nunca conocemos las razones. En segundo término, la “amistad” entre Armando y Elder raya en lo paternal, sobre todo por el intercambio afectivo que empieza a darse entre ellos y que tendrá un efecto mayor en el joven. O más bien, ¿tendría que decir que el efecto es más notorio en Elder, pues aunque el personaje de Armando es reservado y de carácter casi imperturbable, esa violencia (golpes, cuchilladas y robos) que acepta del chico es la marca de un afecto ineludible?

Armando es un hombre que prefiere las distancias. Ya sea contemplando la desnudez juvenil o acechando a su pasado, lo que sea que esté buscando él lo prefiere fuera de foco, inalcanzable (sí, como Cerati cantaba). Y como espectadores, Vigas también nos coloca apartados de él, sin exhibicionismos escénicos ni secretos revelados, lo observamos desde un hueco donde las presencias se hacen difusas pero continúan latentes. Armando se pasa esquivando el deseo de amor y de venganza, pero cuando ambos cruzan camino y se materializan, él decide conservar su distancia. Desde allá, lejos, Armando observará el castigo de su pasión; desde acá, nosotros observaremos su ausencia predilecta.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.

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