Cine estadounidense de los 70 (1/3): Aut

Cine estadounidense de los 70 (1/3): Autores

Por | 6 abril 2017

Apocalipsis ahora (Apocalypse Now, Francis Ford Coppola, 1979)

Hay algo irónico en que durante la década de 1970 la idea joven de autor total, salida de los críticos de la Cahiers du cinéma y representada por los cineastas de la nueva ola francesa, haya provocado que toda una generación de cineastas estadounidenses quisiera ser autores a la europea, porque los franceses de la revista partieron de los indudables autores de Hollywood y de su deseo de hacer un cine para grandes públicos como principios estéticos. Pues bien, la rueda cumplió un ciclo y lo que partió de Estados Unidos volvió a Estados Unidos en un momento de efervescencia fílmica, si no global, por lo menos de Europa y América.

El cine estadounidense, siempre inabarcable, tuvo uno de sus momentos más brillantes en una década larga de los setenta que bien puede comenzarse en 1967 o 69 y terminar en 1980. La producción fue tan notable que tendremos que hacer una serie de listas para ocuparnos de ella. Comenzamos por los grandes autores, en perfecta consciencia de que son parte de una tradición que puede trazarse, cuando menos, a D. W. Griffith.

 

1. Woody Allen

Annie Hall (1977)

Woody Allen era un comediante de éxito desde mucho antes de hacer cine y entró al cine convirtiéndose en un fenómeno pop, una especie de renovador levemente intelectualizado del slapstick. Parte transterrada y tardía de esa tradición ashkenazi que dio académicos, pensadores, científicos y escritores notables tanto en Europa como en América y fanático de Freud, de Dostoievski y de los Marx, es decir, de los hermanos Marx, es un monumento del cine y hay muy poco que decir de él porque ya se ha dicho todo. Quizá la única manera más o menos original de abordarlo está en Woody Allen: A Documentary (Robert B. Weide, 2011), donde se dice que es el encuentro entre Groucho Marx e Ingmar Bergman. El Allen donde se encuentran estos dos cineastas con todo su bagaje cultural inicia en Annie Hall (1977), se sigue con Interiores (Interiors, 1978) y Manhattan (1979) y continúa con vigor, a veces menguado, hasta los años 90… Y eso sin contar los grandes trabajos de su primer periodo, como Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo, pero temía preguntar (Everything You Always Wanted to Know About Sex (But Were Afraid to Ask), 1972) y La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975).

 

2. Robert Altman

Tres mujeres (3 Women, 1977)

El ya veterano en los setenta Robert Altman fue un punto clave de este renacimiento del cine hollywoodense. En 1970 tuvo su primer gran éxito taquillero: M.A.S.H., una cinta sobre cirujanos del ejército estadounidense en la Guerra de Corea. Este relato, con un humor muy ácido, le permitió experimentar con el lenguaje cinematográfico a través de juegos con el zoom de la cámara, el empalme entre sonido y diálogo que construía un ambiente caótico, y la improvisación actoral –todos rasgos que se volverían parte de su estilo. Otra de sus grandes cintas de la época es El largo adiós (The Long Goodbye, 1973), basada en la novela de Raymond Chandler, donde lleva su distintiva línea humorística al cine negro para narrar las aventuras del detective Phillip Marlowe (Elliot Gould). El otro rasgo característico de su cine es la presencia coral de múltiples personajes, como sucedió en Nashville (1975) y Un día de boda (A Wedding, 1978). Este aspecto influenció la primera obra de Paul Thomas Anderson y Alejandro González Iñárritu. Sin embargo, el trabajo más notable de Altman podría ser Tres mujeres (3 Women 1977), un relato intimista que contrasta con el resto de su obra.

 

3. John Cassavetes

Gloria (1980)

Resulta notable que uno de los directores estadounidenses más arriesgados y propositivos de los setenta fuera un actor reconocido, ya tuviera cierta trayectoria como realizador y estuviera en su cuarta década. La médula de la obra de John Cassavetes está comprendida entre Maridos (Husbands, 1970) y Gloria (1980). Este galán de los que ya no hay fue uno de los cineastas más radicales de la historia del cine narrativo: su estilo está basado en líneas narrativas fragmentarias y yuxtapuestas, en una cámara en mano que cuestiona la historia de la fotografía fílmica y en el debilitamiento del realizador. Si bien sus películas tenían guión (con la excepción de Sombras [Shadows, 1959], su primera película, que fue totalmente improvisada), dio amplio espacio para que los actores reelaboraran sus partes y devinieran cocreadores. En esta década también dirigió Minnie and Moskowitz (1971), la notable Neurosis de una mujer (A Woman under the Influence, 1974), El asesinato (The Killing of a Chinese Bookie, 1976) y Noche de estreno (Opening Night, 1977).

 

4. Francis Ford Coppola 

La conversación (The Conversation, 1974)

Francis Ford Coppola se convirtió en una figura en 1972 con el estreno simultáneo en 400 pantallas de El padrino (The Godfather), basada en la novela superconocida de Mario Puzo. La fuerza de las dos primeras entregas de esta trilogía (1972 y 74) se debe en gran medida a la capacidad del director de retratar las estructuras familiares, reglas y rituales. Sí, son películas acerca del poder, pero también son películas acerca de la comunidad que funcionan gracias a una profunda construcción de los distintos miembros de la familia Corleone. Entre las primeras dos entregas de El Padrino, realizó La conversación (The Conversation, 1974), probablemente su mejor película, que narra la historia de Harry Caul (Gene Hackman), un misterioso hombre que trabaja grabando conversaciones ajenas y que comienza a cuestionar los efectos de su labor, ya que cree que habrá un asesinato. La sospecha y ansiedad desembocan en sentimientos de culpa mientras intenta recolectar información desesperadamente. Se trata de un retrato de la paranoia y vigilancia estadounidenses encarnadas en este hombre inseguro y solitario, un relato muy oportuno considerando los tiempos particularmente paranoicos de la Guerra Fría. Más tarde, con Apocalipsis ahora (Apocalypse Now, 1979) retoma una gran novela, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y la traslada a la Guerra de Vietnam para representar los horrores de las acciones humanas. Estos retratos de las estructuras de poder en Estados Unidos hablan sobre las convicciones, las lealtades y los dilemas morales que estas lealtades conllevan, abordándolas como asuntos de gran complejidad.

 

5. Sidney Lumet

Tarde de perros (Dog Day Afternoon, 1975)

Tenemos que hacer una pausa entre los cineastas revelación para recordar el trabajo del veterano Sidney Lumet. Gran director de actores interesado en los momentos en que lo público y lo privado se encuentran y rompen su separación asumida, pero también maestro de los géneros, a menudo es olvidado, por su lado pop, en los recuentos de cine estadounidense. En los 70 dirigió al menos tres obras maestras: Serpico (1973), sobre un policía (Al Pacino) encubierto durante 12 años para realizar una investigación sobre corrupción; Tarde de perros (Dog Day Afternoon, 1975), donde Sonny Wortzik (Pacino también) sale del clóset asaltando un banco para pagar la operación de cambio de sexo de Leon Shermer (Chris Sarandon), su “esposa”; y Poder que mata (Network, 1976), dedicada a los actos desesperados para conseguir mejores ratings en las cadenas de televisión. Además vale la pena detenerse en su documental sobre Martin Luther King: King: A Filmed Record… Montgomery to Memphis, de 1970.

 

6. Terrence Malick

Días de gloria (Days of Heaven, 1978)

Con apenas dos películas en la década, Malas tierras (Badlands, 1973) y Días de gloria (Days of Heaven, 1978), Terrence Malick se situó no sólo como uno de los grandes directores jóvenes de Estados Unidos sino también se convirtió en una leyenda tras dejar el cine por décadas. Con sus dos películas de fugitivos en busca de un lugar utópico, construidas con imágenes inconexas y un narrador que reflexiona desde su experiencia tanto sobre lo que acontece en pantalla como sobre el sentido de las cosas logró lo que muy pocos: plantear una mirada fílmica totalmente original. Malick, antes de hacer cine estudió filosofía en Harvard (maestría summa cum laude) y Oxford (doctorado trunco) y se especializó en Martin Heidegger, a quien incluso tradujo. ¿Su idea, compleja y profunda del cine, es un resultado de su formación? ¿Una negación? ¿Una negociación?

 

7. Martin Scorsese

Calles peligrosas (Mean Streets, 1973)

Los setenta fueron la primera gran década de Martin Scorsese, quien se convirtió en un favorito de la crítica a partir de Calles peligrosas (Mean Streets, 1973). Con una mirada que desde entonces mostraba estar influenciada por su catolicismo –Charlie (Harvey Keitel) se define en gran medida por sus sentimientos de culpa–, esta película fue un parteaguas al jugar con las formas y las convenciones de los géneros. En esta historia vemos el mundo violento de la mafia italoneoyorkina a través de Charlie y Johnny Boy (Robert De Niro). Desde aquí, además de su interés también católico por los marginados, se traza ya con claridad su pasión por la cuidad de Nueva York y por la cultura italoestadounidense, retratada también en el documental Italianamerican (1974), donde sus padres, inmigrantes sicilianos, son los personajes. Su primer periodo se redondea con su impresionante colaboración con Robert De Niro en Taxi Driver (1976) y Toro salvaje (Raging Bull, 1980), caídas con un profundo componente psicológico de un veterano de Vietnam y del boxeador Jake LaMotta. En este periodo Scorsese también filmó el primero de sus grandes documentales sobre rock, El último vals (The Last Waltz, 1978), donde registra la despedida del grupo canadiense The Band.

 

Agradecemos a César Albarrán Torres su asesoría y colaboración en esta serie.