Cine de todos, cine de cualquiera

Cine de todos, cine de cualquiera

Por | 5 de enero de 2016

El 28 de diciembre pasado The Guardian difundió un video de dos minutos y medio en el que se reúne una serie de fragmentos de videos virales que tituló “2015: The Year in Viral Videos”. ¿Cuáles alcanzaron a ver?:

No es menor que un medio con más de nueve millones de lectores en línea, retome estos videos como recuento noticioso del año y les dé nueva vida, aún cuando su recopilación no conlleve ninguna reflexión ni nota editorial; lo que tampoco es menor: no necesitan presentarse porque todos los lectores –en sentido hermenéutico– sabemos relacionarnos con el contenido, en gran medida porque todos somos potenciales generadores de videos virales.

Las historia comenzada con el doble nacimiento de la cinta super 8 mm y las cámaras de video portátiles (ambas cosas lanzadas al público en 1965) ha desembocado en nuestros celulares. Antes que una historia tecnológica –si demasiados procedimientos técnicos sirven exactamente para lo mismo se enfatiza su instrumentalidad, es decir, que no son fines en sí mismos– se trata de la historia de una posibilidad, la de expresarse por medio de imágenes en movimiento. El asunto es mayor y coincidente con la posibilidad prácticamente generalizada de hacer fotografías: materias expresivas que hasta hace muy poco estaban al alcance de sólo unos pocos ahora pueden ser utilizadas por cualquiera. En palabras más académicas, el asunto en juego es la alfabetización visual–un término que rezuma torpeza porque a) la alfabetización “tradicional” ya es visual y b) no estamos hablando de letras, pero para el que aún no hay una expresión mejor*–, es decir, la capacidad de expresarse con imágenes (fijas o móviles) y de poder leerlas.

La capacidad, hasta cierto punto, es innata, a diferencia de la escritura alfabética. Comienza con los rayones que los niños de año y medio o dos años hacen en cuanto tienen un lápiz y un papel a la mano y puede alcanzar gran complejidad expresiva o conceptual, por supuesto, de un orden distinto al argumental. En términos cinematográficos están las elecciones de encuadre, de movimiento o fijeza del celular, etc. Hay un encuentro entre nuestras propias aptitudes y lo que hemos aprendido frente al televisor y la computadora o en las salas de cine. Mucho más radicalmente que con respecto a la fotografía, popularizada antes, con los nuevos celulares cualquiera tiene las herramientas para expresarse por medio de imágenes en movimiento. Esto encadenado a las redes sociales conlleva también que cualquiera inscrito a ellas pueda asimismo hacer públicos los cortometrajes que le parezcan más interesantes. De algún modo, los celulares son diarios o cuadernos de apuntes de imágenes y las redes sociales los espacios donde tiene salida lo más relevante de lo registrado.

¿Todo esto a raíz de videos banales? Sí. Obviamente una cosa es el problema o la posibilidad en la que están insertos y otra su relevancia o su calidad.


* El término es la traducción de visual literacy, que implica una problemática similar, incluso si neceando etimológicamente literacy se tradujera como literaturidad.


Abel Muñoz Hénonin escribe Japón, la columna en línea sobre cine mexicano de Código, e imparte clases de investigación y cine en la Universidad Iberoamericana. Coordinó junto con Claudia Curiel los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014).