Un repaso de 2016 y 2017

Un repaso de 2016 y 2017

Por | 9 enero 2018

Tenemos un problema con las listas de lo mejor de cada año; básicamente porque es imposible definir qué es lo mejor. ¿Sólo películas de autor? ¿Sólo películas exhibidas en salas? ¿Sólo películas o también series, videos…? Este tipo de preguntas nos llevó a no publicar nada el año pasado. Este año, en un ejercicio quizá excesivo, hemos querido remendar esa laguna a sabiendas de que, en realidad, no se puede hacer esta selección, de que lo mejor que podemos hacer es apuntar hacia ciertos trabajos que nos parecen provocadores. Pero intentando no hacer una ejercicio canónico dejamos cuatro selecciones separadas; coinciden en algunos puntos, pero también corresponden a diferentes sensibilidades y concepciones de las imágenes en movimiento. Esperamos que los inviten buscar alguna pieza que no conozcan…

 

Fernando Mino

2016

  • El demonio neón (The Neon Demon, Nicolas Winding Refn, 2016). Una sensual y visualmente deslumbrante reflexión sobre la inocencia y la belleza.
  • El renacido (The Revenant, Alejandro González Iñárritu, 2015). La obsesiva grandilocuencia de González Iñárritu encuentra por una vez un tema que amerita desbordado estilismo.
  • Aquarius (Kleber Mendonça Filho, 2016). La poderosa Sonia Braga personifica la indomeñable dignidad frente al avance de la corrupción y el cinismo en esta minimalista parábola del Brasil contemporáneo.
  • Taxi Teherán (Taxi, Jafar Panahi, 2015). Otro pertinente acercamiento de Panahi a las contradicciones en un Irán que se debate entre la modernidad y la censura dictatorial, en este caso volcada contra su oficio de cineasta.
  • Te prometo anarquía (Julio Hernández Cordón, 2015). Un interesante diálogo intergenérico entre el drama gay y el thriller policiaco, amalgamado por la búsqueda existencial, tema ya tradicional del cine mexicano contemporáneo.
  • La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016). Elaborada cinta de ciencia ficción de bien logrados alcances metafísicos gracias a la elaborada puesta en escena de Villeneuve.
  • Levantamuertos (Miguel Núñez, 2013). Divertida comedia negra, fresca en su reproducción del espíritu regional (se filmó en Mexicali) y libre de toda pretensión.
  • Los pensamientos que una vez tuvimos (The Thoughts That Once We Had, Thom Andersen, 2015). Documental de montaje que repasa la evolución del lenguaje cinematográfico, a partir de reflexiones de Gilles Deleuze, guiando en un rítmico vaivén entre autores y corrientes fundamentales.
  • Bellas de noche (María José Cuevas, 2016). Nostálgico pero devastador documental sobre los efectos del tiempo en varias de las vedettes más emblemáticas de la farándula de los años setenta y ochenta.
  • House of Cards (Beau Willimon, 2013 a la fecha). Caída en desgracia por la ola de corrección política del fin de 2017, este delirante melodrama político ha derribado, precisamente, las puritanas barreras de protección construidas por décadas en torno a la presidencia de Estados Unidos. La era Trump, hay que reconocerlo, la ha rebasado.
  • Stranger Thing(Matt y Ross Duffer, 2016 a la fecha). Un grupo de niños se enfrenta a un monstruo subterráneo creado artificialmente por una agencia gubernamental. El éxito de este pastiche de culto representa la canonización de la nostalgia como signo de esta época.

2017

  • Tempestad (Tatiana Huezo, 2016). Este bello y estremecedor documental sobre la crisis de violencia en México es quizá la mejor síntesis de una década de terror; un sutil conjunto de testimonios que resuman humanidad y permiten palpar la magnitud de nuestra catástrofe nacional.
  • Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Otra secuela tardía, en este caso del clásico de 1982, que recupera el relato distópico en el que Rick Deckard es un cazador de androides, finalmente seducido por uno de ellos. La suntuosa puesta en escena de Villeneuve consigue trascender la mera copia y aportar nuevos elementos a lo que ya es una mitología posmoderna.
  • Trainspotting 2: La vida en el abismo (T2: Trainspotting, Danny Boyle, 2017). Casi unánimemente despreciada, esta tardía secuela de la película de culto de 1996 es un rudo diagnóstico de la gentrificación y la confirmación del sinsentido existencial para toda una generación.
  • Animal vertical (Rester vertical, Alain Guiraudie, 2016). Intenso y a ratos enigmático drama en plan de parábola sobre la incapacidad de madurar.
  • The Meyerowitz Stories (New and Selected) (Noah Baumbach, 2017). Una aguda tragicomedia sobre el ajuste de cuentas entre un anciano artista megalómano y sus tres traumados hijos.
  • Okja (Bong Joon-ho, 2017). Híbrido intergenérico, interracial y new age que deviene denuncia del maltrato animal y nuestras formas de consumo. Visualmente impecable y con ritmo notable.
  • Batallas íntimas (Lucía Gajá, 2016). Un poderoso testimonio coral sobre los efectos de la violencia doméstica y el coraje de superarlo.
  • Verónica (Carlos Algara y Alejandro Martínez-Beltrán, 2017). Redonda exploración genérica al más clásico estilo, blanco y negro incluido. Naíf y básica, pero efectiva en su intención de contar un thriller psicológico.
  • Mindhunter (David Fincher, 2017…). De nuevo, una inmersión en el pasado para tratar de desentrañar la fascinación colectiva por los asesinos seriales.

Abel Muñoz Hénonin

2016 

  • Nuestra pequeña hermana (Umimachi diary, 2015), de Hirokazu Koreeda, en japonés se llama algo tipo Diario de la costa, un título que le hace justicia a una película hermosa, dedicada al paso del tiempo, al amor fraterno y filial y a la memoria. Con lo poco que se conoce de Koreeda en México, parece que esta obra amplía los alcances de sus preocupaciones familiares para acercarse más que nunca a Yasujirō Ozu.
  • El abrazo de la serpiente (2016) es una película extraordinaria que se ocupa de los dos encuentros que el shamán ermitaño Karamakate tuvo con dos exploradores, Theodor Koch-Grünberg y Richard Evans Schultes. Con influencias de Jarmusch, Tarkovski y Kubrick, pero con una voz muy propia, Ciro Gómez (director y guionista) y Jacques Toulemonde Vidal (guionista) consiguen que los actores indígenas Nilbio Torres y Antonio Bolívar desde su diferencia se conviertan en un espejo que cuestiona al espectador occidental.
  • Jafar Panahi volvió a grabar una pieza excepcional: Taxi Teherán. Conduciendo un taxi y platicando con quienes se encuentra hace un diagnóstico profundo y crítico de la represión en Irán con la particularidad –cito a mi mujer– de que su protesta es digna y mesurada.
  • Con Route One (2016) Sigur Rós mundializó el invento noruego de la televisión lenta: una cámara montada en un coche o una camioneta salió de Reikiavik y recorrió la Carretera 1, que circunda la isla durante las 24 horas del solsticio de verano. Los paisajes islandeses, de por sí magnéticos, se convertían en una especie de mantra con una versión autogenerada de una pieza que aún no aparece en ningún disco, “Óveður” (“Tormenta”).
  • Este año cerró, al menos parcialmente, la inquietante serie de cortos británica Don’t Hug Me I’m Scared (Becky Sloan y Joseph Pelling, 2011-16), una especie de encuentro de Plaza Sésamo con el cine gore, pero con un toque psicodélico y continuas puestas en abismo que develan el aparato televisivo/fílmico, además de plantar pistas para que el espectador atento vaya armando una historia del poder que manipula mediante y detrás de la imagen.
  • Aunque The Mapping Journey Project (2008-11) es anterior lo conocí en 2016. Se trata de una obra muy sencilla: algunas personas cuentan su experiencia migrando hacia Europa, mientras trazan sus rutas en un mapa: vemos sus manos, un plumón y un mapa en narraciones que van desde lo neutro hasta la tragedia. Con esta especie de documental en ocho pantallas, la artista Bouchra Khalili logró un retrato preciso, amplio, profundo y sereno de las diásporas que caracterizan nuestro tiempo.
  • Los videos que los ciudadanos de Alepo subieron a redes sociales para dar cuenta de los últimos momentos de la rebelión en esa ciudad durante la guerra civil siria que sigue en pie aunque ya no tenga demasiada valía noticiosa, me impactaron profundamente. Personas comunes y corrientes daban cuenta de lo que los medios no podían o no querían, y uno no podía sino preguntarse si seguirían vivos mientras uno veía sus testimonios. Más allá de los creadores profesionales, este fue uno de los momentos más importantes en las imágenes en movimiento del año.
  • Como última nota del año quiero destacar dos producciones que recordaron la calidad que pueden tener los blockbusters estadounidenses en una época de producción demasiado estandarizada bajo el modelo Avengers: Stranger Things y Rogue OneUna historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story, Lucasfilm, 2016) recordaron que el espectáculo también puede tener tramas complejas e incluso dolorosas, que puede estar lleno de sentido. Aparte de eso Rogue One es la mejor película de Vietnam en años.

2017

No todos los años hay películas únicas y este año vi tres –obviamente notables además de originales:

  • Cuando oscurezca (Dao khanong, 2016), de Anocha Suwichakornpong, donde la directora pasa de personaje a personaje y de paisajes rurales a citadinos aparentemente sin otro orden que no sea el poético, además de jugar con pietaje de archivo, distorsiones de la imagen y cortes… Pero en el fondo hay un personaje que se repite, el eje real de la película, una mujer que trabajadora y por eso casi invisible, también para la audiencia.
  • Luk’luk’i (2017), de Wayne Wapeemukwa y cinco actores y no actores que trabajaron el guión en taller con él, es un relato coral de los bajos de Vancouver que viaja de un estilo a otro y roza lo anarrativo sin llegar a ello. También es una obra muy contenida en tanto que siempre podría llegar a la sordidez pero se detiene su umbral.
  • Columbus (2017), de Kogonada. Una casi no historia que se vale de algunos de los edificios más icónicos del modernismo estadounidense para desplazar la figura humana a los rincones. Es una mirada oriental sobre occidente y situada en Estados Unidos, país que se descoloca y parece un espacio donde se lee el Tao y donde florecerán los cerezos en la primavera.

Entre las películas “normales” me parecieron notables:

  • Paterson (2016), que muy probablemente sea la mejor película en la carrera de Jim Jarmusch. En su segunda pieza sobre la belleza un personaje (Paterson) recorre un pueblo-ciudad (Paterson) manejando un autobús y siempre consciente de que ahí se escribió uno de los poemas más importantes de la historia (Paterson, de William Carlos Williams). Pero el poema clave es “This Is Just to Say”, donde se pone atención en unas ciruelas, aunque podría tratarse de una arruga, un rayo de luz, un sonido…
  • Tatiana Huezo alcanzó la total madurez creativa en Tempestad, documental poético que narra historias tremendas en contraste con personas y paisajes de plasticidad calma. Huezo ha sido muy sensible al remitir a una especie de silencio formal que refleja un respeto profundo por las personas que le confiaron sus historias y por todas las víctimas de la violencia en México.
  • Blade Runner 2049 Denis Villeneuve y Roger Deakins configuraron algunas de las imágenes más impresionantes de la historia del cine, al servicio del verdadero autor de este díptico, Hampton Francher, quien comenzó a preguntarse qué es lo humano, maravillado por Philip K. Dick a principios de los 70, y que ahora, casi octagenario, actualiza su reflexión y parece concluir que lo humano es la imbecilidad.
  • Manchester frente al mar (Manchester by the Sea, Kenneth Lonergan, 2016) es una obra mayor del cine estadounidense; una película como de otro tiempo, basada en un guión y una actuación directos, que revolotean alrededor de un asunto importante y casi no tratado en el cine de ficción: que algunas experiencias simplemente no se pueden superar.
  • Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake, Ken Loach, 2016) me partió el corazón más que por su historia trágica por su reflejo de los trabajadores sin derechos en los que nos hemos convertido. Vaya, se trata del fracaso, según parece definitivo, del proyecto político de la izquierda. Yo, Daniel… no se acaba aquí, requiere ser rumiada.
  • David Fincher parece haber estado persiguiendo toda su vida escribir una novela y esa novela es Mindhunter, donde su búsqueda autoral alcanza su límite más alto al diseccionar a través del diálogo la psique de los asesinos seriales estudiados durante una investigación científica-criminalística.

Ana Laura Pérez Flores

2016

  • Tempestad. Retratar el dolor de un México fracturado a través de sus caminos ha sido uno de los grandes aciertos de Tatiana Huezo. Además de tener un trabajo fotográfico ejecutado de manera impecable con propuestas muy interesantes de encuadre y una de las mejores tomas que hemos visto en documentales en años –la del cenote y la silueta de una mujer a contraluz–, la voz en off pone en evidencia el trabajo minucioso e íntimo que realizó la cineasta para conocer a sus personajes. Una manera desgarradora de retratar la violencia atravesando un país en ruinas habitado por las víctimas.
  • Route One. Sigur Rós transmitió en vivo por YouTube un recorrido por la costa de Islandia musicalizado por una base creada con ellos y las variantes impulsadas por el trabajo del motor. Más allá del experimento técnico, lo interesante de este evento me parece la manera en que tira hacia el lado opuesto de la tendencia vertiginosa de las imágenes hoy.
  • Lazarus (2016). David Bowie dejó una despedida encriptada que sólo necesitaba la noticia de su muerte para adquirir todo el sentido. Este video lleno de símbolos, con un Bowie convaleciente sigue siendo estremecedor incluso dos años después de que lo vimos por primera vez: un producto audiovisual cuyo eco permanece.
  • Bellas de noche. La reinvindicación de la belleza y la feminidad en un mundo que no tolera ver a sus mujeres –ni a sus ídolos– envejecer le da una fuerza tremenda a Bellas de noche. María José Cuevas retrata a las mujeres que protagonizan su película con respeto y confianza. Un documental digno y entrañable que orilla al espectador a salirse de su zona de confort para pensar el tiempo, la sexualidad y el deseo más allá de lo acostumbrado.

2017

  • Kaili Blues: Canción del recuerdo (Lu bian ye can, 2015). Bi Gan, poeta han, hizo una película que parece una carta de amor al cine, la poesía, la memoria y el tiempo. Con una sensación onírica de principio a fin, Kaili Blues es sorprendentemente bella, conmovedora y honesta.
  • Crazy Ex-Girlfriend (Rachel Bloom y Aline Brosh McKenna, 2015 a la fecha). Una comedia romántica musical que derrumba el mundo de las comedias románticas y los musicales desde adentro. En 2017 se lanzó la tercera de cuatro temporadas, con episodios cada vez más brillantes y paradójicamente oscuros que se adentran en los territorios de las enfermedades mentales y la toxicidad del amor romántico idealizado. Una serie que provoca carcajadas e incomodidad por igual.
  • Cuphead (Chad y Jared Moldenhauer, 2017). En tiempos donde los efectos visuales y los gráficos parecen primordiales en el mundo de los videojuegos, Cuphead se va hacia el lado opuesto con una especie de hechura artesanal: animación tradicional al estilo de los años 30 y música a cargo de Kristofer Maddigan. Dos tacitas están tratando de recuperar sus almas que una de ellas perdió en una apuesta contra el diablo. Emocionante, vertiginoso y, ante todo, impresionante visualmente en cada uno de sus niveles.
  • James Corden. El cómico James Corden comenzó a volverse popular en internet gracias a la sección “Carpool Karaoke” de su programa, pero en realidad esto es sólo un fragmento de la genialidad que ha manifestado. Entre las muchas cosas que ha hecho destacan un Tinder en la vida real –una especie de juego frente a las cámaras que intenta replicar las dinámicas de la aplicación–, y la recreación de escenas de películas en el espacio público como La bella y la bestia –donde Corden fue Bella– actuada en los altos de un semáforo, y Thor: Ragnarok en una sala de cine –donde además se burla de la figura del artista visionario y de los avances tecnológicos.
  • Trap de las meninas (PlayGround Fire y Christian Flores). Sí, este video se volvió viral porque es simpatiquísimo, pero también es un gran logro de montaje y edición que, a partir de una imagen fija, desarrolla toda una historia. El manejo de las miradas de los personajes, los diálogos y el desenvolvimiento de la narración son un ejercicio muy interesante que, además, juega con lo sagrado del arte para lograr algo deliciosamente irreverente.

Israel Ruiz Arreola

2016

  • La La Land: Una historia de amor (La La Land, Damien Chazelle). Hacer un musical en pleno siglo XXI no es tarea fácil, y más si pretende hablar del amor. Pero La La Land logró evocar el resplandor que tuvo el género en su época dorada, cuando Gene Kelly traducía en pases de baile emociones como la felicidad de sentirse enamorado, y de paso contar una historia de amor en sintonía con nuestros tiempos. Si bien los protagonistas (Ryan Gosling y Emma Stone) no tienen la destreza rítmica de titanes como Kelly ni voces envidiables, la cinta logra amalgamar la música y las coreografías en una cinta-homenaje no sólo a los musicales, si no al cine mismo como creador de fantasías. Sin embargo, la película trasciende el tributo y el romanticismo para recordarnos que el amor, para lograr ser, también implica separarse de la persona amada.
  • Un cadáver para sobrevivir (Swiss Army Man, Dan Kwan y Daniel Scheinert, 2016). Los monstruos suelen considerarse metáforas de los terrores que atormentaban al ser humano, pero actualmente estamos ante una serie de cintas donde la “criatura” es más bien un aliado que ayuda a la transformación del individuo. Al zombi ya no se le huye, ahora es un compadre que nos recuerda esa sensación rara y escurridiza a la que llaman “sentirse vivo”. Daniel Radcliffe es un cadáver pedorro (literalmente) con capacidades extraordinarias como sacar agua por su boca, que ayuda a Paul Dano a superar su crisis personal, en esta cinta que brilla por un guion disparatado que mezcla fantasía, existencialismo y humor en un buddy film fuera de serie.
  • A New Beginning (2016). La primera experiencia de ver una película de terror es capturada en el video musical de la canción “A New Beginning” del cantante Jon Lajoie. La videocasetera, la película ochentera, los adolescentes calenturientos, el asesino enmascarado y los gritos inútiles conforman la ecuación de esa sensación nueva y extraña, una mezcla de miedo y placer, que nacía al ver en la televisión las primeras masacres de Jason o Freddy Krueger. Después de nuestra primera vez, todo cambia: nos enamoramos del cine «mientras él asesinaba».
  • Gravity Falls (Alex Hirsch, 2012-16). En el 2016 concluyó la serie animada protagonizada por los mellizos Dipper y Mabel Pines. En el enlace, está mi crítica de la serie.
  • La vida de Calabacín (2016). La opera prima del director suizo Claude Barras aborda el tema de la orfandad para contar la historia de Calabacín, un niño que después de matar accidentalmente a su madre alcohólica, es enviado a un orfanato. Las cicatrices, los traumas y la tristeza están presentes con toda la aspereza que tienen fuera de la pantalla; las risas, la imaginación desbordante y el gozo visual propios de una película de animación tampoco faltan. Se trata de un acercamiento sin miedo a mostrar las crueles secuelas de un problema social que tampoco reniega del optimismo al final del camino.
  • Anomalisa (2015). En la que posiblemente sea su historia más accesible pero no por ello menos excéntrica, el director y guionista Charlie Kaufman incursionó en el cine de animación con esta película que sigue su línea temática con conceptos como el aislamiento, las relaciones humanas y la incapacidad de alcanzar el amor. Es la adaptación de una pieza teatral sonora escrita por Kaufman, la cual dejó momentos memorables como aquella escena del encuentro sexual entre los dos protagonistas, quienes aun siendo marionetas transmiten más erotismo y honestidad que muchos actores de carne y hueso.
  • El abrazo de la serpiente. Como lo había hecho en su largometraje anterior, Los viajes del viento (2009), el director colombiano Ciro Guerra retoma el misticismo que envuelve las raíces de la cultura de su país para confeccionar una especie de cuento de época que narra la experiencia de los primeros exploradores que recorrieron la Amazonía colombiana. El pasado y el presente transitan de forma paralela mientras los científicos extranjeros y chamanes amazónicos aprenden el uno del otro en un viaje de proporciones espirituales.

2017

  • La libertad del diablo. Risas, gritos de susto, quejidos de asco y hasta bostezos son fáciles de provocar dentro de una sala de cine, pero el silencio total es una de las reacciones más difíciles de conseguir entre los espectadores. La libertad del diablo consigue tal efecto. El documental de Everardo González pone el dedo sobre la llaga que ha dejado la guerra contra el narcotráfico en México a partir de una serie de testimonios de ambos lados del conflicto: víctimas y victimarios. La decisión formal de ocultar el rostro de los entrevistados, no hace sino evidenciar en lo que nos hemos convertido: un país sin rostro, donde no hay personas, sólo carne descomponiéndose. Mientras ellos hablan, el silencio se apodera de la sala.
  • El sacrificio del ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017). Siguiendo la escuela de Luis Buñuel, pocos cineastas consiguen construir un universo de lógica surrealista que se rija orgánicamente bajo sus propias leyes, como el griego Giorgos Lánthimos. Su más reciente largometraje, The Killing of a Sacred Deer, reinterpreta el mito de Ifigenia en Áulide en una anécdota donde un cirujano tiene que elegir entre cometer un sacrificio familiar o arriesgarse a perderlo todo. Las convenciones (narrativas y morales) se desmoronan para dejar paso a un aturdimiento de la razón.
  • Good Time: Viviendo al límite (Good Time, Josh y Benny Safdie, 2017). Si algo destaca al tercer largometraje de los hermanos Safdie es un ritmo trepidante que parece nunca cesar, por un Robert Pattinson en un papel radicalmente alejado de la palidez vampírica que alguna vez lo caracterizó y una banda sonora densa al ritmo de agresivos beats electrónicos. Pocas veces se puede ver la mugre que rodea las zonas bonitas de Estados Unidos con un realismo exaltado, pero no sin cierta decadencia seductora.
  • Truth (2017). Video musical (o tal vez sería mejor decir cortometraje) de uno de los temas que componen Harmony of Difference, el EP del jazzista Kamasi Washington. Dirigido por Ag Rojas, el video está compuesto por una larga colección de viñetas que capturan con un lirismo excepcional una diversidad de rostros, cuerpos y momentos flotando a través del universo. Entre ellas hay un intermedio de cuatro minutos de duración que recrea la fotografía Ellington Session Break (1954) de Roy DeCarava, el cual, mediante un progresivo dolly in y un hipnótico saxofón, nos sumerge en una especie de trance meditativo.
  • Rick y Morty (Rick and Morty, Justin Roiland y Dan Harmon, 2013 a la fecha). La tercera tanda de episodios sobre las aventuras del científico borracho favorito de todos y su nieto alcanzó nuevos niveles de sofisticación. Rick transformándose a sí mismo en un pepinillo, los duelos de Beth y Jerry tras su divorcio, un Morty desintoxicado de su cobardía y baja autoestima, y Summer enamorándose del líder de un grupo de carroñeros tipo Mad Max son algunas de las ideas disparatadas que debajo esconden ideas profundas sobre crisis personales, el establishment estadounidense, problemas de identidad, etc.
  • Idea Channel. Este año concluyeron las emisiones de Idea Channel, canal de YouTube dedicado al análisis de productos culturales (cine, videojuegos, memes, tecnología, cómics y un largo etc.) a través de hipótesis que podrían sonar ridículas, pero argumentalmente son muy atinadas. Los últimos tres temas sobre los que trabajaron (“¿Qué son las ideas y quién puede tenerlas?”, “Una defensa para sobrepensar la cultura pop” y “Pensando con otros”) resumen la esencia y propósito de cada uno de sus videos y del canal en general: invitar a pensar lo que se consume culturalmente.
  • Master of Non(Aziz Ansari, 2015 a la fecha). La segunda temporada de la serie de Netflix sobre un actor indio en la ciudad de Nueva York, consiguió mantener su esencia cómica y además profundizar aun más en la cotidianidad y actualidad de temas como la familia, la religión y el amor en tiempos de Tinder. El humor de Aziz Ansari (heredero de la autocrítica de Woody Allen), se centró en esta ocasión en hacer un homenaje a la cultura italiana que inicia con su viaje a aquel país, su romance con una chica italiana y referencias al cine de Vittorio De Sica, la música de Morricone y el italodisco. Es curioso que los mejores dos episodios de la temporada no estén centrados en el protagonista: “New York, I Love You” describe en un día la vida de un portero, una chica sordomuda y un taxista, con el trasfondo del estreno de una película; y “Thanksgiving” donde se narra la evolución de cómo es recibido el lesbianismo del personaje de Dennis por parte de su familia, retratado a través de diferentes celebraciones del Día Acción de Gracias en diferentes años (de 1995 a 2017).
  • Blade Runner 2049. Hacer una secuela de uno de los clásicos de ciencia ficción más alabados por crítica y público era una misión casi suicida. Pero el director Denis Villeneuve consiguió crear otra obra de culto que plantea nuevos cuestionamientos sobre la naturaleza humana, respetando el legado creado por Ridley Scott.
  • Una historia de fantasmas (A Ghost Story, 2017). ¿Qué es un fantasma? Una posible respuesta es la del crítico Miguel Muñoz Garnica: «una memoria sin dueño. Una presencia del ausente y su afán hecho energía por no dejar atrás lo amado en vida». Éste es el punto de partida del reciente largometraje de David Lowery, en la que el ícono por antonomasia, una sábana con dos hoyos, sirve como dispositivo para reflexionar sobre el concepto a partir de la anécdota de un romance interrumpido por la muerte. El tiempo, la memoria, la existencia son algunos de los temas que esta película logra abordar dentro de una narración sencilla, pero de gran alcance filosófico.
  • Logan (2017). La mejor película de superhéroes del año narra la última aventura de uno los personajes trasladados del cómic que más tradición cinematográfica ha dejado a su paso. El héroe de las garras de Adamantium se enfrenta a su propia mortalidad en una especie de western crepuscular que supo concluir dignamente la historia del personaje, con las dosis correctas de acción, violencia y un discurso que se presta a las metáforas sobre la condición de los migrantes en Estados Unidos.