Cannes contra Netflix (y lo que hay detr

Cannes contra Netflix (y lo que hay detrás, o debajo)

Por | 24 de Mayo de 2017

Okja (Bong Joon-ho, 2017)

En este momento ya es muy evidente la tremenda estupidez que significa la declaratoria oficial del Festival de Cannes recriminando a Netflix no estrenar en las salas francesas y negándose a aceptar películas posteriores de la plataforma/productora a partir del año próximo. No creo que valga la pena detenerse demasiado en el asunto. Mejor voy a reproducir dos opiniones breves que me parecen muy acertadas:

Con esos dos comentarios todo está dicho.

Por no dejar y porque aquí es donde se puede empezar a hilar fino, voy a citar una frase de Pedro Almodóvar, con la que hizo titular en El País: «Me parece una enorme paradoja premiar un filme que no pueda verse en una sala». Lo primero que yo le preguntaría a don Pedro es, ¿cuántas de las últimas películas que vio las vio en Netflix? Inmediatamente después le preguntaría, ¿qué tan sustancial ha sido su uso del VHS, el DVD, el Blu-ray, hasta el Laser-Disc, entrados en gastos, en su historia personal con el cine? Y ya, sólo por joder, le preguntaría si nunca le tocó un DVD dañado o un VHS con la imagen sucia. O si nunca le tocó que se quemara un fragmento de película mientras se proyectara o si nunca le tocó ver una película rayada. Okja (2017), de Bong Joon-ho tuvo problemas de proyección como cientos de miles de proyecciones previas en otros formatos. Además la historia del cine se salió de las salas, por hacer una cuenta modesta –donde me salto formatos como el 8 y el 16mm–, desde la década de 1970.

El problema es otro en realidad. Se llama statu quo.

Me temo que Almodóvar tiene una idea de cine que no corresponde con su complejización y replanteamiento en el presente y que las cabezas del festival coinciden con él. Se sabe que en parte la Federación Nacional de los Cines Franceses está presionando al festival con que no programe películas que no entren a salas. Está defendiendo sus intereses. Está bien. Pero, entonces, ¿está también comprometida con que todas las películas que participan en el festival se proyecten en Francia? No creo. De hecho haciendo una investigación muy rápida se puede comprobar que, a lo largo de los años, no todas las películas de la Selección Oficial se han programado en salas francesas, por decir lo más notorio. Y obvio. Netflix es un problema en muchos sentidos, pero en este caso parece un chivo expiatorio.

Todo lo anterior remite a dos problemáticas más amplias: la del arte como un ámbito institucionalizado y la del escándalo anual necesario para Cannes.

La primera es muy interesante y apenas voy a tener espacio para esbozarla. En general el arte es un ámbito cerrado, parcialmente cerrado, que se imagina como un ámbito totalmente abierto. Por ejemplo, el Festival de Cannes se considera totalmente accesible para todo tipo de propuestas estéticas, pero ha sido muy reacio a salir de la lógica del largometraje-fotográfico-como-cine, incluso si siempre ha programado cortos y si en algunas ocasiones ha programado, como para no dejar, cintas animadas. Este año si bien en su lado modernizador ha programado series, su lado conservador dio la nota. El conservadurismo es un tema muy poco explorado en el pensamiento. Seguro en parte porque todos pensamos que no lo somos. Como sea es una fuerza potentísima que mueve montañas, como ha estudiado Mark Lilla.[1] En este caso los conservadores han mantenido vivo un modo de exhibir. Cosa que no está del todo mal. Hay que mantener las salas fílmicas vivas. (¿Ya ven cómo todos tenemos algo de conservadores sin notarlo?)

Por otro lado a Cannes le vino de perlas este escandalito. ¿Se han fijado que cada año hay algo? En 2015 no dejaron entrar a una función a las mujeres que no llevaban tacones; este año Netflix; otros años alguna declaración imbécil de Lars von Trier buscando escandalizar a quien se deje escandalizar, o sea, a la prensa. A veces da la impresión de que el equipo de comunicación del festival está buscando el escándalo del año para dar la nota del año. Y eso, queridos lectores, es una lógica del espectáculo. Cannes no es un festival de cine sino el primer blockbuster del verano. O bueno: Cannes es un festival de cine que es el primer blockbuster del verano. Donde se se pone más atención a los escotes y las fiestas que al cine. Esta también es una estrategia para mantener las cosas tal y como están, con el festival como centro gravitacional y paradigma de todo el circuito. Y todos los medios jugamos su jueguito.


[1] Ver Mark Lilla, The Shipwrecked Mind: On Political Reaction, The New York Review of Books, Nueva York, 2016.


Abel Muñoz Hénonin edita Icónica e imparte clases en la Universidad Iberoamericana y en la Escuela Superior de Cine. Coordinó junto con Claudia Curiel los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014). @eltalabel