Buscando a Dory

Buscando a Dory

Por | 28 de julio de 2016

La reciente proliferación de segundas, terceras y hasta cuartas partes de las producciones de Pixar no tiene nada de raro, ni tampoco es síntoma de una crisis creativa. Son decisiones del estudio que, algunas veces, el público termina por recibir con agrado. Además, un argumento original no es garantía de una buena y entrañable película. Ahí está el ejemplo de Un gran dinosaurio (The Good Dinosaur, 2015). Entonces, que en los próximos años exista una racha de secuelas por estrenarse (Los Increíbles 2, Toy Story 4, Cars 3) no es preocupante siempre y cuando las películas se caractericen por la consistencia formal a la que nos tienen acostumbrados.

Hasta este momento, Pixar ha lanzado cinco secuelas de sus producciones anteriores: la segunda y tercera partes de Toy Story (1999 y 2010), Monsters University (2013), Cars 2 (2011) y la más reciente, Buscando a Dory (Finding Dory, 2016). Si nos ponemos a analizarlas encontraremos algunas similitudes entre ellas. Salvo por Toy Story, la cual ha construido una saga en torno al grupo de juguetes, las otras producciones han optado por enfocarse en desarrollar tramas propias para personajes secundarios. En el caso de la secuela de Cars, el protagonista fue la torpe y bien intencionada grúa, Matute. Aunque en su momento la taquilla haya dicho otra cosa, el resultado fue una efectiva historia de espionaje con sus dosis exactas de acción y comedia. Es verdad que no contaba con la profundidad de WALL·E (2008), pero por lo menos mantenía un constante ritmo de emoción. Por otro lado, la precuela de Monsters Inc. muestra el inicio de la relación entre Mike y Sullivan, siendo el primero el centro de atención. Desprendiéndose de la ternura que predominó en la primera película, sobre todo por la relación casi paternal entre Boo y Sulley, en Monsters University se da una importante lección de vida: el talento y las escuelas están sobrevaloradas; el trabajo dedicado es lo que forma a los profesionales.

Ya ahora llega Buscando a Dory. Su antecesora hizo de este pez un personaje entrañable por su mezcla de inocencia, torpeza y comicidad. Su característica principal, la falta de memoria a corto plazo, resultó efectiva en los momentos de humor convirtiéndola, irónicamente, en un personaje inolvidable. No es sorprendente que la película haya roto ya algunos récords de asistencia en su primera semana de estreno. En esta ocasión, la secuela gira en torno a la búsqueda de Dory para encontrar a su familia después de que, repentinamente, le llegan a la memoria recuerdos de su infancia. Así, la simpática pez cirujano emprenderá un viaje al Instituto de Biología Marina de California para reencontrarse con sus padres. Desafortunadamente, a diferencia de los ejemplos anteriormente mencionados, esta segunda parte no consigue encontrar un camino apropiado para el personaje principal.

En ambas películas el responsable del guión y la dirección fue Andrew Stanton. La concepción de la primera fue su experiencia al reconocerse como un padre sobreprotector, y Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003) lo refleja fielmente. En el caso de Buscando a Dory, el personaje no lo representaba a él ni a nadie de su equipo, así que el optar por encontrar sus orígenes parecía una buena opción. Como mencionábamos, Dory ya era un personaje bien definido y su distintivo problema de memoria era un recurso con mucho potencial. No se ignora que se trata de una película dirigida al público infantil, y reprocharle no haber atendido la parte filosófica de temas como la memoria y el recuerdo sería exagerado. Sin embargo, el resultado es una anécdota construida a base de demasiados flashbacks que llegan, así de repente, a medida que Dory avanza en su búsqueda; un recurso demasiado fácil, así como «seguir el camino de conchas para encontrar el camino de regreso a casa». Además, la cinta está poblada de personajes secundarios colocados muy forzadamente. Este último detalle no es nuevo, ni tiene por qué ser malo, la misma Dory era un vehículo para hacer avanzar la trama de Buscando a Nemo, pero ella lo hacía orgánicamente dada su personalidad y los acontecimientos más diversos de esa historia. Aquí tenemos tiburones ballena, leones marinos, aves extrañas y un pulpo, igual con un pasado desconocido, que no consiguen trascender más allá de su utilidad.

Lo que Buscando a Dory pretende es resaltar el valor y concepto de la familia, ya sea la natural (los padres de Dory) o la adoptada (Marlín y Nemo). El problema es que la falta de un vínculo tan íntimo y personal como el de su predecesora es muy evidente a pesar de las buenas intenciones. Al parecer, lo único que Pixar encontró en esta búsqueda es una película fácilmente olvidable.


Israel Ruiz Arreola es investigador de la Cineteca Nacional.