Bestiario

Bestiario

Por | 1 de Junio de 2012

Aún antes de su aprisionamiento material en antiquísimos zoológicos y cortes imperiales, el reino animal –por su caracterización aristotélica– fue sometido a la desbordante imaginería de hombres de todas las culturas. Sobre los muros de cuevas milenarias, la representación pictórica de la fauna de tiempos remotos y sus seres hoy extintos permanece invulnerable desde la quietud de sus misterios; en selvas de símbolos y circuitos míticos, aún sobre las modernas sociedades contemporáneas se percibe la influencia residual del tótem: desde la animalidad, un antídoto a nuestro desconcierto del mundo.

A lo largo de su poco más de una hora de duración, en Bestiario (Bestiaire, 2012) tratado cinematográfico del universo animal que una parte de nuestra especie ha reducido a la exhibición o el espectáculo, la cámara del realizador quebequés Denis Côté (Perth-Andover, Canadá, 1973) disecciona por igual a humanos y bestias en su interacción artificial. En el zoológico de Hemingford, Quebec, donde se desarrolla gran parte del documental, grupos humanos de niños y adultos boquiabiertos estudian el comportamiento de decenas de animales que a su vez les observan desde el cautiverio. Al mismo tiempo, en la intimidad de un taller de taxidermia, un meticuloso experto confecciona el cadáver de un ave hasta que, en su presentación final, dotada de una vida incierta, parece mirarnos a los ojos.

Sin diálogos, pero con una impresionante capa de voces silvestres en su banda sonora, la película deja en claro su vocación observacional desde los planos iniciales, en los que un grupo de estudiantes de dibujo aparece frente a la cámara mientras sus manos trazan las líneas de un conjunto de figuras disecadas que van tomando forma. Estas imágenes, retratadas a partir de la fotografía preciosista y geométrica del cinefotógrafo Vincent Biron (Pierreville, Canadá, 1984) , anuncian en una dosis elevada lo que quizás en su conjunto será apenas insinuado por la trama conceptual de Bestiario: nuestras inquietudes (destructivas) sobre el mundo animal hablan más acerca de nuestra propia fragilidad que de aquellos a quienes a través del cautiverio tratamos de comprender en vano.

 

Este texto se publicó originalmente en la primera etapa de Icónica (número 1, verano 2012, p. 61) y se reproduce con autorización de la Cineteca Nacional.


Gustavo E. Ramírez Carrasco estudió Antropología Social y se especializa en cine documental. Es redactor en el Departamento de Publicaciones y Medios de la Cineteca Nacional.