Alguien con una webcam ve un tráiler de

Alguien con una webcam ve un tráiler de Star Wars

Por | 6 de noviembre de 2015

Lo más extraño de los videos donde la gente graba sus reacciones a los tráilers del nuevo episodio de La guerra de las galaxias es que los demás los veamos. ¿Qué puede atraer de un gordo como salido de la tienda de cómics de Los Simpson (1989 a la fecha) que nos demuestra, junto con su erudición geek, su emoción desmesurada? Es decir, ¿para qué verlo a él, o a quien sea, en vez de volver a ver el promocional? Me temo que para sentirnos acompañados, para sentirnos una comunidad y poder aceptar que si nosotros nos atreviéramos también tendríamos un uniforme de Storm Trooper en el clóset.

En cierto sentido, estos videos caseros, de carácter testimonial, están emparentados con el que Bryce Williams grabó mientras mataba a otros dos periodistas o con los millones de fotos que millones de personas suben a sus redes sociales para dar cuenta de su vida cotidiana. Sólo que si el acto es similar en su exterioridad, como información subida a las redes sociales, también tiene especificidad, como documentales amateurs de aficionados al mundo de la Fuerza.

Pensemos en Han Solo. Sus apariciones en dos de los tres tráilers hechos públicos han sido destacadas. En el segundo aparece junto a Chewbacca, a quién le dice «Chewie—we’re home!» –algo tipo «Chewie… ¡ya regresamos!», antes que la traducción directa–; en el tercero, según parece, les dice a Rey y Finn, que todo lo que se contaba, se asume que en las películas anteriores, que para ellos son leyendas, es cierto. Pero, ¿los seis episodios anteriores de La guerra de las galaxias (1977-2005) son míticos sólo para los personajes del séptimo? Todos los tenemos la respuesta: claro que no. Sabemos que no pasó nada hace mucho, mucho tiempo en ninguna galaxia muy lejana, pero que sí pasó algo en el cine, frente a televisión, con nuestros juguetes, pósters y disfraces. La aparición del personaje es análoga a la de la Estrella de Belén: anuncia la Navidad. No la Navidad como Natividad sino como ese día en que no hay nada mejor que ser un niño. (¿A alguien se le habrá ocurrido esto al elegir la fecha de estreno?)

Lo que los fans más radicales e impúdicos de La guerra de las galaxias nos comparten está entre lo mejor de la infancia: la emoción de estar emocionado en estado puro, la emoción ante una promesa abierta. Es impresionante que tantas personas nos hayamos conectado de este modo –yo casi lloro cuando vi a Han Solo la primera vez, pero estaba en la oficina y mantuve la compostura con denuedo y templanza– incluso tras haber visto los tres “primeros” episodios de la saga (1999-2005), que fueron el desencanto encarnado. Uno siempre puede recibir como regalo navideño unos calcetines de rombos en vez del Halcón Milenario –de hecho, siempre es más probable que lleguen los calcetines– pero en este momento todas las posibilidades siguen abiertas.

Agradezco a Ricardo Cázares su ayuda para la selección de los videos.


Abel Muñoz Hénonin escribe Japón, la columna en línea sobre cine mexicano de Código, e imparte clases de investigación y cine en la Universidad Iberoamericana. Coordinó junto con Claudia Curiel los libros Reflexiones sobre cine mexicano contemporáneo: Ficción (2012) y Documental (2014).