5 momentos de Krzysztof Kieślowski

5 momentos de Krzysztof Kieślowski

Por | 18 Abril 2016

Su obra documental

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En ésta, la primera etapa de su trabajo, Krzysztof Kieślowski (Varsovia, 1941-1996) intenta poner en evidencia las injusticias del sistema comunista a través de filmes documentales que esquivan la censura. Por medio de estos trabajos, se manifiesta frente a la desigualdad y logra retratos humanos sensibles. De este periodo de su obra destacan Hospital (Szpital, 1977) y El punto de vista de un vigilante nocturno (Z punktu widzenia nocnego portiera, 1977), entre muchas otras.

Su primer acercamiento a la ficción

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En un punto de su trayectoria, el cineasta comenzó a cuestionar el carácter intrusivo del documental y, al considerarlo innecesario, decidió contratar actores para hablar sobre los mismos temas. Como observador, prefirió recrear las situaciones que entrometerse en la vida de quienes le permitían acercarse a su intimidad. De este periodo destaca La cicatriz (Blizna, 1976), filme que retrata la vida de Stefan Bednarz (Franciszek Pieczka), un funcionario exitoso del partido comunista quien, a pesar de aparentemente tenerlo todo, enfrenta una crisis personal durante la cual se enfrenta con la brecha entre el vacío del Partido y la simpleza de su vida familiar y cotidiana.

El decálogo (Dekalog, 1988)

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Ésta es la primera gran obra escrita por Kieślowski en colaboración con Krzysztof Piesiewicz, encuentro indispensable para entender el último periodo de realización del cineasta. En esta serie los mandamientos judeocristianos se emplean como pretexto para hablar sobre la sociedad contemporánea. Los guiones parten del desencuentro entre la tradición católica de Polonia y el comunismo para desembocar en una reflexión sobre lo humano en general. Esta colaboración involucra el interés moral de Piesiewicz (abogado católico y defensor de Solidarność) y el interés por los microuniversos de Kieślowski. Es en este punto donde los relatos del cineasta comienzan a involucrar imágenes poéticas que invitan al espectador a ejercer una lectura propia de su obra, por ejemplo, la abeja que sale de un frasco de mermelada en Decálogo dos (Dekalog, dwa, 1988).

La doble vida de Verónica (La double vie de Véronique, 1991)

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A través de la metáfora del doble, Kieślowski y Piesiewicz abordan las interrelaciones de dos mundos paralelos –que pueden leerse como el capitalismo y, el entonces desvaneciente, comunismo. La doble vida de Verónica es un filme poético más que narrativo, donde, por medio de las historias de dos mujeres con ligeras diferencias entre sus cotidianidades, los realizadores reflexionan sobre las cosas delicadas de la vida.

La trilogía de los colores (Trois couleurs: Bleu, Blanc, Rouge, 1993-94)

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Siguiendo la dinámica de El decálogo, esta trilogía parte de los tres valores representados por los colores de la bandera francesa -libertad, igualdad y fraternidad- para reflexionar sobre la Europa de los noventa. En Azul, la protagonista (Juliette Binoche) pierde a su familia en un accidente automovilístico y se ve obligada a reestructurar su vida de manera solitaria en relación con la libertad y la creación artística. La música de Zbigniew Preisner juega un papel muy importante en este relato. Blanco es una cinta de un humor poco accesible: narra la historia de un hombre que, después de ser abandonado por su pareja, decide volver a Polonia. Rojo trata sobre una joven estudiante que, tras salvar la vida de un perro, busca a su dueño y conoce a un juez que escucha las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Los planteamientos de los tres relatos desembocan en cuestionamientos sobre estos valores laicos.